�ndice del Foro  Comarca de Gordón Comarca de Gordón
Tu Foro de consulta y opinión
 
 F.A.Q.F.A.Q.   BuscarBuscar   Lista de MiembrosLista de Miembros   Grupos de UsuariosGrupos de Usuarios   Reg�streseReg�strese 
 PerfilPerfil   Con�ctese para revisar sus mensajesCon�ctese para revisar sus mensajes   ConectarseConectarse 

Una conferencia en La Pola, en 1923. El problema...

 
Publicar Nuevo Tema   Responder al Tema    �ndice del Foro Comarca de Gordón -> Apuntes para la Historia de Gordón
Ver tema anterior :: Ver siguiente tema  
Autor Mensaje
Villarín



Registrado: 13 Abr 2007
Mensajes: 512

MensajePublicado: Jue Sep 13, 2007 12:23 pm    T�tulo del mensaje: Una conferencia en La Pola, en 1923. El problema... Responder citando

En un artículo publicado por Emilio Gancedo, en el Diario de León del día 22 de agosto de 2004, titulado “Los primeros regionalistas”, entre otras interesantes cosas, se lee esto:

“Una conferencia en La Pola de Gordón en 1923

Otro de estos documentos, que revelan el sentir mayoritario del territorio a principios del siglo XX, es una crónica aparecida en la prensa provincial sobre una conferencia pronunciada en La Pola de Gordón en diciembre de 1923. La charla llevaba por título El problema regionalista, y la ofreció Antonio Álvarez Robles, "joven doctor en Filosofía y abogado". En ella, y siguiendo la citada crónica, se preguntó al público qué opción autonómica preferían: “siendo el resultado del escrutinio el siguiente: León capital de región, 79; León con Galicia, 2; León con Asturias, 37; León con Valladolid, 3”. El mismo orador muestra sus simpatías por León solo, aduciendo que es “solución útil y decorosa”. La charla se basa, además, en la utilidad del sano regionalismo y la descentralización.

Como escribe el periodista (nos dice Gancedo), “el orador ha prolongado su disertación desde las seis a las ocho y cuarto de la noche, terminando el acto en medio del mayor orden y entusiasmo ante el nuevo movimiento regionalista aquí iniciado”
.

¿De dónde era natural Antonio Álvarez Robles? ¿Gordonés? No lo sé. En su bibliografía he encontrado lo siguiente:

-Por la paz de los espíritus. Política y políticos, Palencia, 1930, Imprenta Afrodisio Aguado. 258 páginas.

-Derecho Social. Agraria de Palencia. La reforma agraria española, conferencia, Palencia, 1932, Impresa por la Imprenta de la Federación Católico-agraria, 95 páginas.

-Prólogo al libro escrito por Juan Vallet de Goytisolo: Hipoteca del derecho arrendaticio especialmente de empresas y locales de negocio, Madrid, editorial Revista Derecho Privado, 1951.

Y no va más, sino un abrazo,

Villarín
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado
fontañan
Invitado





MensajePublicado: Vie Sep 14, 2007 12:01 am    T�tulo del mensaje: Responder citando

Hola Villarin, para tu información, te diré que Antonio Alvarez Robles, nació en Pola de Gordón, hijo de Don Julián Alvarez Miranda y de Doña Carmen Robles y hermano pequeño de Sor Emerenciana de San Francisco. Fué notario de Madrid y diputado de la CEDA.
Volver arriba
Villarín



Registrado: 13 Abr 2007
Mensajes: 512

MensajePublicado: Vie Sep 14, 2007 12:41 pm    T�tulo del mensaje: Responder citando

Amigo Fontañan:

Después de saludarte, te doy la bienvenida a este Foro y mucho te agradezco la buena información que nos aportas sobre don Antonio Álvarez Robles, que nos permite fijar su pertenencia gordonesa y su linaje, así como su actividad profesional de Notario.

