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Comarca de Gordón Tu Foro de consulta y opinión
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Villarín
Registrado: 13 Abr 2007 Mensajes: 512
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Publicado: Dom Mar 02, 2008 7:37 pm T�tulo del mensaje: Cuento: El Cura Don Julián de Huergas, de Luis Lobo García |
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Permitidme que os presente el cuento titulado El cura don Julián de Huergas, escrito por LUIS LOBO GARCÍA, autor del que ya hemos puesto en este Rincón Literario, el poema titulado Tierra de mis mocedades.
Intelectualmente, ya conozco de dos maneras al autor, como poeta y como narrador, en prosa y en verso. Su hija, Marina Lobo, tuvo la generosidad de entregarme una copia del cuento, fechado en Bruselas, en 1971. Se trata de un relato de 46 páginas, que Marina dice que más que cuento es un ejercicio de memoria en los duros años de la estancia de sus padres en la capital de Bélgica, y también un emotivo homenaje a una persona querida y admirada (el cura don Julián), a la vez que, a una tierra, de la que, pasado el tiempo, el autor seguía teniendo buenos recuerdos.
El relato es un rosario de recuerdos personales que el tiempo no esfumó de la memoria del autor. La historia del cuento ha sido narrada con lo preciso, sin nada inicuo, en un estilo contundente, con eficacia expresiva, y un texto de ideas, rico en pensamientos de los que actúan sobre el alma. A veces, la narración se impregna con tonos poéticos, claras metáforas y atinadas sentencias. La figura de cura don Julián, llano, sencillo, alegre, de corazón bondadoso, queda perfectamente dibujada en su silueta humana comprensiva, y en los rasgos firmes de la finura moral de su evangelio, al margen de sutilezas teológicas, pues él, como cura, no podía “ser pastor de almas sin estar al servicio espiritual de la pobreza”. En las mesuradas valoraciones del autor, de las circunstancias históricas de esos tiempos recios de nuestra posguerra (la acción transcurre en el año 1941), prima el componente ético sobre la ideología política (“No espero el bien del régimen, más bien confío en la transición honrada de los derechos humanos. El hecho de que el cargo de administrador me permita ciertas atenciones, no me obliga a convicciones no sentidas”), el sentimiento de solidaridad y destino, sobre las imposiciones oficiales, y en el plano de su libertad espiritual, el autor, que también es personaje a la par que narra, entre la nada y el infinito, prefiere el infinito, sentir con el que me identifico.
La lectura del cuento, me ha permitido –como le dije a Marina, cuando di cuenta de la recepción del texto y gracias por su gesto- conocer a dos hombres sinceros y honrados, a saber, al autor y al personaje, transparentes ambos.
El uno y el otro, hombres de vida interior y sensibilidad, durante mucho tiempo eligieron “los domingos por la tarde para nuestras reuniones y pasa tiempos; el lugar, dependía del sol o de la nieve, del frío o del calor. Al abrigo de los Sierros del Millar el sol se entrega a manos llenas; en el Soto del Bernesga la naturaleza hablaba en cascadas de cristal familiarizando el espíritu, con los cánticos de los pajarillos, los saltos de las truchas, el castañeo de las cigüeñas y la gama inmensa de la buena paz. Lugar, -según D. Julián-, para rendir culto a la creación; y los días de nieve y lobos hacíamos la tertulia en la oficina de la fábrica al calor del generador eléctrico, amenizado por el ruido acompasado de la transmisión general (…) Cuando llegaba la monotonía y la conversación frenaba en indiscretos bostezos, yo reponía a la falta de palabras, con abundancia de pan blanco salpicado de queso, cecina y machote vino de Toro…”.
