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Cuento: El Cura Don Julián de Huergas, de Luis Lobo García
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Villarín



Registrado: 13 Abr 2007
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MensajePublicado: Sab Jun 28, 2008 1:06 pm    Título del mensaje: XIV. Amor platónico Responder citando

XIV. AMOR PLATÓNICO

Pasaron muchos días hasta Semana Santa; el Cura de Huergas ayudaría a las confesiones del Arciprestazgo de La Pola de Gordón, por lo que su visita a la fábrica, bien a la ida o a la vuelta, era por mí esperada y por él a gusto y obligada.

Para distraer un tanto mi soledad, había confiado un tanto de amistad alegre a Ana María, que había iniciado la primavera con asiduos paseos por la tarde, de La Pola a la fábrica, de la fábrica al pueblo. Ana María vivía la coquetería joven de presunción burguesa; era maja, lozana, graciosa, de buen decir palabras huecas y convencidas de hacer menos mal, haciendo su vida. En aquellos tiempos resultaban un tanto pintorescas –por decirlo de algún modo- tales manifestaciones.

No pudo eludir el encuentro de don Julián, y Ana María contestó al saludo con la facilidad de unas palabras inteligentes y una mirada distraída. No era tan buena cristiana como don Julián quisiera, pero su inquietud disimulada sonreía el perdón a posibles injurias. El momento era de evadir preguntas hasta mejor ocasión. ¡Qué bueno es que el pensamiento permanezca oculto en el envoltorio de la prudencia! Al fin, la amistad es lo que cuenta como patrimonio del bien.

Así y todo, don Julián pasó de confesor, a confesar; todo en menos que canta un gallo.

-Sí hombre, sí; normal y muy normal. Ya veo que hay moros en la costa; para este paseo no necesitas la yegua Clavelina; así se las ponían al bribón Borbón, y claro, si el valle no va a la montaña, la montaña busca el valle.

-Don Julián, con leal franqueza; siento un poco rubor, no por la forma, pero sí por el medio; el amor de la lumbre se siente con más frío. Ana María sólo pertenece a la aventura sin cita y a la alegría del pasa el tiempo. En otras circunstancias –señor Cura- , no olvide que me obligaré como Dios manda a su consejo.

- Por si el demonio se nos anticipa, en bromas o veras, pero con la mejor intención cristiana de este Cura te digo: Si piensas en los padres, prefiere una novia que más bien traiga algo, que no se lleve. Si sólo piensas en ti, que sea delgada y limpia, que el reverso de la medalla ya lo pintará ella con el tiempo; que sepa fingir, mejor que pública pecadora; que diga pan al buen estar, y vino al mejor ser, y si hay que arrimar el ascua, que ayude a bajar la leña de la Carba.

-Todo muy práctico, don Julián. ¿Y del espíritu, qué? No sólo de pan vive el hombre.

-Perdón; la masa y el tabaco nunca hicieron buen Cura. Tú crees que tu mujer es la ideal, y basta para que conforme tu vida conyugal. Y si habéis de ir a misa, mejor que rezar es bendecir.

-Tal vez Ana María…

-Calla, amigo administrador. Algunas hijas de María me traen por la calle de la amargura.

-Bueno, don Julián; al mundo de las mujeres no hay que descubrirlo en el posible pecado, sino en la virtud de saber ser, y son madres, esposas…

-Sólo a Dios incumbe juzgar su obra. Por mi parte basta saber que no hay mal que no sea aparente y acato los designios divinos.

-Demasiado serio el fin del coloquio, para inspirarme en el madrigal que tenía ofrecido a Ana María. La vida en serio es como el frágil cántaro que en la fuente se rompe; ni agua, ni cántaro, ni poesía…

Pero escribí mirando a la noche de la luna verde los versos rotos que se llevó el río:

“En los prados te espera una margarita,
no la deshojes buscando una ilusión;
contando ahora sí,
contando ahora no.
Te basta una flor bonita, tan bonita
Como tu blanca margarita.â€

Lo que no se puede es tentar con amores de aventura, a un corazón ardiente que reta al sol.
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Villarín



Registrado: 13 Abr 2007
Mensajes: 507

MensajePublicado: Sab Sep 13, 2008 2:38 pm    Título del mensaje: XV. Poeta y voto en blanco Responder citando

XV. POETA Y VOTO EN BLANCO

“Sí, deseo ser enamorado y virtuoso dentro de una hora que marque el reloj del misterio.â€

Era el Domingo de Resurrección; quise alegrar las tinieblas regalando al alma los juguetes de mis versos, y me abandoné en éxtasis en el recuerdo para volver a vivir. El amor, unas veces se deleita, otras, busca el placer en el temor del misterio. En el deleite goza la misa humana, en el placer busca el amor que responde, “¡No quiero!â€

Y en caliente forma de atrevida llama, cuando el sol se partía en los crestones de Los Barrios, me sentí poeta. A través de confusiones llegaban a la memoria los viejos poemas de permanencia perdida en los encantados tiempos.

Aquel madrigal, por oculto platónico, roto y pintado por el gañan entre ambas posaderas, que dio con su rima en las aguas del Hornija, cantando en el remanso del Puente Chico.

La murga de voces sonantes, cantantes; de juventud movida.

La elegía a Elena, de cactus catalanes y senos dormidos en el cielo.

Los tantos versos que el Cardoner mojó, sentidos mala prosa por los sabios clásicos.

¡Pobres romances heridos en las trincheras! ¡Oh, Araucana infantil de la Muela de Teruel, escrita en sangre de los naranjales de Nules! En la casa de campo encendisteis hogueras.

Un día cantasteis a D. Antonio Machado a su paso por Argelés Sur-Mer; allí quedasteis entre piojosa arena.

Y en Lérida escribisteis en las piedras de la catedral los llantos de las campanas mudas.