En cuanto me sea posible, tendré mucho gusto en traer aquí el prólogo escrito por don Antonio al libro señalado del Académico de Número Excmo. Sr. D. Juan Vallet de Goytisolo (Barcelona, 1917), también notario de Madrid (1949-1987), y Presidente de la Real Academia de Jurisprudencia y Legislación (1994-1999), gran jurista, que felizmente aún vive, lo que nos permitirá conocer, con dicho prólogo, algo de la obra y pluma de nuestro distinguido paisano.

Muy cordialmente,

Villarín
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado
Villarín



Registrado: 13 Abr 2007
Mensajes: 512

MensajePublicado: Jue Sep 20, 2007 1:54 pm    T�tulo del mensaje: Algo más sobre nuestro paisano D. Antonio Álvarez Robles Responder citando

Algo más sobre nuestro paisano D. ANTONIO ÁLVAREZ ROBLES

El proceso estatutario castellano y leonés, en los años de la II República

En los días que siguieron a la aprobación del Estatuto de Cataluña, a finales del verano de 1932 "renació nuevamente el interés por el regionalismo castellano-leonés (...) Este interés surge no sólo por una cuestión de mimetismo ante el caso catalán, sino también por la existencia de una conciencia, que debates anteriores se preocuparon de resucitar y avivar.

El apoyo constitucional a tales aspiraciones era un importante aliciente que no existía en junio y julio del año anterior. En consecuencia era oportuno dar los pasos necesarios para conseguir el respaldo legal autonómico con la elaboración del Estatuto de Castilla y León.

En octubre de 1932 existían tres posturas a este respecto: quienes en la polémica antiestatutaria de Cataluña pedían la supresión de cualquier intento autonómico regional con un criterio unitarista, los que pretendían la elaboración de un Estatuto idéntico al catalán con las adaptaciones pertinentes y los partidarios del “regionalismo sano”, inspirado y fundamentado en el Mensaje y en las Bases de 1918 y 1919, que constituían la mayoría de los tres sectores.

Las pretensiones de estos últimos se cifraban en obtener una autonomía regional en un breve plazo que permitiere mejorar la situación de Castilla y León y posteriormente incorporar competencias hasta configurar una autonomía político-administrativa dentro de la unidad y la integridad de España. La iniciativa en esta ocasión correrá a cargo, principalmente, del Norte de Castilla, apoyado por las opiniones del Diario de León, que siguió defendiendo la idea de una autonomía regional y la necesidad de plasmarla en un Estatuto, aunque tratará de que el proceso sea considerado con mesura y se profundice en el estudio de todos los problemas económicos, sociales, afinidad con el resto de las provincias y desarrollo de la personalidad cultural de León. También contará en esta fase con el apoyo del Diario Palentino.

En Valladolid, las cosas iban a un ritmo más dinámico impulsadas por El Norte...En su objetivo de incorporar más adictos y partidarios a la solución regional, el Norte de Castilla, publico el día 2 de octubre de 1932 un editorial titulado “Autonomía de Castilla. La fórmula del estatuto (...) el intento del Norte de Castilla no obtendrá el suficiente respaldo...

(...)

Otros intentos de regionalización

El proceso regionalista no se había frenado tampoco en otras provincias. En la hermana leonesa, su siempre sensible Diario de León reaccionará una vez más ante los hechos ya consumados de la entrada en vigor del Estatuto de Cataluña según se detecta en dos artículos, en los que fijará su postura dentro de la línea mantenida regularmente y en contrapartida resaltará los valores culturales provinciales.

Uno de los soportes físicos más comunes y generalmente más admitidos del regionalismo de Castilla y León hemos visto que era el de la cuenca del Duero, mantenido por geógrafos, economistas y políticos, como ámbito de territorial de la región. La única institución que se identificaba con tal concepto, así como con el conjunto de intereses económicos de la misma era la Confederación Hidrográfica del Duero, por estos años un tanto disminuida en su autonomía al convertirse en mancomunidad.

En León surgió tempranamente el apoyo a tal organismo, considerándola como la célula básica del entre regional, a partir de los dos claros conceptos: territorial y económico.