A lo largo del relato, por el escenario de la acción narrativa desfila aludida parte de la apretada geografía gordonesa, ya Huergas, ya La Pola, ya El Millar, ya el querido Santuario del Buen Suceso, Los Barrios, la Carba, Fontañan… sin olvidar el pueblo nativo del cura don Julián, Villablino. Los personajes secundarios complementan bien el acto narrativo, ora la señora Candelas, ora el pastor Antón, ora el tío Cañete, ora la hermana Pascuala, ora, evocado, el poeta bohemio Gameu; también citas de escritores: Quevedo, Calderón (sobreentendido), Bossuet, Unamuno, Machado, Alberti, o Madariaga; y, en fin, la fábrica de harinas, el Preventorio y La Hullera Vasco-Leonesa.
Lo dicho, ni de lejos resume el cuento, en absoluto, es sólo una opinión, mi modo de ver, contado a vuela pluma.
Mas, por no ser prolijo, dejo de contar, y paso a reseñar los XXI capítulos que componen el cuento, a saber:
ÍNDICE
I.- Presentación: El Cura era así
II.- El Seminarista
III.- Amistad vocacional
IV.- Cada día una vida nueva
V.- Palas, picos y azadones
VI.- Tos y tabaco
VII.- Nostalgia
VIII.- De buena fe
IX.- “Gameu”
X.- D. Julián y el tío Cañete
XI.- La hermana Pascuala
XII.- Franco y los salmones
XIII.- Amor platónico
XV.- Poeta y voto en blanco
XVI.- Aquel enfermo que de tos moría
XVII.- D. Julián de camarero en el cielo
XVIII.- Los huidos del monte
XIX.- Domingo de Resurrección
XX.- ¡Qué bien va a terminar este día!
XXI.- Epitafio
Como muestra del trabajo literario de don Luis Lobo, que tan torpemente he reseñado, en el escrito que sigue a éste os dejo el primer capítulo del cuento. Así pues, partiendo de lo que se ha dejado sentado, entro directamente a la acción narrativa, sin más explicaciones, pues basta con lo dicho. Al lector corresponde hacerse sus propios juicios. Es natural.
Cordial saludo,
Villarín
Ultima edici�n por Villarín el Vie Nov 18, 2011 1:33 am; editado 2 veces |
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Villarín
Registrado: 13 Abr 2007 Mensajes: 512
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Publicado: Dom Mar 02, 2008 7:51 pm T�tulo del mensaje: I.- Presentación: El Cura era así |
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EL CURA DON JULIÁN DE HUERGAS
I. Presentación: El Cura era así
Antes de partir de León hacia La Pola de Gordón, para hacerme cargo de la administración de la fábrica de Harinas, el Gerente, D. Alejo Infante Crespo, -puritano de esquinas viejas-, me recomendó insistentemente, cumplimentará a las autoridades del Ayuntamiento, tal vez por esa manía de fingir sociedad, lo que ha sido y es realidad de una influencia diferencial.
No hice la menor oposición, por no ser dueño ni partícipe, y acaté sin contradecir, el cumplido de viejas costumbres.
Eran los años 1.941-42, tiempos de algaradas, odios, recelos y venganzas; posos políticos de nuestra guerra civil. Se cantaba “El Cara al Sol”, a la vuelta de la esquina y te preguntaban a cara de perro por la madre que te había parido; dicho sea lo más privadamente posible, a juicio de observación.
Al efecto, todas las autoridades estaban cortadas por el mismo rasero. El Alcalde, pequeñote, ganadero, se empinaba sobre la mesa y alzaba la voz como rana hinchada para repetir como recurso de conversación, falange, Franco, Movimiento. Detrás de la vaca “Ratina” camino del prado, con sus almadreñas claveteadas y vara de avellano, era sólo una expresión del hombre montañés, capaz de saludar a los helechos. Mezcla de libélula y gusano arrastrado.
El Arcipreste más que místico, -y lo parecía-, corría ensotanado tras la sombra de la soberbia como alma que lleva el diablo, haciéndose besar la mano por respeto a los años que le balanceaban y rigor de su ministerio de Cura.
