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Comarca de Gordón Tu Foro de consulta y opinión
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VillarÃn
Registrado: 13 Abr 2007 Mensajes: 507
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Publicado: Sab Jun 28, 2008 1:06 pm Título del mensaje: XIV. Amor platónico |
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XIV. AMOR PLATÓNICO
Pasaron muchos dÃas hasta Semana Santa; el Cura de Huergas ayudarÃa a las confesiones del Arciprestazgo de La Pola de Gordón, por lo que su visita a la fábrica, bien a la ida o a la vuelta, era por mà esperada y por él a gusto y obligada.
Para distraer un tanto mi soledad, habÃa confiado un tanto de amistad alegre a Ana MarÃa, que habÃa iniciado la primavera con asiduos paseos por la tarde, de La Pola a la fábrica, de la fábrica al pueblo. Ana MarÃa vivÃa la coqueterÃa joven de presunción burguesa; era maja, lozana, graciosa, de buen decir palabras huecas y convencidas de hacer menos mal, haciendo su vida. En aquellos tiempos resultaban un tanto pintorescas –por decirlo de algún modo- tales manifestaciones.
No pudo eludir el encuentro de don Julián, y Ana MarÃa contestó al saludo con la facilidad de unas palabras inteligentes y una mirada distraÃda. No era tan buena cristiana como don Julián quisiera, pero su inquietud disimulada sonreÃa el perdón a posibles injurias. El momento era de evadir preguntas hasta mejor ocasión. ¡Qué bueno es que el pensamiento permanezca oculto en el envoltorio de la prudencia! Al fin, la amistad es lo que cuenta como patrimonio del bien.
Asà y todo, don Julián pasó de confesor, a confesar; todo en menos que canta un gallo.
-Sà hombre, sÃ; normal y muy normal. Ya veo que hay moros en la costa; para este paseo no necesitas la yegua Clavelina; asà se las ponÃan al bribón Borbón, y claro, si el valle no va a la montaña, la montaña busca el valle.
-Don Julián, con leal franqueza; siento un poco rubor, no por la forma, pero sà por el medio; el amor de la lumbre se siente con más frÃo. Ana MarÃa sólo pertenece a la aventura sin cita y a la alegrÃa del pasa el tiempo. En otras circunstancias –señor Cura- , no olvide que me obligaré como Dios manda a su consejo.
- Por si el demonio se nos anticipa, en bromas o veras, pero con la mejor intención cristiana de este Cura te digo: Si piensas en los padres, prefiere una novia que más bien traiga algo, que no se lleve. Si sólo piensas en ti, que sea delgada y limpia, que el reverso de la medalla ya lo pintará ella con el tiempo; que sepa fingir, mejor que pública pecadora; que diga pan al buen estar, y vino al mejor ser, y si hay que arrimar el ascua, que ayude a bajar la leña de la Carba.
-Todo muy práctico, don Julián. ¿Y del espÃritu, qué? No sólo de pan vive el hombre.
-Perdón; la masa y el tabaco nunca hicieron buen Cura. Tú crees que tu mujer es la ideal, y basta para que conforme tu vida conyugal. Y si habéis de ir a misa, mejor que rezar es bendecir.
-Tal vez Ana MarÃa…
-Calla, amigo administrador. Algunas hijas de MarÃa me traen por la calle de la amargura.
-Bueno, don Julián; al mundo de las mujeres no hay que descubrirlo en el posible pecado, sino en la virtud de saber ser, y son madres, esposas…
-Sólo a Dios incumbe juzgar su obra. Por mi parte basta saber que no hay mal que no sea aparente y acato los designios divinos.
-Demasiado serio el fin del coloquio, para inspirarme en el madrigal que tenÃa ofrecido a Ana MarÃa. La vida en serio es como el frágil cántaro que en la fuente se rompe; ni agua, ni cántaro, ni poesÃa…
Pero escribà mirando a la noche de la luna verde los versos rotos que se llevó el rÃo:
“En los prados te espera una margarita,
no la deshojes buscando una ilusión;
contando ahora sÃ,
contando ahora no.
Te basta una flor bonita, tan bonita
Como tu blanca margarita.â€
Lo que no se puede es tentar con amores de aventura, a un corazón ardiente que reta al sol. |
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VillarÃn
Registrado: 13 Abr 2007 Mensajes: 507
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Publicado: Sab Sep 13, 2008 2:38 pm Título del mensaje: XV. Poeta y voto en blanco |
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XV. POETA Y VOTO EN BLANCO
“SÃ, deseo ser enamorado y virtuoso dentro de una hora que marque el reloj del misterio.â€
Era el Domingo de Resurrección; quise alegrar las tinieblas regalando al alma los juguetes de mis versos, y me abandoné en éxtasis en el recuerdo para volver a vivir. El amor, unas veces se deleita, otras, busca el placer en el temor del misterio. En el deleite goza la misa humana, en el placer busca el amor que responde, “¡No quiero!â€
Y en caliente forma de atrevida llama, cuando el sol se partÃa en los crestones de Los Barrios, me sentà poeta. A través de confusiones llegaban a la memoria los viejos poemas de permanencia perdida en los encantados tiempos.
Aquel madrigal, por oculto platónico, roto y pintado por el gañan entre ambas posaderas, que dio con su rima en las aguas del Hornija, cantando en el remanso del Puente Chico.
La murga de voces sonantes, cantantes; de juventud movida.
La elegÃa a Elena, de cactus catalanes y senos dormidos en el cielo.
Los tantos versos que el Cardoner mojó, sentidos mala prosa por los sabios clásicos.
¡Pobres romances heridos en las trincheras! ¡Oh, Araucana infantil de la Muela de Teruel, escrita en sangre de los naranjales de Nules! En la casa de campo encendisteis hogueras.
Un dÃa cantasteis a D. Antonio Machado a su paso por Argelés Sur-Mer; allà quedasteis entre piojosa arena.
Y en Lérida escribisteis en las piedras de la catedral los llantos de las campanas mudas.