Y en León, la ironía del soldado poeta, cantó a los medallones del San Marcos misterioso…

Pura melancolía en el espejo del recuerdo. Lo que no es sepultura, es Destino. De los versos perdidos nace el poema de la vida que busca el amor sin medida. No se llame poeta quien injuria a Cristo. A ti, Alberti, poeta del mar, te leo aquel soneto: “Entro Señor en tus iglesiasâ€â€¦

“Entro, Señor, en tus iglesias. Dime,
si tienes voz, ¿por qué siempre vacías?
Te lo pregunto por si no sabías
que ya a muy pocos tu pasión redime.

Respóndeme, Señor, si te deprime
decirme lo que a nadie le dirías:
si entre las sombras de esas naves frías
tu corazón anonadado gime.

Confiésalo, Señor, sólo tus fieles
son esos anónimos tropeles
que en todo ven una lección de arte.

Miran acá, miran allá, asombrados,
ángeles, puertas, cúpulas, dorados…
y no te encuentran por ninguna parte.

Roma, 1968.

A ti, poeta del mar, te digo: Para superar la vanidad de tu verdad de poeta, ya no dispones por viejo de una muerte oportuna. Creo que has injuriado a Cristo, para complacer a un sistema de ideas humanas; has hecho lo mejor, para hundirte en la rubia arena de tu mar, y lo peor para que la historia te juzgue desde el Parnaso.

En mis tinieblas, nadie puede concederme ser, sacerdote del poema. Sí quiero, que donde se oiga tu grito, se escuche mi voz, que dice:

“Ante la Cruzâ€

Cierras la mano ante la Cruz y dices,
que la Pasión del Señor no redime,
y creo que tu espíritu te oprime
y sin oración, al Señor bendices.

No puedes vivir en paz, si maldices;
Si el corazón te manda, el alma gime
en la cadencia de un soneto. Dime:

¿Sabes que hay en la fe, buenas raíces?

La Cruz abierta de iglesias vacías,
es la luz del mundo, y mil poesías
que el Señor escribió por ti en su muerte.

¿Por qué idealizas un alma cerrada
a la fe, si sólo es huir en la nada
buscando en el Parnaso mejor muerte?

No me golpeo el pecho, Alberti, que me duele y siente; ni hago más señales en la frente que el tiempo me ha dado. Tu infinito mar, no borrará con tus versos el camino de Cristo. Busca a la pálida luz del faro donde hallar el alma, antes de que alcance la noche el destino de un poeta sin rumbo, en el mar de las tormentas.

-¡Pobre, pobre conciencia mía en el mal sumida! ¡Calla y sólo recuerda el bien de tus poemas, cantando lo mejor de tu Destino! Hay en la ventana de las estrellas una palabra: ¡Recuerda!

El día de las elecciones de Franco, vi a D. Julián en la Pola de Gordón; disimulado y prevenido entre los tiempos de hacer y encender el pitillo, me dijo, entrecortando la voz y gestos apagados.

-Has votado en blanco. Ni contradigo, ni me conforma. No quiero contigo morir de mal de entrañas; existir por la fuerza es de mal gusto. Pero… -demos unos pasos para alejarnos de imposibles verdades y razones indiscretas-; quiero decirte que tu contradicción, bien superada está con los versos de Alberti, si mal no entiendo, y seguro que me hago un lío con las musas y el Parnaso. Has votado a Cristo, pues vale; el Arcipreste va a callar y todo arreglado.

-Amigo D. Julián; nunca inclinaré mi forma de pensar a la llamada causa del Movimiento; si me pegan con la piedra, que no me recen padresnuestros; eso vale para las almas muertas que no se duelen. Tenemos que aprender a olvidar las heridas calientes de aquellos tiros entre hermanos; que en el perdón de todos nos espera un mundo mejor.

-Mal te va a entender, dijo el Cura, los que no quieren comprenderte. Queda mucho rescoldo en la lumbre; sin que pases frío, procura arrimarte con cuidado. Y, bueno, pasaré después de estos días por la fábrica, que tanto como a ti, hecho de menos el tabaco. Dentro de nada tenemos que organizar la fiesta del Buen Suceso y cuento contigo como de costumbre.

-Todo se andará –dije-, y sepa que mañana en el Preventorio me voy a sentir feliz con los niños, a quienes les voy a felicitar por todo lo alto que cabe en estos tiempos.

-A mi vuelta a la fábrica pensé en lo que podría ocurrir, -y así pasó-: ni más ni menos que diferenciarme con el insulto “fachaâ€, de llamarme “rojoâ€; pobre acusación de “cara al solâ€, hundido en los crestones de la blanca nieve.
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prejub



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MensajePublicado: Sab Sep 13, 2008 6:16 pm    Título del mensaje: Re: XV. Poeta y voto en blanco Responder citando

Cita:
-Amigo D. Julián; nunca inclinaré mi forma de pensar a la llamada causa del Movimiento; si me pegan con la piedra, que no me recen padresnuestros; eso vale para las almas muertas que no se duelen. Tenemos que aprender a olvidar las heridas calientes de aquellos tiros entre hermanos; que en el perdón de todos nos espera un mundo mejor.


Retomando de nuevo las andanzas de Dn.Julián, amigo Villarin, me quedo con este apartado, por ver que ultimamente hay gente que quiere volver a abrir esas mismas heridas... yo no.
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Villarín



Registrado: 13 Abr 2007
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MensajePublicado: Sab Oct 11, 2008 1:59 pm    Título del mensaje: XVI. Aquel enfermo que de tos moría Responder citando

XVI. AQUEL ENFERMO QUE DE TOS MORÃA

El ama, la señora Candelas, dijo al antiguo monacillo, hoy pinche en la fábrica: Avisa al administrador que don Julián está enfermo.

Yo diría, sin temor a ambigüedades, que la enfermedad de don Julián, era preocupación doliente del pueblo de Huergas. Todos se preguntaban, y todos hacían el mismo ruego: “Dios quiera que pronto le veamos en la Iglesiaâ€. Era como una letanía de rezos, y un afán piadoso de santa voluntad.