Esta cuestión revive cuando el día 3 de diciembre de 1932, el líder de Acción Agraria Leonesa, Álvarez Robles, exponga en el Diario de León su programa político, cuyo objetivo primordial será la defensa de los intereses económicos leoneses, dentro de un marcado carácter proteccionista para proponer la articulación definitiva de la Mancomunidad Hidrográfica del Duero como soporte del regionalismo. Además, en el plano administrativo reclamaba la autonomía de los municipios con el reforzamiento de los Concejos abiertos, los cuales como sabemos funcionaban y funcionan profusamente en la provincia de León, propugnaba la existencia de una Diputación autónoma dotada de competencias en diversas materias, como régimen administrativo, enseñanza primaria, obras públicas, montes, ganadería, agricultura, etc. Así como un sistema de financiación de la Hacienda provincial a base de conciertos económicos.

El programa de Acción Agraria Leonesa, en este aspecto, no pasaba en realidad de un intento de puesta al día, aplicándole la efectividad correspondiente, del Estatuto provincial de Calvo Sotelo, de lo que ya había existido en León un anteproyecto de reforma impulsado por el secretario de Pola de Gordón, señor Micó, y que rechazó una Asamblea de Ayuntamientos el día 28 de febrero de 1932.

En sus propósitos regionalistas el contenido del programa no superaba los presupuestos mancomunitarios de la década anterior, por ello consideramos excesiva la calificación que Francisco León Correa hace del mismo como de “todo un programa político-administrativo regional”, porque evidentemente no tiene ese carácter y tras una detallada lectura del texto completo vemos que la oferta regionalista se limitaba a los aspectos señalados. Sí estamos de acuerdo con León Correa en su exposición sobre los objetivos económicos primordiales, en la búsqueda de la identidad cultural de la provincia, así como en la afirmación y desarrollo de estos valores culturales, que darán lugar en 1933 al “leonesismo cultural”.

En este ámbito se moverá el grupo Tradiciones Leonesas, ligado a la Federación de Estudiantes Católicos, con sus charlas en el claustro de la catedral...” (pp. 233-239).

(...)

En los meses de abril y mayo de 1936 se produce una corriente de unanimidad a favor de la existencia y necesidad del Estatuto de autonomía para Castilla y León, en la que están presentes intelectuales, políticos, asociaciones y entidades, a saber: Bañuelos, Alonso Cortés, Roger, Izquierdo, Abilio Calderón, Arribas Manzanares, Silió, la Asociación de Escritores Regionalistas Castellanos, Álvarez Robles, Cámaras de Comercio, Diario Regional, El Norte de Castilla, Diario de León, etcétera” (p. 252).


Fuente: ORDUÑA, Enrique, El regionalismo en Castilla y León, Ediciones Ámbito, Valladolid, 1986, pp. 233-239 y 252.
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado
Villarín



Registrado: 13 Abr 2007
Mensajes: 512

MensajePublicado: Jue Sep 20, 2007 2:06 pm    T�tulo del mensaje: Algo sobre "Acción Agraria Leonesa" Responder citando

ACCIÓN AGRARIA LEONESA

En la II República hubo un partido leonesista: Acción Agraria Leonesa, partido de derechas liderado por Antonio Álvarez Robles. Era un partido del entorno programático político de José María Gil Robles (C.E.D.A), al que se nombra presidente honorario. En 1932, celebra una asamblea en la que define su ideario como “agrario y leonesista”.

Entre otras cosas su programa de gobierno se asentaba en los siguientes puntos:

"- Personalidad leonesa: Recoger todas las palpitaciones características de la vida local y despertar la conciencia de la personalidad leonesa, para basar sobre ella una autonomía regional, que sin ese requisito sería un puro artificio graciosamente otorgado por la ley sin base real.

- Municipio leonés: Autónomo con plena reestructuración del concejo abierto en la plenitud de su organización y funciones sustituyendo con él en muchos casos los artificiosos ayuntamientos hoy existentes. Régimen de carta municipal.