Y en León, la ironÃa del soldado poeta, cantó a los medallones del San Marcos misterioso…
Pura melancolÃa en el espejo del recuerdo. Lo que no es sepultura, es Destino. De los versos perdidos nace el poema de la vida que busca el amor sin medida. No se llame poeta quien injuria a Cristo. A ti, Alberti, poeta del mar, te leo aquel soneto: “Entro Señor en tus iglesiasâ€â€¦
“Entro, Señor, en tus iglesias. Dime,
si tienes voz, ¿por qué siempre vacÃas?
Te lo pregunto por si no sabÃas
que ya a muy pocos tu pasión redime.
Respóndeme, Señor, si te deprime
decirme lo que a nadie le dirÃas:
si entre las sombras de esas naves frÃas
tu corazón anonadado gime.
Confiésalo, Señor, sólo tus fieles
son esos anónimos tropeles
que en todo ven una lección de arte.
Miran acá, miran allá, asombrados,
ángeles, puertas, cúpulas, dorados…
y no te encuentran por ninguna parte.
Roma, 1968.
A ti, poeta del mar, te digo: Para superar la vanidad de tu verdad de poeta, ya no dispones por viejo de una muerte oportuna. Creo que has injuriado a Cristo, para complacer a un sistema de ideas humanas; has hecho lo mejor, para hundirte en la rubia arena de tu mar, y lo peor para que la historia te juzgue desde el Parnaso.
En mis tinieblas, nadie puede concederme ser, sacerdote del poema. SÃ quiero, que donde se oiga tu grito, se escuche mi voz, que dice:
“Ante la Cruzâ€
Cierras la mano ante la Cruz y dices,
que la Pasión del Señor no redime,
y creo que tu espÃritu te oprime
y sin oración, al Señor bendices.
No puedes vivir en paz, si maldices;
Si el corazón te manda, el alma gime
en la cadencia de un soneto. Dime:
¿Sabes que hay en la fe, buenas raÃces?
La Cruz abierta de iglesias vacÃas,
es la luz del mundo, y mil poesÃas
que el Señor escribió por ti en su muerte.
¿Por qué idealizas un alma cerrada
a la fe, si sólo es huir en la nada
buscando en el Parnaso mejor muerte?
No me golpeo el pecho, Alberti, que me duele y siente; ni hago más señales en la frente que el tiempo me ha dado. Tu infinito mar, no borrará con tus versos el camino de Cristo. Busca a la pálida luz del faro donde hallar el alma, antes de que alcance la noche el destino de un poeta sin rumbo, en el mar de las tormentas.
-¡Pobre, pobre conciencia mÃa en el mal sumida! ¡Calla y sólo recuerda el bien de tus poemas, cantando lo mejor de tu Destino! Hay en la ventana de las estrellas una palabra: ¡Recuerda!
El dÃa de las elecciones de Franco, vi a D. Julián en la Pola de Gordón; disimulado y prevenido entre los tiempos de hacer y encender el pitillo, me dijo, entrecortando la voz y gestos apagados.
-Has votado en blanco. Ni contradigo, ni me conforma. No quiero contigo morir de mal de entrañas; existir por la fuerza es de mal gusto. Pero… -demos unos pasos para alejarnos de imposibles verdades y razones indiscretas-; quiero decirte que tu contradicción, bien superada está con los versos de Alberti, si mal no entiendo, y seguro que me hago un lÃo con las musas y el Parnaso. Has votado a Cristo, pues vale; el Arcipreste va a callar y todo arreglado.
-Amigo D. Julián; nunca inclinaré mi forma de pensar a la llamada causa del Movimiento; si me pegan con la piedra, que no me recen padresnuestros; eso vale para las almas muertas que no se duelen. Tenemos que aprender a olvidar las heridas calientes de aquellos tiros entre hermanos; que en el perdón de todos nos espera un mundo mejor.
-Mal te va a entender, dijo el Cura, los que no quieren comprenderte. Queda mucho rescoldo en la lumbre; sin que pases frÃo, procura arrimarte con cuidado. Y, bueno, pasaré después de estos dÃas por la fábrica, que tanto como a ti, hecho de menos el tabaco. Dentro de nada tenemos que organizar la fiesta del Buen Suceso y cuento contigo como de costumbre.
-Todo se andará –dije-, y sepa que mañana en el Preventorio me voy a sentir feliz con los niños, a quienes les voy a felicitar por todo lo alto que cabe en estos tiempos.
-A mi vuelta a la fábrica pensé en lo que podrÃa ocurrir, -y asà pasó-: ni más ni menos que diferenciarme con el insulto “fachaâ€, de llamarme “rojoâ€; pobre acusación de “cara al solâ€, hundido en los crestones de la blanca nieve. |
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prejub

Registrado: 13 Abr 2007 Mensajes: 1964 Ubicación: León
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Publicado: Sab Sep 13, 2008 6:16 pm Título del mensaje: Re: XV. Poeta y voto en blanco |
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| Cita: | | -Amigo D. Julián; nunca inclinaré mi forma de pensar a la llamada causa del Movimiento; si me pegan con la piedra, que no me recen padresnuestros; eso vale para las almas muertas que no se duelen. Tenemos que aprender a olvidar las heridas calientes de aquellos tiros entre hermanos; que en el perdón de todos nos espera un mundo mejor. |
Retomando de nuevo las andanzas de Dn.Julián, amigo Villarin, me quedo con este apartado, por ver que ultimamente hay gente que quiere volver a abrir esas mismas heridas... yo no. _________________
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VillarÃn
Registrado: 13 Abr 2007 Mensajes: 507
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Publicado: Sab Oct 11, 2008 1:59 pm Título del mensaje: XVI. Aquel enfermo que de tos morÃa |
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XVI. AQUEL ENFERMO QUE DE TOS MORÃA
El ama, la señora Candelas, dijo al antiguo monacillo, hoy pinche en la fábrica: Avisa al administrador que don Julián está enfermo.
Yo dirÃa, sin temor a ambigüedades, que la enfermedad de don Julián, era preocupación doliente del pueblo de Huergas. Todos se preguntaban, y todos hacÃan el mismo ruego: “Dios quiera que pronto le veamos en la Iglesiaâ€. Era como una letanÃa de rezos, y un afán piadoso de santa voluntad.
Encontré al Cura postrado en la cama entre sombras dilatadas, barba de plata, cara afilada, dormida energÃa y postura apagada. Saludó con sonrisa de tos, que retumbó entre paredes grises y mÃsticas estampas, como tambor destemplado.
