Yosco

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Publicado: Jue May 24, 2007 9:29 pm T韙ulo del mensaje: Historia del loco que tiraba piedras a los perros. |
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Historia del loco que tiraba piedras a los perros.
Cervantes, en el pr贸logo al lector de la segunda parte del Quijote, inserta este cuento para hacer saber a Avellaneda, autor de otra segunda parte del Quijote y que hab铆a criticado de manera desconsiderada la obra de Cervantes, lo que le puede ocurrir. La moraleja, esta vez por delante, viene a ser que...
Hab铆a en C贸rdoba un loco, que ten铆a por costumbre de traer encima de la cabeza un pedazo de losa de m谩rmol o un canto no muy liviano, y en topando alg煤n perro descuidado, se le pon铆a junto y a plomo dejaba caer sobre 茅l el peso. Amohin谩base el perro y, dando ladridos y aullidos, no paraba en tres calles. Sucedi贸, pues, que entre los perros que descarg贸 la carga fue un perro de un bonetero, a quien quer铆a mucho su due帽o. Baj贸 el canto, diole en la cabeza, alz贸 el grito el molido perro, violo y sintiolo su amo, asio de una vara de medir y sali贸 al loco y no le dej贸 hueso sano; y cada palo que le daba dec铆a: "Perro ladr贸n, 驴a mi podenco? 驴No viste, cruel, que era podenco mi perro?. Y repiti茅ndole el nombre de podenco muchas veces, envi贸 al loco hecho una alhe帽a. Escarment贸 el loco y retirose, y en m谩s de un mes no sali贸 a la plaza; al cabo del cual tiempo volvi贸 con su invenci贸n y con m谩s carga. Lleg谩base donde estaba el perro, y mir谩ndole muy bien de hito en hito, y sin querer ni atreverse a descargar la piedra, dec铆a: "脡ste es podenco:隆guarda!". En efeto, todos cuantos perros topaba, aunque fuesen alanos o gozques, dec铆a que eran podencos, y, as铆, no solt贸 m谩s el canto.
Concluye Cervantes que quiz谩 de esta suerte le podr铆a acontecer al historiador al que dirige el cuento, y que -visto el 茅xito de su criticada novela- no se atrever铆a a soltar m谩s la presa de su ingenio en sus libros.
Tambi茅n podr铆amos concluir que no merece la pena cargar con pesadas piedras para arrojar a la cabeza de nadie, de sus opiniones, sus obras o sus ideas, ya que bien ser铆a posible que nos vi茅ramos obligados a llevarlas sin encontrar ocasi贸n de soltarlas; no sin el temor, al menos, de no recibir a cambio alg煤n sobrado castigo.
O que cada cual concluya lo que considere oportuno. |
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