El Cabo de la Guardía Civil, libre de azada y arado, tenía metida en un puño de respeto y obediencia a la sometida comarca; hablaba de órdenes como código de Magistrado; disciplina, franquismo, acatamiento, con personalidad de la amenaza y cumplimiento en el terror.
Quedaba abierta la grata puerta que dice: “Dios aprieta pero no ahoga”. Y se cumplió con creces al presentarme al Cura D. Julián de Huergas de Gordón; carácter abierto, bien sencillo y bonachón; directamente su forma y ser se grababa con fijeza en la observación más distraída.
Era el Cura de estatura baja y recia; un tanto inclinado por los años, pulso en la voz, color cetrino y arrugas de baja montaña bajo las sombras de un bonete descuidado. Sonriente a la amistad sincera, ofrecía en serio el alma serena a la hora de invocar la paz de la fe. Codos y rodillas de mucho uso y más abuso, habían pintado de color pardo los puntos clave de la roída sotana. ¡Presencia de un santo varón en el frustrado credo humano del destino! La vida del Cura D. Julián, no era de fácil narración por pertenecer al canto de un poema.
En su figura distraída y descompuesta temblaban los labios tras de las palabras medio tosidas, asidos al cigarro permanentemente de fumador empedernido.
La señora Candelas, -ama del cura-, decía que D. Julián ya cumplía los sesenta…, a lo que él respondía con maliciosa ironía: soy tan viejo como me dice el espíritu y tan joven como las esperanzas; estoy en plena forma para echar un pulso a las ilusiones que se presenten, y digo yo, que así quisiera ver la juventud de ahora que no es joven por exceso y es vieja por defecto de destino. Lo bueno mío es la verdad y lo malo, es como siempre, aprensivo cuento. ¿No dices tú, Candelas, que cuando descuelgas el jamón hago buen papel?
Salud y buen andar pido para vosotros y este pobre cuerpo como virtud de la buena para este Cura y… para ti, ama Candelas; lo demás, que Dios lo componga a gusto de todos, y sigue creyendo en lo que dice este Cura sin pararte en remilgos de años, si quieres llegar con bien al “meo culpa”. |
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Yosco

Registrado: 14 Abr 2007 Mensajes: 2271 Ubicaci�n: Leioa (Vizcaya)
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Publicado: Vie Mar 07, 2008 11:36 pm T�tulo del mensaje: |
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Bueno, pues la obra promete y estaré encantado de seguir las incidencias del titulado cuento, aunque tiene -a lo que parece- mucho de novela y de relato costumbrista. Sea como sea, rezuma un sabor entrañable y, sobre todo, fresco.
Agradecido por la ocasión.
Salud. |
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Villarín
Registrado: 13 Abr 2007 Mensajes: 512
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Publicado: Sab Mar 08, 2008 3:52 pm T�tulo del mensaje: |
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Amigo Yosco:
No sé cuál es en puridad la denominación de género literario que, por sus caracteres y temática, corresponde a este tipo de narración breve; el autor, califica su obra de cuento, y a este género la adscribe.
Cordial saludo,
Villarín |
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Villarín
Registrado: 13 Abr 2007 Mensajes: 512
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Publicado: Sab Mar 08, 2008 3:55 pm T�tulo del mensaje: II. El seminarista |
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II. EL SEMINARISTA
Don Julián cultivaba la pobreza para hacer más rico a este mundo injusto; después repartía la verdad vocacional, con un alma transparente y un corazón bonachón.
Había nacido en una aldea cerca de Villablino (León), sintiéndose orgulloso de se hombre montañés por los cuatro costados. Pertenecía a una familia de pan escaso, donde la pobreza se disimulaba al salir por la puerta antigua de piedras gigantes.
Los bienes de los padres eran de vaca y “prau”, carrasca de acebo en la carba y patatas en la vega, y si bienes fueren, el mucho apetito de otros cinco hermanos. Estas necesidades, el buen comportamiento en la escuela, la bondad de amigo y una beca de la señora de Astorga, le catapultaron en la llamada vocación de cura, yendo a parar al Seminario de León; circunstancias y necesidades en el absoluto de aquellos tiempos, hicieron de don Julián un cura como un templo.