Encontré al Cura postrado en la cama entre sombras dilatadas, barba de plata, cara afilada, dormida energía y postura apagada. Saludó con sonrisa de tos, que retumbó entre paredes grises y místicas estampas, como tambor destemplado.

-Nada, amigo; no tengo nada; he querido probar mis fuerzas y vuestras atenciones, [dijo], doliéndose según podía, con bondad un tanto irónica. El ama cuidaba de él con cara de monja afligida, imponiendo su cuidado con bondad doliente.

-Creo –decía el ama-, que esto sólo es una advertencia, pero mucho me temo, que cuando pase el achuchón, don Julián ha de volver a la andadas, dando gusto al mal que le tiene en la cama, que es ni más ni menos, que el maldito tabaco y el frío de las mañanas, con la manía de madrugar.

Oído con dudoso enfado por don Julián, refunfuñó con gesto mimoso diciendo:

-Todo puede cambiar en mí, ahora que empiezo a comprender la vida a la luz de la muerte, pero pienso señora ama, ahora que estoy atendido por el amigo administrador, que debes de cuidar de que no se queme el pote.

-A la salida del ama, estiró la mirada largamente. Jugó con palabras no sé qué contento y brillaron los ojos entre los pálidos dedos. Disimulé la impresión afectiva, hablando del tiempo, para volver a los ánimos de verdad con la mejor gracia.

-Se irguió –don Julián- hasta verse sentado y en esa postura de ternura patriarcal me señaló en la mesita la Virgen del Buen Suceso. Ahí la tienes –me dijo con grandeza de fe profunda-; ¡si no fuera por ella, a buenas horas estaba aquí! Pero tengo que hacer por mí. ¿Ves esa jarra antigua de cerámica? Es de mi tierra, Villablino, y con ella mido la medicación casera.

-Me hice el extrañado, y saliendo al paso me dijo con un tanto de misterio; (algo le postró, que obligó al silencio a poner caras de dolor y pena). La nueva sonrisa apareció como un misterio.

-Nada, hombre, no es nada. Y como te decía, esa jarra, es para el vino blanco, caliente, con azúcar. Cuando veo que la tos va a hacer (o sin hacer), de las suyas, mando al ama Candelas que prepare el medicamento mío, y no hace falta más para beber el vino poco a poco, que me hace sudar, dormir, y qué sé yo de remedios; el caso es que quedo como nuevo. No lo hay como lo natural. Si me fío del médico y su comprimidos, estoy más en el otro barrio que en éste.

El otro día estuvo a verme el cura de Peredilla, preguntó por el motivo de la jarra, y al decirle que era para tomarme el jarabe recetado por el médico, me soltó de sopetón, que a ver si con un poco de suerte, se lo recetaba sin tos. ¡Tú no conoces a los curas!

“Volví otro día,
y el cura ya no era
aquel enfermo que de tos moríaâ€.

El Cura era dispuesto en las atenciones, animoso en el decir, cumplido en el lamento; sólo él libre en la caridad y en el dolor. Cuando Huergas sollozaba, concentraba su risa como el mejor canto.

-Don Julián, -dije-, el pueblo de Huergas vive su mejor religión…

-Sí, -contestó con rápida verdad-. Así lo creo y agradezco; he sembrado en la Vega. Los muchos años de labor, forman o deforman los espíritus en sus vivientes circunstancias. Me apunto sin vanidad, el mérito de que sus almas pobres de cuerpo sean fuertes ante el pecado, porque ya sabes que el peor mal de la pobreza es que embrutece el espíritu y sin querer, no alcanzan a ver la gloria de Dios. Vivimos todos una misión sin Concilios; sin órdenes de Papas; es labor de un Cura, labor lo más evangélica posible, de poco decir y mucho hacer; aquí nos entendemos todos con las obras. Ante la Virgen del Buen Suceso, celebramos; en Los Mártires sufrimos la vida. Ahora –y bien lo siento-, por ser cura viejo tu bien sabes que les hago comprender la vida a través de la luz de la muerte.

En el libro que me dejaste el otro día, del padre Faber –siguió diciendo son Julián-, leí, ni más ni menos cosas como éstas: “Todas las acciones de la vida son reparables, excepto la última; vivir en la idea de Dios es vivir aceptando la última verdadâ€.

-Claro, claro; ¿Qué importa guardar a “marcha martilloâ€, la devoción de los días del precepto, las fiestas mayores y los “san martesâ€, si a pesar de tan manifiesta piedad, sigue el pueblo pobre de espíritu? Si esto ocurre, yo cura, dudaría de la buena cristiandad. Nunca he predicado palabras de temores o ambiciones para acercarnos al Señor, cuando todos vivimos un poco el infortunio del pecado. Me gustaría redimir al rico de su riqueza, y al pobre de su pobreza, y para esto hay que tener o sentir –contra viento y marea-, ganas de rezar sin condiciones, para fortalecer el alma.

-Veo, don Julián, que sin fumar, tiene usted la mente más despierta que un teólogo o un predicador, juntos en la misma misión.

-Agradezco tu observación –dijo-, pero sepas y habrás oído, que no se debe nombrar la soga en casa del ahorcado. ¡Dichoso tabaco!

-Y cambiando de tema –dijo el Cura de Huergas-, ¿cómo medimos los pasos de las hijas de María?

-En mi caso -don Julián-, hay soga para rato, pero no hay ahorcado. Me gusta lo platónico y danzar alrededor de las ilusiones del todo y de la nada. La intriga amorosa de Eros o Cupido, no ha llegado a situarme ni en serio, ni en verdad. Como no he hecho votos de soltería, un día bailaré a la vida según la tabla de la Biblia. De usted -don Julián-, he oído decir, que el signo de la perfección, anula las posibles presunciones.

La despedida llegó entre deseos y promesas de convalecencia. El Cura de Huergas me anulaba las prisas, en la convincente idea de disgustarse si le dejaba en aquel momento solo. Había llegado la hora de la jarra de Villablino con sus piscolabis, y mano a mano tomamos el vino acompañado del famoso jamón, que tan buena fama había dejado en las manos del ama y voluntad del Cura. Justa alabanza de curas y seglares en la fiesta del Buen Suceso, que como invitados, haciendo abuso de gula, ironizaban haber comido como “curasâ€.