-Nada, amigo; no tengo nada; he querido probar mis fuerzas y vuestras atenciones, [dijo], doliéndose según podÃa, con bondad un tanto irónica. El ama cuidaba de él con cara de monja afligida, imponiendo su cuidado con bondad doliente.
-Creo –decÃa el ama-, que esto sólo es una advertencia, pero mucho me temo, que cuando pase el achuchón, don Julián ha de volver a la andadas, dando gusto al mal que le tiene en la cama, que es ni más ni menos, que el maldito tabaco y el frÃo de las mañanas, con la manÃa de madrugar.
OÃdo con dudoso enfado por don Julián, refunfuñó con gesto mimoso diciendo:
-Todo puede cambiar en mÃ, ahora que empiezo a comprender la vida a la luz de la muerte, pero pienso señora ama, ahora que estoy atendido por el amigo administrador, que debes de cuidar de que no se queme el pote.
-A la salida del ama, estiró la mirada largamente. Jugó con palabras no sé qué contento y brillaron los ojos entre los pálidos dedos. Disimulé la impresión afectiva, hablando del tiempo, para volver a los ánimos de verdad con la mejor gracia.
-Se irguió –don Julián- hasta verse sentado y en esa postura de ternura patriarcal me señaló en la mesita la Virgen del Buen Suceso. Ahà la tienes –me dijo con grandeza de fe profunda-; ¡si no fuera por ella, a buenas horas estaba aquÃ! Pero tengo que hacer por mÃ. ¿Ves esa jarra antigua de cerámica? Es de mi tierra, Villablino, y con ella mido la medicación casera.
-Me hice el extrañado, y saliendo al paso me dijo con un tanto de misterio; (algo le postró, que obligó al silencio a poner caras de dolor y pena). La nueva sonrisa apareció como un misterio.
-Nada, hombre, no es nada. Y como te decÃa, esa jarra, es para el vino blanco, caliente, con azúcar. Cuando veo que la tos va a hacer (o sin hacer), de las suyas, mando al ama Candelas que prepare el medicamento mÃo, y no hace falta más para beber el vino poco a poco, que me hace sudar, dormir, y qué sé yo de remedios; el caso es que quedo como nuevo. No lo hay como lo natural. Si me fÃo del médico y su comprimidos, estoy más en el otro barrio que en éste.
El otro dÃa estuvo a verme el cura de Peredilla, preguntó por el motivo de la jarra, y al decirle que era para tomarme el jarabe recetado por el médico, me soltó de sopetón, que a ver si con un poco de suerte, se lo recetaba sin tos. ¡Tú no conoces a los curas!
“Volvà otro dÃa,
y el cura ya no era
aquel enfermo que de tos morÃaâ€.
El Cura era dispuesto en las atenciones, animoso en el decir, cumplido en el lamento; sólo él libre en la caridad y en el dolor. Cuando Huergas sollozaba, concentraba su risa como el mejor canto.
-Don Julián, -dije-, el pueblo de Huergas vive su mejor religión…
-SÃ, -contestó con rápida verdad-. Asà lo creo y agradezco; he sembrado en la Vega. Los muchos años de labor, forman o deforman los espÃritus en sus vivientes circunstancias. Me apunto sin vanidad, el mérito de que sus almas pobres de cuerpo sean fuertes ante el pecado, porque ya sabes que el peor mal de la pobreza es que embrutece el espÃritu y sin querer, no alcanzan a ver la gloria de Dios. Vivimos todos una misión sin Concilios; sin órdenes de Papas; es labor de un Cura, labor lo más evangélica posible, de poco decir y mucho hacer; aquà nos entendemos todos con las obras. Ante la Virgen del Buen Suceso, celebramos; en Los Mártires sufrimos la vida. Ahora –y bien lo siento-, por ser cura viejo tu bien sabes que les hago comprender la vida a través de la luz de la muerte.
En el libro que me dejaste el otro dÃa, del padre Faber –siguió diciendo son Julián-, leÃ, ni más ni menos cosas como éstas: “Todas las acciones de la vida son reparables, excepto la última; vivir en la idea de Dios es vivir aceptando la última verdadâ€.
-Claro, claro; ¿Qué importa guardar a “marcha martilloâ€, la devoción de los dÃas del precepto, las fiestas mayores y los “san martesâ€, si a pesar de tan manifiesta piedad, sigue el pueblo pobre de espÃritu? Si esto ocurre, yo cura, dudarÃa de la buena cristiandad. Nunca he predicado palabras de temores o ambiciones para acercarnos al Señor, cuando todos vivimos un poco el infortunio del pecado. Me gustarÃa redimir al rico de su riqueza, y al pobre de su pobreza, y para esto hay que tener o sentir –contra viento y marea-, ganas de rezar sin condiciones, para fortalecer el alma.
-Veo, don Julián, que sin fumar, tiene usted la mente más despierta que un teólogo o un predicador, juntos en la misma misión.
-Agradezco tu observación –dijo-, pero sepas y habrás oÃdo, que no se debe nombrar la soga en casa del ahorcado. ¡Dichoso tabaco!
-Y cambiando de tema –dijo el Cura de Huergas-, ¿cómo medimos los pasos de las hijas de MarÃa?
-En mi caso -don Julián-, hay soga para rato, pero no hay ahorcado. Me gusta lo platónico y danzar alrededor de las ilusiones del todo y de la nada. La intriga amorosa de Eros o Cupido, no ha llegado a situarme ni en serio, ni en verdad. Como no he hecho votos de solterÃa, un dÃa bailaré a la vida según la tabla de la Biblia. De usted -don Julián-, he oÃdo decir, que el signo de la perfección, anula las posibles presunciones.
La despedida llegó entre deseos y promesas de convalecencia. El Cura de Huergas me anulaba las prisas, en la convincente idea de disgustarse si le dejaba en aquel momento solo. HabÃa llegado la hora de la jarra de Villablino con sus piscolabis, y mano a mano tomamos el vino acompañado del famoso jamón, que tan buena fama habÃa dejado en las manos del ama y voluntad del Cura. Justa alabanza de curas y seglares en la fiesta del Buen Suceso, que como invitados, haciendo abuso de gula, ironizaban haber comido como “curasâ€.