Así narraba su vida con la parsimonia convencida y aceptada: de no haber ocurrido así, su destino hubiera sido el de ganadero de cuatro “vaquiñas”, o pastor a secas de zuecos herrados, y, eso sí, un mozo de rondas, guantazos y panderos; todo dicho con el puño apretado pegando golpes sobre la otra mano.
Sincero, de convicciones seminaristas, añoraba la vaca “Garbosa” y dedicaba un recuerdo platónico a la moza Chencha, que más de una vez contempló los veranos de vacaciones –con buen pecado-, por encima de las bardas del corral. Bien vale imaginar, que en las cosas mundanas se acercaba a cumplir con el arrepentimiento del buen ermitaño.
Tras de una risa abierta, un tanto desproporcionada, me decía: "La luna se deja besar en el río, y confieso –amigo mío- que muchas veces tras la cuenta gorda del rosario, me he pasado distraído, tarareando aquellas canciones de los pastores de mi tierra."
¡Oh vocación, consecuente en las circunstancias de la vida! De placidez armoniosa pasaba la mía, por el don de la amistad y el regalo de la gracia que el amigo Cura me concedía; me sentía sólo, pero no en soledad; las otras autoridades eran acción vacilante sin más armonía en la sociedad; decía don Juan Ramón Jiménez, que la alegría y la pena son gemelas como las orejas de Platero. Aplico la metáfora de las orejas para aquellos que se acercan al amigo con paso corto y mala intención. |
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Villarín
Registrado: 13 Abr 2007 Mensajes: 512
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Publicado: Lun Mar 17, 2008 1:44 pm T�tulo del mensaje: III. Amistad vocacional |
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III. AMISTAD VOCACIONAL
Era grata, muy grata la presencia del Cura en la fábrica de harinas; cada charla era como una confesión disimulada reída en alta voz, y cada suspense, la suerte de un paquete de tabaco.
Y seguía su misión de cura buscando las almas del trabajo; a cada uno oía sus problemas y esperanzas; en ánimos de ayuda, hablaba de partida de bolos, de las truchas del Bernesga, y de hacer hombres de bien en la buena voluntad. Amigo molinero, vive consigo mismo aunque sea a destiempo, nunca odies, admira, y aunque veas que estoy parlero hasta el último momento, no te olvides que el amor al prójimo divierte a la vida; hay que hacer de esta dura realidad del trabajo una esperanza.
El pinche había sido monacillo; con “risinas” confiaba con don Julián y le amonestaba porque fumaba mucho, y que la tos intermitente no le dejaba hablar tan claro como quería. ¿Sabes qué te digo, mono, monete? Aquí, en la fábrica, todo se muele; cada existencia tiene un plazo, no te extrañe que un día siga tu buen consejo y deje de fumar.
-Sí, pero usted dice que el tabaco no es bueno para el alma, así que el cuerpo va a tener mal remedio.
-Vamos, administrador, no te convenza a ti este “monete” y sea peor el remedio que la enfermedad; por ahora no hagas caso y guarda con cariño ese tabaco que me sabe a gloria.
Cuando los cencerros de las ovejas se oían por la Carba, don Julián volvía de regreso a Huergas a cumplir con los atardeceres redentores. Como monotonía del pensamiento siempre decía igual a la misma hora: no se puede hacer mal a cambio de oraciones. Rezo por el día y el mañana de todos y quedo así de ancho; este cura para sentir la claridad infinita se mira en la nieve de los Fontañanes, y antes, en el dorado sol cuando cae redondo por la montaña. El vino de la jarra y las mantecadas del ama me purifican y duermo como un lirón. ¡Ah! Dame el paquete de picadura y mañana Dios dirá. –Hasta mañana, don Julián.