- Diputación leonesa Autónoma: Como representación de la personalidad leonesa y reglada con arreglo a estos principios:

i) Fines: legislar y ejecutar sólo para la esfera regional en materia de régimen administrativo, enseñanza primaria, enseñanza elemental profesional, obras públicas, montes, ganadería y agricultura; ejecutar las leyes nacionales sobre beneficencia, sanidad, agricultura, montes, ganadería, aguas y política social, sin perjuicio de obtener del Estado otras delegaciones para ejecutar en otras ramas de leyes nacionales.

ii) Medios: Hacienda autónoma a base de un concierto económico periódicamente revisable.

iii) Límites de la autonomía: La unidad intangible de España; los límites derivados de la Constitución, el compromiso de legislar para los leoneses y no leoneses aquí residentes; el control del Estado para la aplicación de las leyes nacionales delegadas a la Diputación y para que ésta se ajuste en todo a las normas fundamentales de su autonomía”.

(Diario de León, 3/12/1932. Tomado de los fascículos sobre la guerra civil española en León, 1ª parte, fascículo 4; pp. 69-70).
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado
Villarín



Registrado: 13 Abr 2007
Mensajes: 512

MensajePublicado: Jue Nov 22, 2007 1:54 pm    T�tulo del mensaje: Un prólogo... de D. Antonio Álvarez Robles Responder citando

D. ANTONIO ÁLVAREZ ROBLES nació en La Pola de Gordón, y fue hijo de D. Julián Álvarez Miranda y de D.ª Carmen Robles, y hermano pequeño de Sor Emerenciana de San Francisco, al decir de Fontañan.

En anterior escrito dije que, don Antonio Álvarez, aparecía en la información bibliográfica obrante en mi poder, como autor de dos libros: uno, titulado: Por la paz de los espíritus. Política y políticos, Palencia, 1930, Imprenta Afrodisio Aguado, 258 páginas, y otro, intitulado: Derecho Social. Agraria de Palencia. La reforma agraria española, conferencia, Palencia, 1932, Impresa por la Imprenta de la Federación Católico-agraria, 95 páginas. Asimismo, señalé que era autor de un Prólogo al libro escrito por Juan Vallet de Goytisolo: Hipoteca del derecho arrendaticio. Especialmente de empresas y locales de negocio, Madrid, editorial Revista Derecho Privado, 1951, y, advertí que en cuanto me fuese posible traería al Foro el texto de dicho proemio, a fin de conocer algo de la pluma de nuestro ilustre paisano.

Y bien, hoy cumplo con mi palabra y traigo lo que prometí, a saber: el prólogo de D. Antonio Álvarez Robles al libro mencionado de J. Vallet de Goytisolo.

En otra ocasión, haré una nota bio-bibliográfica de don Antonio, para ponerla en la rúbrica de “Ayer y hoy de los escritores y personas de la ciencia y la cultura en Gordón”, y en el “Listado...”, ubicados ambos en el índice general “Rincón Literario Gordonés”.

El prólogo susodicho, escrito en 1950, dice así:

“Interpoladas estas páginas prologales entre un tema de interés acuciante y las páginas maestras que sabiamente lo desenvuelven, quiero que sean lo más concisas, y, por si cansan y estorban, de intento dejo para su fin lo que puedan tener de excusa o tono personal.

A la vitalidad del Notariado español no cabe aplicar, ciertamente, aquel “todavía” de Balzac, reflejo de una supervivencia casi agónica y heraldo inequívoco de muerte, como lo es el crepúsculo con relación a las tinieblas. Seguramente, porque además de Notariado, es Notariado Español, y en lo español –siempre enormemente complejo- , se opera casi siempre la paradoja de un rejuvenecimiento vigoroso tras muy largo vivir y bregar, resultando, como dice Ganivet, que con las más extrema y avanzada longevidad, coincide muchas veces un exaltado espíritu de virginidad y juventud, incomprensible, por producirse precisamente, tras una larga y penosa misión de maternidad.