-Conozco a todos –dijo don Julián-. Este año, como no sepan reconocer mi debilidad alegre y festiva, ni doy licencia de festÃn, ni hay jamón; sobre pocas costumbres buenas perdura la vergüenza, y entre nosotros los curas se encubre y desfigura, por eso de que a cada bocado invocamos y alabamos el nombre del Señor. Si alguno pregunta si hay o no jamón, diré que sÃ, pero “pa este curaâ€, que quiere reponerse de los achuchones, y que además, primero es el amador que el amado.
Digo yo, –añadÃ-, que tendrá que ponerse de acuerdo con el ama, que tal vez la vanidad de la justa alabanza, la hace tirar la casa por la ventana. Y digo yo, -volviendo a comer en el recuerdo-, que algo habrá que celebrar a la vuelta del pastor Antón. Y si vuelvo a decir digo, son tres veces, que todo corre de mi cuenta, con pan blanco, queso trashumante y vino de la Nava, servido en la jarra de Villablino.
CuÃdese bien. Debo volver a dar una vuelta por la fábrica y ya en espera de su visita. Y dirigiéndome en despedida al ama, dejé encargados para don Julián, los mismos cuidados que tuvo con Sancho el Dr. Pedro Recio de Agüero; ahora bien le estaban “las sopitas y buen vinoâ€. |
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Yosco

Registrado: 14 Abr 2007 Mensajes: 2265 Ubicación: Leioa (Vizcaya)
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Publicado: Sab Oct 11, 2008 6:48 pm Título del mensaje: |
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Ya echábamos en falta al cura Don Julián de Huergas, que hoy se nos presenta un poco pachucho, pero siempre reflexivo y filosófico, siempre con una enseñanza en la mano y, como asegura él, en el ejemplo. Muy entrañable y precioso.
Salud. |
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VillarÃn
Registrado: 13 Abr 2007 Mensajes: 507
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Publicado: Sab Oct 18, 2008 4:25 pm Título del mensaje: XVII. Don Julián de camarero en el cielo |
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XVII. DON JULIÃN DE CAMARERO EN EL CIELO
Las narraciones aunque de prisa, no siguen al tiempo. A cierta edad se escapa agarrado a las nubes de otoño. Asà ocurrÃa con don Julián, que contaba el tiempo como una vÃspera del dÃa acabado. Su vida era un jalón en las fiestas mayores y éstas se sucedÃan como cuento de risa. Un año más y llegó la fiesta de El Buen Suceso. Los mismos curas, el mismo predicador Agustino, el mismo don Julián, el Cura de Huergas. El mismo… pero diferente. “Cuando lo humano empieza por mirar al suelo, hay una marcha atrás que quiere subir al cieloâ€. Me pareció que aquel año, los sermones tomaban fuerza vocacional señalando al espÃritu con los dedos cruzados. El mismo Arcipreste, dormÃa a los feligreses con bostezos descuidados. Los confesionarios fingÃan buhardillas hundidas por lo pecados, a malas penas alumbrados con las velas de chisporreteo viejo.
El Cura de Huergas, sentÃa como nunca la gratitud cristiana, dando como socorro, lo que por necesidad pedÃa. Ante la Virgen del Buen Suceso, curas y predicadores bendecÃan las almas de “derechasâ€, alabando a las almas de “izquierdasâ€, las almas pobres, con prioridad de paso, hacia el camino del cielo.
Sólo don Julián lloró la canción de la palabra en la verdad de Cristo. Aquel año en el sermón de turno –según juicio del TÃo Cañete-, dijo verdades como puños; a nuestro Cura no hay quien le meta mano, y que esto ocurra muchos años.
-Yo le oà decir: “Nuestra Señora es del Buen Suceso, porque en los momentos de abandono espiritual, nos enseña a conocer a Cristo en el breve espacio de nuestra vida. Para la Virgen y para Cristo, la única novedad, no la razón, está en que cada corazón sepa diferenciar en alabanza, el bien del mal. Si el pan lo hacemos con egoÃsmos, y la escalera penosa de subir, difÃcil conseguiremos la promesa, y absurda la razón humana de contemplar al mundo espiritual.
Por algo el Cura de Huergas preparaba con tanto amor y devoción a la Virgen del Buen Suceso, su mejor decir al pueblo de Huergas, sin olvidar en su misión sacerdotal, su inmenso sentido humano; por correspondencia bien podrÃa decirse: de tal Cura, tal pueblo.
Hubo un silencio del Cura, y mil miradas al mismo Cura, cuando dirigiéndose a la Virgen dijo: “Nada he de preguntarte, mi Virgen y Señora; te sentiré en los rincones de mi vida y de este pueblo, para verte en lo más alto del alma, antes de que se otoñe para siempre esta sotana. Probaré la dicha de estar cerca de Ti, con sabor de muerte injerto de dolor y de alegrÃa; nuestros años, como números contados, seguirán sumando hasta que se acabe el tiempo. ¡Dame tu fe, para no sentir el pobre desamparo de la existencia y se haga la voluntad de Dios!â€.
Fui a ver al TÃo Cañete que permanecÃa acurrucado, como se acurrucan los rincones; sonreÃa haciendo garabatos fingidos con el bastón para decirme: “Ya se lo decÃa yo; y de aquà no me muevo, de junto a estas velas, hasta que deje de pensar en la verdades que ha dicho nuestro Cura; nunca creà que me ganaran estas pocas lágrimas y es que pienso que esto sólo ocurre cuando uno se va apagando, y… el Cura, ahora, precisamente ahora, se apaga…
Al colorido de la fiesta religiosa, correspondÃa la aportación pagana en todo su esplendor. El mundo gira en la vida con encanto espiritual y dimensión humana; imagen un tanto rara de pasión y miedo; de amor y esperanza.