Noté la influencia social que tenía el Cura con los trabajadores de la fábrica; había mejor disposición de rendimiento; las necesidades eran planteadas con más serenidad y creían en el orden del alma a través de la paz del cuerpo. No era posible el hambre de pan trabajando la harina. Me encomendé a decir la verdad al Cura como mal menor y bien de todos. Las demás autoridades descubrirían el odio a primera vista apreciando saber, dónde y cuándo a cada uno le aprieta el zapato. |
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Yosco

Registrado: 14 Abr 2007 Mensajes: 2271 Ubicaci�n: Leioa (Vizcaya)
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Publicado: Mie Mar 19, 2008 6:10 pm T�tulo del mensaje: |
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LA VIDA Y SUS PROBLEMAS.
Resulta encantador seguir esta semblanza del cura de Huergas, don Julián. El pretexto de retratar la acusada personalidad del cura nos deja ver la realidad social de la época y los problemas que se planteaban. Me gustó mucho la controversia sobre el tabaco y la forma de resolverlo. Todas las acciones humanas están impreganadas de una fina reflexión filosófica de hondo calado humano. La pulcritud del escritor, evitando la grandielocuencia y las grandes frases, nos acercan a lo cotidiano con una sencillez muy loable.
Salud. |
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Villarín
Registrado: 13 Abr 2007 Mensajes: 512
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Publicado: Sab Mar 29, 2008 2:15 pm T�tulo del mensaje: IV. Cada día una vida nueva |
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IV. CADA DÍA UNA VIDA NUEVA
Durante mucho tiempo elegimos los domingos por la tarde para nuestras reuniones y pasa tiempos; el lugar, dependía del sol o de la nieve, del frío o del calor. Al abrigo de los Sierros del Millar el sol se entregaba a manos llenas; en el Soto del Bernesga la naturaleza hablaba en cascadas de cristal familiarizando el espíritu con los cánticos de los pajarillos, los saltos de las truchas, el castañeo de las cigüeñas y la gama inmensa de la buena paz. Lugar -según D. Julián-, para rendir culto a la creación; y los días de nieve y lobos hacíamos la tertulia en la oficina de la fábrica al calor del generador eléctrico, amenizado por el ruido acompasado de la transmisión general.
La conversación confirmaba la advertencia: “sólo para mis amigos y no para la publicidad”. Salpicábamos los tonos de voz con la tos del tabaco; los cánticos de los pastores con los cencerros de las vacas, y los pensamientos fluían sin orden ni concierto. Más de una vez la moral se daba de narices con el árbol de las moras, o se decía que el alma nunca tuvo cerrojos, o que los callos de la tía Colasa con frío y vino de Toro sabían a gloria, para ir a parar, que vivir pobre es mal que mal, pero morir oliendo a pobreza era peor que peor.
Cuando llegaba la monotonía y la conversación frenaba en indiscretos bostezos, yo reponía a la falta de palabras, abundancia de pan blanco salpicado de queso, cecina y machote vino de Toro. Un tutiplén mensajero de nuevas ideas y viejos apetitos. Don Julián se inspiraba en discursos, como el de don Quijote a los cabreros ante el celemín de bellotas, sin peder comba ni compás. Y decía –era el año de 1941-: este pan blanco es bendición de Dios y tu buena voluntad, amigo administrador. Tú, como la montaña, cada día das una vida nueva; comer pan con este pan es comer dos veces, y con esta cecina y este vino es dejarse morir en la misma gloria. Por esto conocemos la pobreza y juzgamos el dolor del pobre.
Yo no puedo ser pastor de almas sin estar al servicio espiritual de la pobreza. Porque el humilde necesita; al rico, en su carrera hay que pararle los pies en su instinto de atropello. ¡Oh, inspiración del pan y del vino! El Cura centraba las palabras hechas sermón, oponiéndose a las diferencias ante el Señor, aunque bien sabía y sentía que era obra del mismo Creador, y acudía en socorro de la fe para evitar el borrón y hacer almas nuevas.