-Conozco a todos –dijo don Julián-. Este año, como no sepan reconocer mi debilidad alegre y festiva, ni doy licencia de festín, ni hay jamón; sobre pocas costumbres buenas perdura la vergüenza, y entre nosotros los curas se encubre y desfigura, por eso de que a cada bocado invocamos y alabamos el nombre del Señor. Si alguno pregunta si hay o no jamón, diré que sí, pero “pa este curaâ€, que quiere reponerse de los achuchones, y que además, primero es el amador que el amado.

Digo yo, –añadí-, que tendrá que ponerse de acuerdo con el ama, que tal vez la vanidad de la justa alabanza, la hace tirar la casa por la ventana. Y digo yo, -volviendo a comer en el recuerdo-, que algo habrá que celebrar a la vuelta del pastor Antón. Y si vuelvo a decir digo, son tres veces, que todo corre de mi cuenta, con pan blanco, queso trashumante y vino de la Nava, servido en la jarra de Villablino.

Cuídese bien. Debo volver a dar una vuelta por la fábrica y ya en espera de su visita. Y dirigiéndome en despedida al ama, dejé encargados para don Julián, los mismos cuidados que tuvo con Sancho el Dr. Pedro Recio de Agüero; ahora bien le estaban “las sopitas y buen vinoâ€.
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Yosco



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MensajePublicado: Sab Oct 11, 2008 6:48 pm    Título del mensaje: Responder citando

Ya echábamos en falta al cura Don Julián de Huergas, que hoy se nos presenta un poco pachucho, pero siempre reflexivo y filosófico, siempre con una enseñanza en la mano y, como asegura él, en el ejemplo. Muy entrañable y precioso.

Salud.
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Villarín



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MensajePublicado: Sab Oct 18, 2008 4:25 pm    Título del mensaje: XVII. Don Julián de camarero en el cielo Responder citando

XVII. DON JULIÃN DE CAMARERO EN EL CIELO

Las narraciones aunque de prisa, no siguen al tiempo. A cierta edad se escapa agarrado a las nubes de otoño. Así ocurría con don Julián, que contaba el tiempo como una víspera del día acabado. Su vida era un jalón en las fiestas mayores y éstas se sucedían como cuento de risa. Un año más y llegó la fiesta de El Buen Suceso. Los mismos curas, el mismo predicador Agustino, el mismo don Julián, el Cura de Huergas. El mismo… pero diferente. “Cuando lo humano empieza por mirar al suelo, hay una marcha atrás que quiere subir al cieloâ€. Me pareció que aquel año, los sermones tomaban fuerza vocacional señalando al espíritu con los dedos cruzados. El mismo Arcipreste, dormía a los feligreses con bostezos descuidados. Los confesionarios fingían buhardillas hundidas por lo pecados, a malas penas alumbrados con las velas de chisporreteo viejo.

El Cura de Huergas, sentía como nunca la gratitud cristiana, dando como socorro, lo que por necesidad pedía. Ante la Virgen del Buen Suceso, curas y predicadores bendecían las almas de “derechasâ€, alabando a las almas de “izquierdasâ€, las almas pobres, con prioridad de paso, hacia el camino del cielo.

Sólo don Julián lloró la canción de la palabra en la verdad de Cristo. Aquel año en el sermón de turno –según juicio del Tío Cañete-, dijo verdades como puños; a nuestro Cura no hay quien le meta mano, y que esto ocurra muchos años.

-Yo le oí decir: “Nuestra Señora es del Buen Suceso, porque en los momentos de abandono espiritual, nos enseña a conocer a Cristo en el breve espacio de nuestra vida. Para la Virgen y para Cristo, la única novedad, no la razón, está en que cada corazón sepa diferenciar en alabanza, el bien del mal. Si el pan lo hacemos con egoísmos, y la escalera penosa de subir, difícil conseguiremos la promesa, y absurda la razón humana de contemplar al mundo espiritual.

Por algo el Cura de Huergas preparaba con tanto amor y devoción a la Virgen del Buen Suceso, su mejor decir al pueblo de Huergas, sin olvidar en su misión sacerdotal, su inmenso sentido humano; por correspondencia bien podría decirse: de tal Cura, tal pueblo.

Hubo un silencio del Cura, y mil miradas al mismo Cura, cuando dirigiéndose a la Virgen dijo: “Nada he de preguntarte, mi Virgen y Señora; te sentiré en los rincones de mi vida y de este pueblo, para verte en lo más alto del alma, antes de que se otoñe para siempre esta sotana. Probaré la dicha de estar cerca de Ti, con sabor de muerte injerto de dolor y de alegría; nuestros años, como números contados, seguirán sumando hasta que se acabe el tiempo. ¡Dame tu fe, para no sentir el pobre desamparo de la existencia y se haga la voluntad de Dios!â€.

Fui a ver al Tío Cañete que permanecía acurrucado, como se acurrucan los rincones; sonreía haciendo garabatos fingidos con el bastón para decirme: “Ya se lo decía yo; y de aquí no me muevo, de junto a estas velas, hasta que deje de pensar en la verdades que ha dicho nuestro Cura; nunca creí que me ganaran estas pocas lágrimas y es que pienso que esto sólo ocurre cuando uno se va apagando, y… el Cura, ahora, precisamente ahora, se apaga…

Al colorido de la fiesta religiosa, correspondía la aportación pagana en todo su esplendor. El mundo gira en la vida con encanto espiritual y dimensión humana; imagen un tanto rara de pasión y miedo; de amor y esperanza.