La pequeña campana de la ermita tocaba a misa primera a las siete de la mañana; acudÃan las madres de los hijos muertos, los hijos de las madres muertas, los afligidos, los que iban a ver a Dios; volvÃa tocar a misa segunda a las nueve; hacÃan presencia los de la fe rutina, los que al paso descargaban la conciencia costumbrista; los que a gusto pasaban el dÃa empezando con la buena obra; los que querÃan que Dios los viese. Y a las doce, la pequeña campana repicaba con alborozo como llamando al verdadero mundo. ¡Oh vanidad del repicador, amigo de fiestas! A ella iban los de los trajes nuevos, las siempre mujeres de punta en blanco, la sociedad de cotilleo, romeros de baile y merienda; los que querÃan que les viese todo el mundo y ver a Dios, para otro dÃa.
En la ermita, olor a velas torcidas de pabilos chispeantes y voces en el canto de hojas secas en torbellino. En la pradera, tortillas y cantares; andares de risa y sentarse a gusto. Más tiempo para el romero de un dÃa al año, que para el creyente desplazado de buena fe. Por eso que los toques de campana, se apagan en el romance de la dulzaina y el tambor. Seguro que la Virgen en su milagro haga capaz de crear más fe, a través del pan y del vino para andar el camino; son bellezas del alma que se ensalzan, para sentirse en los rincones del cuerpo. Curas y romeros, campanas y dulzainas, la misma nota del espÃritu; la misma comunión en la buena obra. En el rosario de despedida, las mismas gracias a la Virgen dadas por el Cura don Julián: “Tú, Virgen del Buen Suceso, guÃanos como hijos buenos un año más, en esta santa alegrÃa. Para que no se apague la lámpara, cuida de este humilde curaâ€.
En el ágape volvió a salir el jamón más abundante que nunca, el queso del pastor Antón, el buen vino de la Nava y el pan blanco. En un aparte, don Julián me dijo: “A estas alturas he pensado que es mejor saber olvidar que aguantar el dolor del arrepentimientoâ€. Todo sea por el contento de la Virgen del Buen Suceso. -El ama señora Candelas, dijo: “¡Que buen papel harÃa de camarero en el cielo!â€.
Viendo que el ama sonreÃa meditó, pegado por un rato sin dar un paso, para decir señalando con el dedo: ¡Ves, ves, ama Candelas! De no haber habido sonrisa, hubiera habido morro a la vista y hocico en el alma; el que da lo que le falta, duerme de espaldas. No tenemos hambre y hemos saciado la sed. Asà se ve mejor y se celebra el Buen Suceso de la Virgen. Al año que viene, Dios, dirá. |
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Yosco

Registrado: 14 Abr 2007 Mensajes: 2265 Ubicación: Leioa (Vizcaya)
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Publicado: Dom Oct 19, 2008 10:46 pm Título del mensaje: |
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LuÃs Lobo, con su acostumbrado estilo, se recrea en las estampas costumbristas que tan cerca de la infancia nos quedan a muchos. Me ha encantado esa perspicacia para hacer critica social sin ofender a nadie, subrayando la profunda humanidad del cura don Julián y sus sentencias y reflexiones en los que va apoyando con indudable brillantez su relato. ¡Una delicia y un hermoso regalo esta primicia! Vuelvo a pensar que merecerÃa la pena impulsar la publicación de ésta y otras obras de nuestros autores...
Salud. |
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VillarÃn
Registrado: 13 Abr 2007 Mensajes: 507
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Publicado: Sab Nov 08, 2008 2:28 pm Título del mensaje: |
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XVIII. LOS HUIDOS DEL MONTE
La vida en la fábrica tenÃa su encanto, por la monotonÃa de su existencia; era cuestión de costumbre conformar el ruido acompasado de la turbina, resultando anormal la conducta del silencio en las paradas de trabajo. Nada alteraba la placidez monótona, que dejaba para el tiempo sin raros sobresaltos ni falsas emociones. Resultaba un alivio desconocer la responsabilidad del propio destino.
Dijo Madariaga: “Largo alarido, como de alma en pena, vino a quebrar la paz de la idea viva, convirtiendo el espÃritu sereno, en tanta guerra, tanta sangre y tanto cienoâ€.
Surgió en los años seguidos a la guerra el derecho a la subsistencia –por temor a perder la vida-, de una parte de vencidos que acorralados huyeron al monte. Por necesidad se quiebran los derechos; la necesidad, carece de ley. Asà quedó establecido durante años un nuevo frente denominado, huidos al monte y fuerzas vencedoras; una algarada de caza al hombre que huye, por los hombres cazadores, que no concibieron el puente de plata, para en el perdón rescatar hermanos.
El autor de “La vida es sueñoâ€, por boca de su protagonista Segismundo, dijo que el hombre preso, en su justa ambición de libertad, era “un hombre entre las fieras y una fiera entre los hombresâ€.
Asà robaban cuando podÃan y mataban sin remedio; no cabÃa otra alternativa si querÃan subsistir; la impotencia pública al margen de cualquiera acción, representaba la alarma visionaria, callando a la vez el castigo o el perdón.
Y ocurrió, que las fuerzas de la Guardia Civil de Villablino (tierra de nacimiento del Cura de Huergas), habÃa detectado en el monte un comando de huidos, que tenÃan proyectado llevar a cabo un golpe atraco a la fábrica de harinas de La Pola de Gordón. Todo un secreto a voces de la fuerza pública, que infundió temor y angustia durante mucho tiempo, con espejismos de imaginaciones calenturientas. ¡Adiós monotonÃa del ruido de la turbina! Cada ruido sin ritmo, era un sobresalto; todas las sombras eran humanos armados en plan atraco. En los comentarios públicos intervenÃa don Julián, que restando importancia al caso, me dejaba liso y llano, convencido de que allà no podÃa pasar nada de nada.
Por lo que pudiese ocurrir, yo, el administrador, habÃa tomado mis precauciones personales, ante la acción posible armada, y ante la responsabilidad de la acción por parte de la Gerencia; lo primero, evitar daños fÃsicos, y lo segundo evitar los más posible la cuantÃa del robo. Pero el ambiente era de una imaginación tensa. Apenas anochecÃa, las sombras tomaban realidad de cuerpo, y los espejismos hacÃan temblar al más pintado.
Hubo un dÃa –tal vez por esas depresiones nerviosas de circunstancias-, que mi conducta era propia de una monomanÃa de persecución. Abatido y obsesionado, me olvide con fuerzas de indiferencia. Mi ánimo volvió a juzgar la posible verdad de lo que ocurrÃa.