En esta situación de renovada juventud se encuentra hoy el Notariado español, a no dudarlo, en todos los órdenes, en el cultural muy singularmente, y en ese renacimiento colaboran activamente todos, los patricios y los de la joven guardia.

Es en gran parte el resultado –uno de los resultados- cristalizado tras labor insensible pero profunda de decantación, que en el correr del tiempo, ha producido el sistema de oposición para el ingreso, complementado además excepcionalmente en el Notariado, con la oposición también para el ascenso.

Con la particularidad curiosa, pero lógica, de que ese esfuerzo de estudio, que en un principio puede obedecer, y de hecho obedece, al natural estímulo del éxito, produce luego el hábito permanente, cuando ya logrado el triunfo deja de actuar el estímulo, y ello porque ese esfuerzo ha elevado el nivel general, y siendo así, muchas razones, incluso de bien parecer y no desdecir, llevan al ánimo de todos, incluso de los bien situados y supersituados, la convicción de aquel pensamiento bellamente expresado por Goethe, cuando dice que para merecer la libertad y la vida –aquí la posición ganada-, hay que saber conquistarlas cada día.

Cuando en esa labor de autodidactismo, se produce un estado interno cercano al de la saturación, el caudal acumulado busca necesariamente aliviaderos y cauces por que extrovertirse, y cuando este fenómenos individual se va repitiendo hasta generalizarse, esa exteriorización no se produce sólo por descargas esporádicas, sino en corriente continua, que refleja organizada y sistemáticamente un esfuerzo permanente y colectivo.

Ello explica en el orden individual, la extraordinaria y fecunda de la labor de tantos Notarios, editando libros y monografías, asociando sus nombres a todas las tareas de la cultura jurídica –los cursos de conferencias y las revistas especialmente- y en otro orden, la actuación corporativamente organizada del Notariado, lógica, como ya se ha dicho por la frecuencia del fenómeno individual.

Así toda la labor ya vieja y en continua renovación, de los Cursos invernales de Conferencias de la Academia Matritense del Notariado y de los Colegios Notariales de Barcelona y de Valencia y las Semanas Notariales de verano, organizadas por el Colegio de Burgos en Santander, y últimamente, a instancia de la propia Universidad Menéndez Pelayo, en colaboración con esta Institución de alta cultura.

La actividad de estas tareas, continuamente renovadas con caracteres de sistema y permanencia, ha producido ya un sin número de preciadísimas monografías, no pocas de ellas exhaustivas, reunidas ya en más de veinte abultados volúmenes, en continuo crecimiento con la adición de unos cuantos más cada año, que ofrecen materiales para una sistematización orgánica, comprensiva de casi todos los campos del Derecho privado, y que si para los estudiosos de la generación actual son cantera inagotable, para los historiadores del ya cercano 2000, han de constituir un elemento indispensable de juicio, para formar el de la renovación del fondo jurídico privatístico español, de la centuria en cuya segunda mitad vamos a entrar ahora en seguida.

También con la particularidad para todos, ya apuntada muy certeramente por Castán y otros maestros eminentes, del interés específico que ofrece la labor cultural y científica del Notariado, por ser el Notario punto de intersección en que el estudio se entrecruza todos los días y a cada paso con la realidad, y en que la teoría abstracta se examina y depura refractada a través de la práctica concreta, observada y analizada microscópicamente en la tarea detallística del cotidiano vivir.

Es la obra, timbre legítimo de honor y de orgullo de todo el Notariado Español, y especialmente de su élite. Rehuyo advertidamente la enumeración de nombres, que siempre resultaría defectuosa o deficientemente matizada, y menciono uno solo, nombre egregio, en el que todos nos sentimos honrosamente representados, como aglutinante unificador que ha sabido condensar y transformar magistral y eficazmente todas las energías concurrentes: Eduardo López Palop, por asenso unánime de todos, “cabeza y corazón del Notariado español”, según reza en términos esculturalmente lapidarios, una dedicatoria grabada sobre oro –así tenía que ser-, que recientemente y en ocasión solemne le ha sido entregada por el Notariado español.