La pequeña campana de la ermita tocaba a misa primera a las siete de la mañana; acudían las madres de los hijos muertos, los hijos de las madres muertas, los afligidos, los que iban a ver a Dios; volvía tocar a misa segunda a las nueve; hacían presencia los de la fe rutina, los que al paso descargaban la conciencia costumbrista; los que a gusto pasaban el día empezando con la buena obra; los que querían que Dios los viese. Y a las doce, la pequeña campana repicaba con alborozo como llamando al verdadero mundo. ¡Oh vanidad del repicador, amigo de fiestas! A ella iban los de los trajes nuevos, las siempre mujeres de punta en blanco, la sociedad de cotilleo, romeros de baile y merienda; los que querían que les viese todo el mundo y ver a Dios, para otro día.

En la ermita, olor a velas torcidas de pabilos chispeantes y voces en el canto de hojas secas en torbellino. En la pradera, tortillas y cantares; andares de risa y sentarse a gusto. Más tiempo para el romero de un día al año, que para el creyente desplazado de buena fe. Por eso que los toques de campana, se apagan en el romance de la dulzaina y el tambor. Seguro que la Virgen en su milagro haga capaz de crear más fe, a través del pan y del vino para andar el camino; son bellezas del alma que se ensalzan, para sentirse en los rincones del cuerpo. Curas y romeros, campanas y dulzainas, la misma nota del espíritu; la misma comunión en la buena obra. En el rosario de despedida, las mismas gracias a la Virgen dadas por el Cura don Julián: “Tú, Virgen del Buen Suceso, guíanos como hijos buenos un año más, en esta santa alegría. Para que no se apague la lámpara, cuida de este humilde curaâ€.

En el ágape volvió a salir el jamón más abundante que nunca, el queso del pastor Antón, el buen vino de la Nava y el pan blanco. En un aparte, don Julián me dijo: “A estas alturas he pensado que es mejor saber olvidar que aguantar el dolor del arrepentimientoâ€. Todo sea por el contento de la Virgen del Buen Suceso. -El ama señora Candelas, dijo: “¡Que buen papel haría de camarero en el cielo!â€.

Viendo que el ama sonreía meditó, pegado por un rato sin dar un paso, para decir señalando con el dedo: ¡Ves, ves, ama Candelas! De no haber habido sonrisa, hubiera habido morro a la vista y hocico en el alma; el que da lo que le falta, duerme de espaldas. No tenemos hambre y hemos saciado la sed. Así se ve mejor y se celebra el Buen Suceso de la Virgen. Al año que viene, Dios, dirá.
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Yosco



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Ubicación: Leioa (Vizcaya)

MensajePublicado: Dom Oct 19, 2008 10:46 pm    Título del mensaje: Responder citando

Luís Lobo, con su acostumbrado estilo, se recrea en las estampas costumbristas que tan cerca de la infancia nos quedan a muchos. Me ha encantado esa perspicacia para hacer critica social sin ofender a nadie, subrayando la profunda humanidad del cura don Julián y sus sentencias y reflexiones en los que va apoyando con indudable brillantez su relato. ¡Una delicia y un hermoso regalo esta primicia! Vuelvo a pensar que merecería la pena impulsar la publicación de ésta y otras obras de nuestros autores...
Salud.
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Villarín



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MensajePublicado: Sab Nov 08, 2008 2:28 pm    Título del mensaje: Responder citando

XVIII. LOS HUIDOS DEL MONTE

La vida en la fábrica tenía su encanto, por la monotonía de su existencia; era cuestión de costumbre conformar el ruido acompasado de la turbina, resultando anormal la conducta del silencio en las paradas de trabajo. Nada alteraba la placidez monótona, que dejaba para el tiempo sin raros sobresaltos ni falsas emociones. Resultaba un alivio desconocer la responsabilidad del propio destino.

Dijo Madariaga: “Largo alarido, como de alma en pena, vino a quebrar la paz de la idea viva, convirtiendo el espíritu sereno, en tanta guerra, tanta sangre y tanto cienoâ€.

Surgió en los años seguidos a la guerra el derecho a la subsistencia –por temor a perder la vida-, de una parte de vencidos que acorralados huyeron al monte. Por necesidad se quiebran los derechos; la necesidad, carece de ley. Así quedó establecido durante años un nuevo frente denominado, huidos al monte y fuerzas vencedoras; una algarada de caza al hombre que huye, por los hombres cazadores, que no concibieron el puente de plata, para en el perdón rescatar hermanos.

El autor de “La vida es sueñoâ€, por boca de su protagonista Segismundo, dijo que el hombre preso, en su justa ambición de libertad, era “un hombre entre las fieras y una fiera entre los hombresâ€.

Así robaban cuando podían y mataban sin remedio; no cabía otra alternativa si querían subsistir; la impotencia pública al margen de cualquiera acción, representaba la alarma visionaria, callando a la vez el castigo o el perdón.

Y ocurrió, que las fuerzas de la Guardia Civil de Villablino (tierra de nacimiento del Cura de Huergas), había detectado en el monte un comando de huidos, que tenían proyectado llevar a cabo un golpe atraco a la fábrica de harinas de La Pola de Gordón. Todo un secreto a voces de la fuerza pública, que infundió temor y angustia durante mucho tiempo, con espejismos de imaginaciones calenturientas. ¡Adiós monotonía del ruido de la turbina! Cada ruido sin ritmo, era un sobresalto; todas las sombras eran humanos armados en plan atraco. En los comentarios públicos intervenía don Julián, que restando importancia al caso, me dejaba liso y llano, convencido de que allí no podía pasar nada de nada.

Por lo que pudiese ocurrir, yo, el administrador, había tomado mis precauciones personales, ante la acción posible armada, y ante la responsabilidad de la acción por parte de la Gerencia; lo primero, evitar daños físicos, y lo segundo evitar los más posible la cuantía del robo. Pero el ambiente era de una imaginación tensa. Apenas anochecía, las sombras tomaban realidad de cuerpo, y los espejismos hacían temblar al más pintado.

Hubo un día –tal vez por esas depresiones nerviosas de circunstancias-, que mi conducta era propia de una monomanía de persecución. Abatido y obsesionado, me olvide con fuerzas de indiferencia. Mi ánimo volvió a juzgar la posible verdad de lo que ocurría.