Volvió don Julián a intervenir, concediéndome como confesor una rara confianza. ArgüÃa con doctrina de Cura viejo lo ya oÃdo en él otras veces: “Si las cosas no tienen remedio, ¿por qué apurarse?; y si lo tiene, absurdo es el apuro; además –me aseguraba con fuerza de consejo religioso-, las manÃas nerviosas y los temores infundados, se acercaban al pecado, ya que sólo en el temor a Dios, se salvaba el destino.
Por aquellos dÃas cundió el temor con más fuerza. El pagador de la empresa Hullera Vasco Leonesa de Santa LucÃa, habÃa sido asaltado en el monte, al tiempo de proceder al pago de los salarios de los trabajadores de la empresa, llevándose los “huidos del monte†como botÃn, el total de la nómina, sin actos de violencia ni oposición.
La Guardia Civil redobló la vigilancia sobre la fábrica de harinas, controlando dÃa y noche mi situación personal. El ambiente de inquietud, cundió en los trabajadores de tal forma que, una noche alarmados, confundieron una cabra perdida del rebaño en los alrededores de la fábrica, por un huido armado con dos fusiles –cuernos-.
VolvÃa a la carga con toda tranquilidad el Cura de Huergas, oponiéndose a creer en los colaboradores de los pueblos para ocultar a los huidos, y castigaba públicamente las formas del castigo, oponiéndose a las batidas de los montes, como si de alimañas se tratase. Y preguntaba, ¿quiénes son los malos, los perseguidos o los perseguidores? SeguÃa afirmar que toda actitud contraria al perdón, es contraria al amor de Dios. Me parece –seguÃa-, que nada menos que Unamuno ha dejado escrito –medio confesional, medio ateo-: “SÃ; he procurado siempre obrar bien, y el bien que haya podido hacer a los demás, me ha merecido la gracia de volver en mÃ, en despertarâ€. ¡Buen juicio, buena verdad, para tranquilidad del alma! Todo lo demás es violencia, falta de perdón, provocación a la defensa y odio de otros tiempos que debemos de olvidar. ¡Alarmas para rematar una idea! Creamos –decÃa el Cura-, “fugit irreparabili tempusâ€; huye el tiempo irreparable.
Buenos latines del Cura de Huergas, sin sacar la procesión de dentro. Con cierta confianza de la soledad que sabe hablar a su medida y forma, me dije: “Casi creo a don Julián, pero estoy viendo la luz que me ciega y temoâ€.
… ¿por qué voy a pedir a Dios ayuda,
si estando en mÃ, nada sé de mi ser?
¡Que al Cura de Huergas no le tiren de la sotana, y el tiempo se encargue de traer la paz y el orden a todos, que éste mal no durará cien años! |
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prejub

Registrado: 13 Abr 2007 Mensajes: 1964 Ubicación: León
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Publicado: Sab Nov 08, 2008 4:04 pm Título del mensaje: |
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| VillarÃn escribió: |
VolvÃa a la carga con toda tranquilidad el Cura de Huergas, oponiéndose a creer en los colaboradores de los pueblos para ocultar a los huidos, y castigaba públicamente las formas del castigo, oponiéndose a las batidas de los montes, como si de alimañas se tratase. Y preguntaba, ¿quiénes son los malos, los perseguidos o los perseguidores? SeguÃa afirmar que toda actitud contraria al perdón, es contraria al amor de Dios. Me parece –seguÃa-, que nada menos que Unamuno ha dejado escrito –medio confesional, medio ateo-: “SÃ; he procurado siempre obrar bien, y el bien que haya podido hacer a los demás, me ha merecido la gracia de volver en mÃ, en despertarâ€. ¡Buen juicio, buena verdad, para tranquilidad del alma! Todo lo demás es violencia, falta de perdón, provocación a la defensa y odio de otros tiempos que debemos de olvidar. ¡Alarmas para rematar una idea! Creamos –decÃa el Cura-, “fugit irreparabili tempusâ€; huye el tiempo irreparable.
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Ya echaba de menos los relatos de Don Julián, amigo Villarin, y sÃ, los echaba de menos por la enseñanza que nos está dejando, para un mejor conocimiento de aquellos tiempos, que hoy a golpe de demagogias, solo nos las dejan para su propio provecho a costa de los medios de información afines al poder.
Si he dejado en la cita este apartado de este relato muy vivo, simplemente es por las preguntas que nos debemos hacer a nosotros mismos. _________________
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VillarÃn
Registrado: 13 Abr 2007 Mensajes: 507
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Publicado: Sab Nov 22, 2008 7:31 pm Título del mensaje: XIX. Domingo de resurrección |
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XIX. DOMINGO DE RESURRECCIÓN
El tiempo pasaba en la paz de los viejos robles; en la paz de la verde primavera. VolvÃa el ritmo monótono de la turbina a su romance del trabajo; el tiempo marchaba descalzo a esconderse detrás de sà mismo; el inquieto pasado se hundÃa en los cielos de las montañas, y se empezaba a entender que el hombre ha de ser bueno.
La campana repicaba por todo lo alto, cantando alabanzas al Cristo resucitado. ¡Cuánta naturaleza cargada de espiritualidad! Era el Domingo de Resurrección, el dÃa de don Julián, los ecos de la campana y de los cohetes de “pin, pan, pumâ€, rompÃan en los chopos de la Vega y en los Sierros del Millar. Los robles amanecÃan en su verde negro; salpicados de musgo los calizos, fingÃan exotismos caprichosos. Un dÃa como para sentir en los rincones de la vida, lo más alto del alma. Como para decir al Cura de Huergas: ¡Déjame tu fe, para subir a la montaña!
Cada testigo pluraliza sus creencias, pero siempre es preferible la actualidad dogmática de estos tiempos de buen ejemplo y mejor consuelo, a reconocer una inhabilidad con orden de bula y castigo de excomunión. Ni los Duques de Lerma, ni los Papas Paulos V, pueden predicar catolicismos de gracia y favor del pobre reino de Dios, acumulando riqueza en el mundo de los fuertes.