Una de esas fuentes de energía, que es un ejemplo, uno más, de todo lo que anteriormente se ha indicado, es el joven Notario de Madrid Juan Vallet de Goytisolo, y este libro sobre la HIPOTECA DEL DERECHO ARRENDATICIO.

Juan Vallet, una de las jóvenes glorias del Notariado español de 1950, es un producto tipo desarrollado en ese ambiente, al que ha sido trasplantado desde el vivero de la Universidad de Barcelona, donde germinó en el clima creado bajo los auspicios de privatistas tan insignes como Blas Pérez, Alguer, Coll y Rodés, Dualde y Bonet, entre otros.

Los primeros cimientos de su cultura jurídica y los primeros incentivos de su vocación –a todas luces bien clara y decidida- para el cultivo del Derecho privado, provienen de la Universidad de la Ciudad Condal, que sigue siendo, como antes, albergue de una selección de alta espiritualidad humanística y científica, que tanto atraía ya en sus tiempos la admiración y el afecto del inmortal Menéndez Pelayo. Que no en balde es Barcelona la gran metrópoli del “Mare Nostrum”, cabalgando sobre cuyas aguas le llegan los efluvios cradores de la cuna del Derecho, Roma, el pueblo por excelencia de la razón práctica, que, como recordaba Pío XII –egregio jurista de estirpe de juristas- en reciente ocasión solemne ante los juristas italianos, uniendo a la vez la ciencia y la inspiración divina y humana, echó primero los fundamentos y perfiló y sublimó luego acabadamente los contornos de las instituciones del Derecho.

De aquella Universidad salió Juan Vallet, y después de que los azares de los tiempos lo llevaron, como al clásico, a cultivar a la vez las armas y las letras, ingresó por oposición en el Notariado en 1942, adquirió por oposición la primera categoría en 1947 y coronó su esfuerzo, ganando por oposición y con el puesto de honor en la calificación, la Notaría de Madrid en 1949. Buen “record”.

El caudal de su formación jurídica, completada en plena juventud, cuando los más comienzan a iniciarla, se ha nutrido, y por ello es completa, de las afluencias de una triple vertiente. Primero, la imprescindible y básica formación universitaria, complementada con el autodidactismo de todo buen opositor; después, el contacto asiduo con la práctica notarial, el gran libro de nuestra vida profesional, primeramente en medios rurales y después en la ciudad; por último y como resultado de esos dos factores, la labor superior, analítica e investigadora de creación especializada sobre aquellos temas, a que Vallet dedicó las primcias de sus publicaciones en la “Revista de Derecho Privado”, en la “Revista Crítica de Derecho Inmobiliario”, en los “Anales de la Academia Matritense del Notariado” y en los cursos de conferencias de Madrid y Santander. Y esto, que para otros –para muy pocos otros-, hubiera sido fin, remate y último coronamiento de su empresa, para Juan Vallet –caso de laboriosidad y vocación verdaderamente excepcionales-, constituye únicamente el primer escalón de una nueva etapa ascensional, que abarcará seguramente todo el dilatado horizonte de su existencia y cuya cúspide está muy lejos, pero también muy arriba.

Juan Vallet no es sólo –que ya es mucho-, un valor cultural. Es –y ello todavía dice mucho más-, un gran valor humano. Comencé a conocerle en su paso fugaz –de 1947, muy entrado, a mediados de 1949-, en el Colegio Notarial de Burgos, donde captó el aprecio y el afecto de cuantos le trataron. Me deparó la vida la grata ocasión de conocerle más cerca y por dentro, con la circunstancia afortunada de haber coincidido ambos en un Tribunal de Oposiciones –buena piedra de toque-, y así en todo ese plazo, sobre cimientos sólidos y verdaderos, ha nacido una amistad que, como cuanto tiene esos fundamentos, empieza por acabar solamente con la muerte.