Volvió don Julián a intervenir, concediéndome como confesor una rara confianza. Argüía con doctrina de Cura viejo lo ya oído en él otras veces: “Si las cosas no tienen remedio, ¿por qué apurarse?; y si lo tiene, absurdo es el apuro; además –me aseguraba con fuerza de consejo religioso-, las manías nerviosas y los temores infundados, se acercaban al pecado, ya que sólo en el temor a Dios, se salvaba el destino.

Por aquellos días cundió el temor con más fuerza. El pagador de la empresa Hullera Vasco Leonesa de Santa Lucía, había sido asaltado en el monte, al tiempo de proceder al pago de los salarios de los trabajadores de la empresa, llevándose los “huidos del monte†como botín, el total de la nómina, sin actos de violencia ni oposición.

La Guardia Civil redobló la vigilancia sobre la fábrica de harinas, controlando día y noche mi situación personal. El ambiente de inquietud, cundió en los trabajadores de tal forma que, una noche alarmados, confundieron una cabra perdida del rebaño en los alrededores de la fábrica, por un huido armado con dos fusiles –cuernos-.

Volvía a la carga con toda tranquilidad el Cura de Huergas, oponiéndose a creer en los colaboradores de los pueblos para ocultar a los huidos, y castigaba públicamente las formas del castigo, oponiéndose a las batidas de los montes, como si de alimañas se tratase. Y preguntaba, ¿quiénes son los malos, los perseguidos o los perseguidores? Seguía afirmar que toda actitud contraria al perdón, es contraria al amor de Dios. Me parece –seguía-, que nada menos que Unamuno ha dejado escrito –medio confesional, medio ateo-: “Sí; he procurado siempre obrar bien, y el bien que haya podido hacer a los demás, me ha merecido la gracia de volver en mí, en despertarâ€. ¡Buen juicio, buena verdad, para tranquilidad del alma! Todo lo demás es violencia, falta de perdón, provocación a la defensa y odio de otros tiempos que debemos de olvidar. ¡Alarmas para rematar una idea! Creamos –decía el Cura-, “fugit irreparabili tempusâ€; huye el tiempo irreparable.

Buenos latines del Cura de Huergas, sin sacar la procesión de dentro. Con cierta confianza de la soledad que sabe hablar a su medida y forma, me dije: “Casi creo a don Julián, pero estoy viendo la luz que me ciega y temoâ€.

… ¿por qué voy a pedir a Dios ayuda,
si estando en mí, nada sé de mi ser?

¡Que al Cura de Huergas no le tiren de la sotana, y el tiempo se encargue de traer la paz y el orden a todos, que éste mal no durará cien años!
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prejub



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MensajePublicado: Sab Nov 08, 2008 4:04 pm    Título del mensaje: Responder citando

Villarín escribió:


Volvía a la carga con toda tranquilidad el Cura de Huergas, oponiéndose a creer en los colaboradores de los pueblos para ocultar a los huidos, y castigaba públicamente las formas del castigo, oponiéndose a las batidas de los montes, como si de alimañas se tratase. Y preguntaba, ¿quiénes son los malos, los perseguidos o los perseguidores? Seguía afirmar que toda actitud contraria al perdón, es contraria al amor de Dios. Me parece –seguía-, que nada menos que Unamuno ha dejado escrito –medio confesional, medio ateo-: “Sí; he procurado siempre obrar bien, y el bien que haya podido hacer a los demás, me ha merecido la gracia de volver en mí, en despertarâ€. ¡Buen juicio, buena verdad, para tranquilidad del alma! Todo lo demás es violencia, falta de perdón, provocación a la defensa y odio de otros tiempos que debemos de olvidar. ¡Alarmas para rematar una idea! Creamos –decía el Cura-, “fugit irreparabili tempusâ€; huye el tiempo irreparable.

Ya echaba de menos los relatos de Don Julián, amigo Villarin, y sí, los echaba de menos por la enseñanza que nos está dejando, para un mejor conocimiento de aquellos tiempos, que hoy a golpe de demagogias, solo nos las dejan para su propio provecho a costa de los medios de información afines al poder.
Si he dejado en la cita este apartado de este relato muy vivo, simplemente es por las preguntas que nos debemos hacer a nosotros mismos.
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Villarín



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MensajePublicado: Sab Nov 22, 2008 7:31 pm    Título del mensaje: XIX. Domingo de resurrección Responder citando

XIX. DOMINGO DE RESURRECCIÓN

El tiempo pasaba en la paz de los viejos robles; en la paz de la verde primavera. Volvía el ritmo monótono de la turbina a su romance del trabajo; el tiempo marchaba descalzo a esconderse detrás de sí mismo; el inquieto pasado se hundía en los cielos de las montañas, y se empezaba a entender que el hombre ha de ser bueno.

La campana repicaba por todo lo alto, cantando alabanzas al Cristo resucitado. ¡Cuánta naturaleza cargada de espiritualidad! Era el Domingo de Resurrección, el día de don Julián, los ecos de la campana y de los cohetes de “pin, pan, pumâ€, rompían en los chopos de la Vega y en los Sierros del Millar. Los robles amanecían en su verde negro; salpicados de musgo los calizos, fingían exotismos caprichosos. Un día como para sentir en los rincones de la vida, lo más alto del alma. Como para decir al Cura de Huergas: ¡Déjame tu fe, para subir a la montaña!

Cada testigo pluraliza sus creencias, pero siempre es preferible la actualidad dogmática de estos tiempos de buen ejemplo y mejor consuelo, a reconocer una inhabilidad con orden de bula y castigo de excomunión. Ni los Duques de Lerma, ni los Papas Paulos V, pueden predicar catolicismos de gracia y favor del pobre reino de Dios, acumulando riqueza en el mundo de los fuertes.