Todo esto viene a cuento, evocando la fiesta del Domingo de Resurrección, bajo la solemne doctrina del Cura de Huergas de Gordón. Sin tanta tos, ni tanto tabaco, se daba como prisa en comunicar sus anhelos sacerdotales, y me habÃa prometido en lo pagano, un piscolabis del “Señor y muy señor mÃoâ€, y en lo religioso, una homilÃa que, con un poco de su té habÃa de igualar a las de San Juan Crisóstomo; todo con traje de fiesta mayor; teja de tenerse sola, sotana a estrenar y zapatos para estar sentado.
DecÃa el tÃo Cañete por viejo, y el pinche antiguo monacillo, que el Domingo de Resurrección, era un dÃa de esos que daba gusto vivirlos, por la buena misa, el chorizo del puchero y los trapos nuevos a estrenar. Huergas, se adornaba con flores y romeros de la Carba, y la fuente de la peña salpicaba las casas como bendición del cielo.
En la iglesia brillaban los candelabros; las doradas barras del palio, enhebraban telas bordadas, que salÃan de las arcas viejas para vestir a la fiesta de solemnidad religiosa. Los cantos del coro rasgaban el concierto de los siglos como las hojas de los castaños los dÃas de otoño. La anunciada homilÃa, habÃa despertado en mà el buen deseo de volver a oÃr la novedad religiosa de don Julián. En su momento el púlpito fue mirada, fue silencio; la casulla y el alba compusieron un tanto los nervios del Cura de Huergas, que en voz tibia, un tanto cascada, empezó diciendo:
-Queridos todos en el Señor: quiero enteraros con pesar para todos, de que la vaca Pastora del tÃo Benito, murió anoche; como de costumbre hacemos, es nuestra obligación cristiana hacer el bien que cada uno pueda y que para vosotros deseáis; seamos una vez más, todos para uno, y uno para todos; siempre me habéis entendido, mejor en este dÃa que celebramos la Resurrección de Cristo. Pausa, carrasperas, acomodo y un poco de ironÃa contagiosa.
-Sabéis –queridos hermanos-, que ya son cuarenta y tantos años que me dirijo a vosotros desde este púlpito, este dÃa de solemne religiosidad; (el brazo derecho ascendÃa en signo de grandeza espiritual). Si alguno de vosotros me preguntara si estoy contento, responderÃa siempre sÃ; de tal manera, que si volviera a nacer, Cura volverÃa a ser para estar con vosotros en esta misma y querida iglesia; con los Santos Mártires del Millar; con Nuestra Señora del Buen Suceso. ¿Sabéis por qué? Porque como dicen los versos del poeta amigo de todos vosotros, cantando al pueblo de Huergas:
“… Hacemos escaleras de tierra en la montaña,
y nudos en el rÃo,
soñando en los caminos del marâ€.
Y yo os puedo decir –queridos en el Señor-, como Cura vuestro, que siempre rezo por conseguir para todos vosotros el bien de la paz, como realidad cristiana; el perdón como caridad espiritual, y buenas obras en la fe, como virtud divina. No entendéis –ni yo tampoco-, de Concilios, ni de teologÃas predicadas, mal entendidas y peor realizadas –ni falta que hace-; basta la voz del Señor bien comprendida, para saber juzgar cristianamente, lo que es dolor del prójimo, y lo que es gracia de conciencia. Por parda que sea esta sotana, siempre representará este Cura con más verdad en el ministerio de sacerdote, que esos pantalones que dicen los Curas de Roma.
No seáis públicos pecadores; sufrir el pecado en el temor a Dios, y separar –para reposo del espÃritu-, el bien del mal. Nuestra Señora del Buen Suceso, en vuestra humildad os librará de las tentaciones y, -me importa mucho, hermanos-, que juzguéis por mÃ; mi espÃritu aparentemente sereno vive preocupado por el temor de ofender, sin equilibrio del tiempo, y rogad por esta pobre salud de viejo, para hallar alivio del alma en vuestras obras.
Hoy debemos ser cristianos perdonando, como nosotros quisiéramos que nos perdonasen. Basta de enemigos; ya está bien que se sientan vencidos, y me refiero a esos pobres que por temor, han de vivir en el monte. ¡Que vuestro perdón les dé confianza en la vida! Que tengan libertad, y ellos mismos se entregarán, agradecidos a vuestra misericordia. Hoy Cristo, camino del cielo os dice, que hagáis a esos hermanos el puente de plata. Esta justicia está diciendo que “el que tiene un mal pronto, llega tarde a ser buenoâ€.
En la bendición, el sol de la ventana del verde abril, hacÃa brillar la cabeza de canas vestida del Cura don Julián.
Si oportuna y locuaz fue la homilÃa, no menos sabroso fue el jamón del ágape. Aceptó con placentera sonrisa emular los sermones de Bossuet, y hubo un recuerdo especial para el pastor trashumante, el amigo Antón. |
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VillarÃn
Registrado: 13 Abr 2007 Mensajes: 507
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Publicado: Sab Nov 29, 2008 3:13 pm Título del mensaje: xx. ¡Qué bien va a terminar este dÃa! |
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XX. ¡QUÉ BIEN VA A TERMINAR ESTE DÃA!
El Cura don Julián de Huergas de Gordón, se sentÃa viejo de los pies a la cabeza; sin calor del cuerpo y fiebre de espÃritu. Todo una sombra de la vida, como añoranza arrugada en el paso inexcusable del tiempo; sombra donde todos nos unimos en la misma cita de amor y muerte; sólo un pretérito de la vida, para revivir en el por qué, las tardes se hacen lentas en el alma.
Llegó el dÃa de la inmensa curva, del balanceo de los rincones. Don Julián más blanco, más frÃo; sombras y ansias de esperanza; tarde de ideas en medio del silencio conteniendo las palabras, para pensar y rogar a Dios. Se hundÃa el sol por Los Barrios, en la curva del horizonte, y lloraba el tÃo Cañete, sin saber que era el llanto, la sentencia solemne de la buena muerte del Cura de Huergas.
Hoy un hombre, el monacillo de ayer, escondÃa el dolor tras los ruidos de la turbina; virtud de la fuerza del hombre que empieza. ¡Qué viva expresión de dolor, oyéndole decir con la cabeza baja: “Don Julián ya no está pa bromas…â€!