Joven, sano y vigoroso en lo somático, como en lo psíquico –dualidad y diarquía bien relacionada y compensada, propia de todos los bien equilibrados-, tiene una exteriorización ingenua y modesta –la característica de todas las individualidades de subidos quilates-, y él, que puede ser hoy envidiado por los envidiados, es incapaz de envidiar a nadie, ni de ambicionar nada, y, entre otras razones, por eso, porque ha erigido en ideal de su vida la “áurea mediocritas” clásica, la sociedad que no siempre es del todo injusta con todos, le ha premiado pródigamente con la merecida y legítima añadidura.

Su estudio sobre la HIPOTECA DEL DERECHO ARRENDATICIO, es un fruto auténtico de su personalidad y, como ella, sobrio, sereno, pero reciamente robusto.

Vallet se ha propuesto –así lo dicen los párrafos de su “avant.propos”-, no una disquisición bizantina o meramente metafísica, sino otra cosa, un verdadero estudio (para serlo, cimentado sobre bases doctrinales, pero enfocado certeramente sobre la auténtica y desnuda realidad) en busca de fórmulas jurídico-legales, para la movilización crediticia del derecho del arrendatario, que como una realidad y todo derecho susceptibles de valoración económica, lucha por hacerse bancable, bajo ese impulso cósmico, con que nuestra época y nuestra economía, ya habituadas a vivir en una anormal normalidad de sobresaltos y emergencias en acelerado “crescendo”, empujan todas las realidades, material y económicamente valuables.

Si esa corriente universal y acelerada es un error o un acierto, un bien o un mal, no es ciertamente un pleito, dirimir el cual entre en la competencia del jurista. Los economistas y los sociólogos –hablo, claro es, de los auténticos, no de los que se lo llaman sin serlo y que más bien constituyen la desviación y la caricatura de aquéllos-, han de ayudar a resolverlo, iluminando con el resultado de sus conclusiones, las soluciones que, en su caso, deba adoptar el legislador.

El problema no es sencillo, y a ese respecto es bien conocida la polémica, entre partidarios a ultranza del dinamismo, o del freno, de la conservación y el arraigamiento, y en medio de unos y otros los eclécticos que, como casi siempre ocurre, en estas cuestiones que la Providencia ha dejado a la libre discusión de los hombres, son los que indudablemente llevan las mayores probabilidades de ser, los que anden menos lejos de lo cierto y lo conveniente.

“E pur mouve...”, porque, sea de ello lo que sea, lo cierto es que cuando la necesidad no espera y el ordenamiento legal no establece medidas de interdicción, la misión del jurista –aparte de la de consejo cuando se le solicite-, es buscar fórmulas legales para la movilización del último y más problemático adarme de valor, conciliando así la satisfacción, el alivio de una necesidad real, con la legítima garantía de la posición acreedora.

En tal sentido, Vallet ha logrado su propósito en cuanto posible era, porque además de concretar, definir y fundamentar las soluciones de principio y de encajarlas en el ordenamiento positivo, ha llegado a condensarlas en fórmulas de inmediata puesta en marcha. Fórmulas y soluciones, no simples, sino evidentemente complejas, en correlación natural con la complejidad del problema, que eso interesa y tiene valor, la solución de esos problemas; la de los sencillos, no hay por qué.

El vigor y solidez del raciocinio, la claridad y el sistema del desenvolvimiento y el caudal de erudición y de lecturas, en torno a todas las facetas del caso y la congruente sobriedad de la forma, avaloran este libro extraordinariamente.