Todo esto viene a cuento, evocando la fiesta del Domingo de Resurrección, bajo la solemne doctrina del Cura de Huergas de Gordón. Sin tanta tos, ni tanto tabaco, se daba como prisa en comunicar sus anhelos sacerdotales, y me había prometido en lo pagano, un piscolabis del “Señor y muy señor míoâ€, y en lo religioso, una homilía que, con un poco de su té había de igualar a las de San Juan Crisóstomo; todo con traje de fiesta mayor; teja de tenerse sola, sotana a estrenar y zapatos para estar sentado.

Decía el tío Cañete por viejo, y el pinche antiguo monacillo, que el Domingo de Resurrección, era un día de esos que daba gusto vivirlos, por la buena misa, el chorizo del puchero y los trapos nuevos a estrenar. Huergas, se adornaba con flores y romeros de la Carba, y la fuente de la peña salpicaba las casas como bendición del cielo.

En la iglesia brillaban los candelabros; las doradas barras del palio, enhebraban telas bordadas, que salían de las arcas viejas para vestir a la fiesta de solemnidad religiosa. Los cantos del coro rasgaban el concierto de los siglos como las hojas de los castaños los días de otoño. La anunciada homilía, había despertado en mí el buen deseo de volver a oír la novedad religiosa de don Julián. En su momento el púlpito fue mirada, fue silencio; la casulla y el alba compusieron un tanto los nervios del Cura de Huergas, que en voz tibia, un tanto cascada, empezó diciendo:

-Queridos todos en el Señor: quiero enteraros con pesar para todos, de que la vaca Pastora del tío Benito, murió anoche; como de costumbre hacemos, es nuestra obligación cristiana hacer el bien que cada uno pueda y que para vosotros deseáis; seamos una vez más, todos para uno, y uno para todos; siempre me habéis entendido, mejor en este día que celebramos la Resurrección de Cristo. Pausa, carrasperas, acomodo y un poco de ironía contagiosa.

-Sabéis –queridos hermanos-, que ya son cuarenta y tantos años que me dirijo a vosotros desde este púlpito, este día de solemne religiosidad; (el brazo derecho ascendía en signo de grandeza espiritual). Si alguno de vosotros me preguntara si estoy contento, respondería siempre sí; de tal manera, que si volviera a nacer, Cura volvería a ser para estar con vosotros en esta misma y querida iglesia; con los Santos Mártires del Millar; con Nuestra Señora del Buen Suceso. ¿Sabéis por qué? Porque como dicen los versos del poeta amigo de todos vosotros, cantando al pueblo de Huergas:

“… Hacemos escaleras de tierra en la montaña,
y nudos en el río,
soñando en los caminos del marâ€.

Y yo os puedo decir –queridos en el Señor-, como Cura vuestro, que siempre rezo por conseguir para todos vosotros el bien de la paz, como realidad cristiana; el perdón como caridad espiritual, y buenas obras en la fe, como virtud divina. No entendéis –ni yo tampoco-, de Concilios, ni de teologías predicadas, mal entendidas y peor realizadas –ni falta que hace-; basta la voz del Señor bien comprendida, para saber juzgar cristianamente, lo que es dolor del prójimo, y lo que es gracia de conciencia. Por parda que sea esta sotana, siempre representará este Cura con más verdad en el ministerio de sacerdote, que esos pantalones que dicen los Curas de Roma.

No seáis públicos pecadores; sufrir el pecado en el temor a Dios, y separar –para reposo del espíritu-, el bien del mal. Nuestra Señora del Buen Suceso, en vuestra humildad os librará de las tentaciones y, -me importa mucho, hermanos-, que juzguéis por mí; mi espíritu aparentemente sereno vive preocupado por el temor de ofender, sin equilibrio del tiempo, y rogad por esta pobre salud de viejo, para hallar alivio del alma en vuestras obras.

Hoy debemos ser cristianos perdonando, como nosotros quisiéramos que nos perdonasen. Basta de enemigos; ya está bien que se sientan vencidos, y me refiero a esos pobres que por temor, han de vivir en el monte. ¡Que vuestro perdón les dé confianza en la vida! Que tengan libertad, y ellos mismos se entregarán, agradecidos a vuestra misericordia. Hoy Cristo, camino del cielo os dice, que hagáis a esos hermanos el puente de plata. Esta justicia está diciendo que “el que tiene un mal pronto, llega tarde a ser buenoâ€.

En la bendición, el sol de la ventana del verde abril, hacía brillar la cabeza de canas vestida del Cura don Julián.

Si oportuna y locuaz fue la homilía, no menos sabroso fue el jamón del ágape. Aceptó con placentera sonrisa emular los sermones de Bossuet, y hubo un recuerdo especial para el pastor trashumante, el amigo Antón.
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Villarín



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MensajePublicado: Sab Nov 29, 2008 3:13 pm    Título del mensaje: xx. ¡Qué bien va a terminar este día! Responder citando

XX. ¡QUÉ BIEN VA A TERMINAR ESTE DÃA!

El Cura don Julián de Huergas de Gordón, se sentía viejo de los pies a la cabeza; sin calor del cuerpo y fiebre de espíritu. Todo una sombra de la vida, como añoranza arrugada en el paso inexcusable del tiempo; sombra donde todos nos unimos en la misma cita de amor y muerte; sólo un pretérito de la vida, para revivir en el por qué, las tardes se hacen lentas en el alma.

Llegó el día de la inmensa curva, del balanceo de los rincones. Don Julián más blanco, más frío; sombras y ansias de esperanza; tarde de ideas en medio del silencio conteniendo las palabras, para pensar y rogar a Dios. Se hundía el sol por Los Barrios, en la curva del horizonte, y lloraba el tío Cañete, sin saber que era el llanto, la sentencia solemne de la buena muerte del Cura de Huergas.

Hoy un hombre, el monacillo de ayer, escondía el dolor tras los ruidos de la turbina; virtud de la fuerza del hombre que empieza. ¡Qué viva expresión de dolor, oyéndole decir con la cabeza baja: “Don Julián ya no está pa bromas…â€!