En el silencio de la vuelta nadie me oyó decir lo que el dolor me dijo:
“Es la vida doliente primavera;
y una gracia de Dios, será la muerte.
¡Si vida es morir con fe, Dios lo quiera…!
Los Curas del Concejo se mostraron a don Julián entre sombras piadosas, sin más ruido que la lenta tos agonizante; los labios sin color con ansias de decir y las manos apretadas al Crucifijo que tantas veces rezó en el perdón de todos.
A las palabras litúrgicas del Cura de Peredilla, siguió la confesión en el silencio de las velas de pabilo tembloroso. Bajo la enredadera oscura de la puerta, Huergas entonó la oración más sentida. Allà estaba de rodillas el tÃo Cañete, diciendo adiós a su cura, con chiribitas cansadas, semejando la figura de mármol, que ensaya la oración eterna.
Sigo creyendo que el Cura de Huergas no ha muerto, y asà viviré mientras me vaya muriendo.
El ama, serena en el dolor, me entregó unos versos póstumos de don Julián diciendo:
“¡Qué bien va a terminar este dÃa
que tan mal principio tuvoâ€!
Aquel dÃa de hojas secas en torbellino y nubes otoñales en el silencio, repetà los versos que sólo el alma oÃa:
“Doblan las campanas por el ayer
del Cura. Hoy el mundo se va lejos;
los muchos cirios que en la noche murieron
se van contigo. ¡No has muerto en la fe!
El pueblo del viejo y el monacillo
elevan doliente sus oraciones;
en la gloria de la Cruz…, Dios te espera. |
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Yosco

Registrado: 14 Abr 2007 Mensajes: 2265 Ubicación: Leioa (Vizcaya)
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Publicado: Sab Nov 29, 2008 6:16 pm Título del mensaje: |
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Queda un poso de tristeza tras el final del cura de Huergas, don Julián, en las palabras de su amigo y escritor Luis Lobo. Las páginas siguientes, en blanco, ya llenarán la eternidad.
Hay algo que no sé si serÃa posible; estoy pensando en la posibilidad de conseguir algunas fotografÃas de Luis Lobo y de don Julián y poderlas poner al comienzo de este relato, al final o en alguno de los capÃtulos transcritos.
La segunda reflexión, ya expresada en otros momentos, es la de hacer posible la publicación de esta obra, juntamente con la de otros autores dados a conocer en este foro, de los que se conserva obra escrita, para su reedición, presentación, divulgación en el concejo y llegada a las estanterÃas de las bibliotecas y centros escolares. Tal vez el motivo de las fiestas patronales de cada pueblo del Ayuntamiento pudiera ser aprovechado para introducir en el programa festivo actividades de esta naturaleza y otras similares que me gustarÃa proponer.
Lo dicho, aquà la primicia ha sido todo un lujo y un motivo de orgullo para quienes leemos y escribimos en el foro. Pero no deberemos contentarnos sólo con ello y propongo la idea de establecer contactos con el Ayuntamiento para trasladar ésta y otras sugerencias. Si el Ayuntamiento nos respaldara con su infraestructura y recursos económicos, ¿tendrÃamos inconveniente en colaborar y participar? Hago la pregunta. Mi respuesta personal es que podrÃan contar con mi trabajo de manera incondicional.
Salud.
Ultima edición por Yosco el Mar Dic 02, 2008 3:17 pm; editado 1 vez |
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prejub

Registrado: 13 Abr 2007 Mensajes: 1964 Ubicación: León
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Publicado: Sab Nov 29, 2008 6:34 pm Título del mensaje: |
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Amigo Yosco es muy comprensible lo que pides, pero viendo que la participación en el foro està casi en mÃnimos o más bien, seguimos los de siempre, no sé si servirá de mucho, pero pensando que también hay visitantes anónimos, algo podrá quedar y si lo expuesto en estos lugares sirve para algo, bienvenido sea en bien de nuestro municipio.
Entrando en el tema de este apartado, dar las gracias a nuestro amigo Villarin y especialmente a Luis Lobo.
No sé cómo explicarlo, pero cuando algo se acaba (como es el caso), parece que es algo muy tuyo lo que también se acaba. _________________
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VillarÃn
Registrado: 13 Abr 2007 Mensajes: 507
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Publicado: Sab Nov 29, 2008 9:27 pm Título del mensaje: XXI. Epitafio |
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XXI. EPITAFIO
Aún permanecÃan encendidas las lámparas sobre la cruz de piedra; la noche quedaba sola en el llanto de las estrellas. SerÃa entonces cuando en la tumba del Cura Don Julián, fue depositada una corona trenzada de acebo, hojas de roble y fresco helecho. En la cruz de palo de avellano, una inscripción de barro decÃa: “RUEGA POR NOSOTROSâ€.
¡Quién sabe si aquella noche, hizo camino de vida, la Virgen del Buen Suceso!
…
"De la braña o del valle es tu camino.
No te pares a pensar en la muerte caminante:
¡En Dios está tu destino!"
FIN
Para quienes estén interesados en conocer algo más de la vida y obra literaria de don Luis Lobo GarcÃa (1917-1992), en su mayorÃa inédita, os remito al blog de su paisano Alfio Seco, a saber: http://blogs.orange.es/sanromandehornija, donde aparece una fotografÃa del autor del cuento El cura don Julián de Huergas. AquÃ, en nuestro Rincón Literario, podéis ver su poema Tierra de mis mocedades. |
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LEGIONENSE
Registrado: 13 Abr 2007 Mensajes: 1991 Ubicación: LEÃ’N
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Publicado: Dom Nov 30, 2008 2:26 am Título del mensaje: |
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-Algo queda en nosotros despuès de la magnìfica obra en entregas por parte de Villarìn sobre el cura D. Julià n, cuanto desearìa que nunca se acabase esa historia y de alguna manera la haremos estar entre nosotros en la memoria y en el escrito , gracias por dar a conocer este capìtulo de la vida de gordòn y de los gordoneses.
-Cualquier iniciativa es và lida para que se publique y se de a conocer este y otras historias , leyendas....por parte de quien mas medios tiene para ello, el ayuntamiento, estamos en ello....saludos. |
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