Deséchense dos prejuicios. Uno el de tomarlo como una lucubración meramente doctrinal e idealista, porque, repito, que cimentado doctrinalmente –y no podía ser de otro modo-, tiene un desenlace inmediatamente práctico y, con palabra ahora en boga, “realista”. Tampoco se arguya, si ello pudiera ser, otro prejuicio, pensar en la estrechez y en el escaso ámbito de aplicación del tema, porque en la realidad, es frecuente, y lo será cada día más; pero, además, por otra razón: Vallet ha enfocado todos los rayos y haces de luz sobre el caso; pero antes, con su potente material de laboratorio, ha practicado un minucioso y concienzudo análisis espectral, al que ha sometido, uno por uno y pacientemente, todos los elementos del problema, estudiados en todas sus hipótesis, por todos sus perfiles y desde todos los ángulos, y así, a las conclusiones de la obra, precede ese análisis de cada uno de los aspectos e incluso el estudio de la naturaleza y de la figura de la hipoteca y del arrendamiento, lo que ya es menos reducido y de más general y constante interés, sobre todo con el aliciente de contar sobre tales temas, con las enseñanzas de un magisterio seguro, claro y actual, a la fecha del día de hoy.

A Juan Vallet –y ello por sí solo es una prueba concluyente de su modestia, reveladora de su auténtico valor-, le hubiera sido facilísimo elegir el prologuista que él y su libro merecían, de entre los auténtico valores, que acampan legítimamente en las más altas cimas del pensamiento jurídico español. Lo hubiera encontrado, además, y sin el más mínimo esfuerzo a su lado, porque con ellos convive, apreciado y querido a todas horas.

Cuando en uno de los gratos entreactos del inolvidable “II Congreso Internacional del Notariado Latino”, me hizo la invitación, antes de que acabara de decírmelo, yo ya le había hecho, naturalmente, indicación tan obvia. En dos palabras quiero explicar en lo posible el contrasentido de que haya confiado esta presentación a quien más necesitado estaba de la misma.

Relativamente sencillo: “Madame” Altube, como en confianza llamamos a la simpática Notaria consorte de Vitoria, nos decía en el homenaje de despedida del Colegio de Burgos a Vallet, con la aguda vivacidad que le caracteriza. “-Lo más grande de Vallet es que, por más que se busca, no se le encuentra el defecto.” Pues, como hombre, lo tiene: la debilidad por los amigos. Habló explícitamente el amigo, pero también y además habló su “Decano”. Lo fui, en efecto, aunque muy fugazmente. De mi amistad, aun con todo lo que ella supone..., podía yo disponer en última instancia. De lo otro, no, porque es elemental que se debe uno a las cargas del cuerpo y de la institución, por muchas razones, y entre otras, porque, en fin de cuentas, a aquél y a ésta debe uno, si no todo, casi todo lo poco que ha llegado a ser.

Y de lo demás y, sobre todo, de esto último, ya ni una palabra más, porque estos temas personales son muy vidriosos, muy peligrosos y muy propicios a malentendidos, y en ellos, sí que de lo sublime a... lo otro, no hay más que un paso y un paso muy corto.

Pero además, di mi palabra solemne de hilvanar estas mal hilvanadas cuartillas antes de fin de año, y ya estamos al filo de las doce de la noche, y el estruendo alegre, solemne y evocador de las sirenas de los navegantes y de las campanas de tierra firme, nos llaman a entrar meditando en la segunda mitad de este siglo, que no puede entrar en obscuridad más cerrada. Que Dios quiera trocarla, en su curso y desenlace, por un esplendor optimista de radiante claridad.

Bilbao, Noche Vieja de 1950.

ANTONIO ÁLVAREZ ROBLES
Notario del Bilbao y Decano del Colegio Notarial de Burgos.”
Volver arriba
Ver perfil del usuario Enviar mensaje privado
Mostrar mensajes anteriores:   
Publicar Nuevo Tema   Responder al Tema    �ndice del Foro Comarca de Gordón -> Apuntes para la Historia de Gordón Todas las horas est�n en GMT + 2 Horas
P�gina 1 de 1

 
Saltar a:  
No puede crear mensajes
No puede responder temas
No puede editar sus mensajes
No puede borrar sus mensajes
No puede votar en encuestas


Powered by phpBB © 2001, 2005 phpBB Group