En el silencio de la vuelta nadie me oyó decir lo que el dolor me dijo:

“Es la vida doliente primavera;
y una gracia de Dios, será la muerte.
¡Si vida es morir con fe, Dios lo quiera…!

Los Curas del Concejo se mostraron a don Julián entre sombras piadosas, sin más ruido que la lenta tos agonizante; los labios sin color con ansias de decir y las manos apretadas al Crucifijo que tantas veces rezó en el perdón de todos.

A las palabras litúrgicas del Cura de Peredilla, siguió la confesión en el silencio de las velas de pabilo tembloroso. Bajo la enredadera oscura de la puerta, Huergas entonó la oración más sentida. Allí estaba de rodillas el tío Cañete, diciendo adiós a su cura, con chiribitas cansadas, semejando la figura de mármol, que ensaya la oración eterna.

Sigo creyendo que el Cura de Huergas no ha muerto, y así viviré mientras me vaya muriendo.

El ama, serena en el dolor, me entregó unos versos póstumos de don Julián diciendo:

“¡Qué bien va a terminar este día
que tan mal principio tuvoâ€!

Aquel día de hojas secas en torbellino y nubes otoñales en el silencio, repetí los versos que sólo el alma oía:

“Doblan las campanas por el ayer
del Cura. Hoy el mundo se va lejos;
los muchos cirios que en la noche murieron
se van contigo. ¡No has muerto en la fe!
El pueblo del viejo y el monacillo
elevan doliente sus oraciones;
en la gloria de la Cruz…, Dios te espera.
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Yosco



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Ubicación: Leioa (Vizcaya)

MensajePublicado: Sab Nov 29, 2008 6:16 pm    Título del mensaje: Responder citando

Queda un poso de tristeza tras el final del cura de Huergas, don Julián, en las palabras de su amigo y escritor Luis Lobo. Las páginas siguientes, en blanco, ya llenarán la eternidad.

Hay algo que no sé si sería posible; estoy pensando en la posibilidad de conseguir algunas fotografías de Luis Lobo y de don Julián y poderlas poner al comienzo de este relato, al final o en alguno de los capítulos transcritos.

La segunda reflexión, ya expresada en otros momentos, es la de hacer posible la publicación de esta obra, juntamente con la de otros autores dados a conocer en este foro, de los que se conserva obra escrita, para su reedición, presentación, divulgación en el concejo y llegada a las estanterías de las bibliotecas y centros escolares. Tal vez el motivo de las fiestas patronales de cada pueblo del Ayuntamiento pudiera ser aprovechado para introducir en el programa festivo actividades de esta naturaleza y otras similares que me gustaría proponer.

Lo dicho, aquí la primicia ha sido todo un lujo y un motivo de orgullo para quienes leemos y escribimos en el foro. Pero no deberemos contentarnos sólo con ello y propongo la idea de establecer contactos con el Ayuntamiento para trasladar ésta y otras sugerencias. Si el Ayuntamiento nos respaldara con su infraestructura y recursos económicos, ¿tendríamos inconveniente en colaborar y participar? Hago la pregunta. Mi respuesta personal es que podrían contar con mi trabajo de manera incondicional.
Salud.


Ultima edición por Yosco el Mar Dic 02, 2008 3:17 pm; editado 1 vez
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prejub



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Mensajes: 1964
Ubicación: León

MensajePublicado: Sab Nov 29, 2008 6:34 pm    Título del mensaje: Responder citando

Amigo Yosco es muy comprensible lo que pides, pero viendo que la participación en el foro està casi en mínimos o más bien, seguimos los de siempre, no sé si servirá de mucho, pero pensando que también hay visitantes anónimos, algo podrá quedar y si lo expuesto en estos lugares sirve para algo, bienvenido sea en bien de nuestro municipio.

Entrando en el tema de este apartado, dar las gracias a nuestro amigo Villarin y especialmente a Luis Lobo.
No sé cómo explicarlo, pero cuando algo se acaba (como es el caso), parece que es algo muy tuyo lo que también se acaba.
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Villarín



Registrado: 13 Abr 2007
Mensajes: 507

MensajePublicado: Sab Nov 29, 2008 9:27 pm    Título del mensaje: XXI. Epitafio Responder citando

XXI. EPITAFIO

Aún permanecían encendidas las lámparas sobre la cruz de piedra; la noche quedaba sola en el llanto de las estrellas. Sería entonces cuando en la tumba del Cura Don Julián, fue depositada una corona trenzada de acebo, hojas de roble y fresco helecho. En la cruz de palo de avellano, una inscripción de barro decía: “RUEGA POR NOSOTROSâ€.

¡Quién sabe si aquella noche, hizo camino de vida, la Virgen del Buen Suceso!
…

"De la braña o del valle es tu camino.
No te pares a pensar en la muerte caminante:
¡En Dios está tu destino!"



FIN


Para quienes estén interesados en conocer algo más de la vida y obra literaria de don Luis Lobo García (1917-1992), en su mayoría inédita, os remito al blog de su paisano Alfio Seco, a saber: http://blogs.orange.es/sanromandehornija, donde aparece una fotografía del autor del cuento El cura don Julián de Huergas. Aquí, en nuestro Rincón Literario, podéis ver su poema Tierra de mis mocedades.
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LEGIONENSE



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Ubicación: LEÃ’N

MensajePublicado: Dom Nov 30, 2008 2:26 am    Título del mensaje: Responder citando

-Algo queda en nosotros despuès de la magnìfica obra en entregas por parte de Villarìn sobre el cura D. Juliàn, cuanto desearìa que nunca se acabase esa historia y de alguna manera la haremos estar entre nosotros en la memoria y en el escrito , gracias por dar a conocer este capìtulo de la vida de gordòn y de los gordoneses.
-Cualquier iniciativa es vàlida para que se publique y se de a conocer este y otras historias , leyendas....por parte de quien mas medios tiene para ello, el ayuntamiento, estamos en ello....saludos.
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