En una pausa me rogó no sirviera más de nada, que espero en plena lucidez –dijo en sana carcajada- , recordar la principal época de mi sacerdocio, y por lo que voy viendo y sintiendo parece que ha temblado el tiempo. –Hombre, don Julián, acaso el tiempo haya hecho lo que nosotros hacemos. – Buena ironía, para curas y seglares. |
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Villarín
Registrado: 13 Abr 2007 Mensajes: 512
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Publicado: Dom Abr 06, 2008 2:49 pm T�tulo del mensaje: V. Palas, picos y azadones |
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V. PALAS, PICOS Y AZADONES
Tardó tiempo y no nos volvimos a ver en el paseo de una tarde de sol entre los Sierros del Millar y Huergas de Gordón. Blanqueaban los picos de Fontañan en caprichos de sombras y solanas y se notaba un despertar de la primavera en los brotes de los robles. Por el ventanuco de la ermita contemplábamos el interior donde el mártir San Sebastián impone piedad al más pintado. –Sí, amigo, este santo además de vivir pobre murió sacrificado. –Sí, don Julián, pocos son los ricos que sacrifican la vida por el amor de Dios, y creo, que hacen bien, ya que las muertes son el fin de la obra; corresponde al Hacedor deshacerla y mientras, con la cruz, más que con la espada defender en su nombre el bien recibido.
-A este paso, para los dos, tenemos que hacer un púlpito aparte, replicó el Cura de Huergas.
La templanza del tiempo de la última entrevista terminó como para no recordar lo prometido, y así quedó en suspense recordar la época principal del sacerdocio de don Julián. Hoy era el día; así lo entendí cuando con cierta nostalgia recordó, que en tal día se cumplían un montón de años de su llegada a la iglesia de Huergas. Costó una pausa, que sin palabras decía todo –y esto ocurre siempre que se cuenta algo importante-, antes de confirmar con labios temblorosos y cigarro medio apagado, que se cumplían justamente cuarenta años al servicio espiritual de aquel puñado de feligreses.
- Toda una vida, y parece que fue ayer. Nueva pausa del Cura para llevarse la mano al bonete; el pañuelo blanco hizo un giro de alivio a los ojos cansados.
- ¿Satisfecho, don Julián?
-Sí, mi amigo, con todo el alma; mis cuentas –cuando Dios me las pida-, no serán palas, picos y azadones; me basta haber pagado las deudas de los pobres de espíritu en el amor al prójimo; por lo demás –si lo hay-, Dios sabrá perdonar.
Y termino este preámbulo estirando el alma para decirte que, aquel día de la llegada a Huergas, me sentí burlón y con guasa porque no encontraba la torre y creí que el pueblo estaba dormido bajo las piedras. Serían las nueve de la mañana; ni un alma ni gato en la gatera, y pensé: esta pobre gente se levanta a la hora de llevar las vacas al “prau”. Apareció el llamado concejal con disculpas retorcidas y así tomé posesión de la iglesia con una oración que sería tal, porque la sentí muy dentro y de rodillas. Celebré la misa primera del domingo; pensé de verdad –tú sólo lo vas a saber-, que los feligreses y el campanario, tenían el parecido de pequeños y estirados. Pregunté por qué no había nido de cigüeñas en la torre y el más espabilado, con sorna contestó: porque el día de la fiesta nos cagaban el traje. Bueno hombre –contesté-, por eso la campana toca destemplada.
En aquella misa no sabía por dónde empezar, y conste que la tenía aprendida de memoria; tuve que recurrir al sentimiento del alma que es la mejor oratoria, y allí me tiene diciendo que, montes y valles, carbas y “praos”, fuente y campanario, feligreses y curas, todos estábamos a la misma altura ante Dios. Y a continuación solté: todo es bueno si sabemos vivir en la grandeza de la caridad, en la virtud de la esperanza, y tener fe, mucha fe, para no dejarnos caer como propios demonios en los abismos del olvido. Se me secaba esta voz, ya seca por el tabaco, pero seguí diciendo poco más o menos, que, había que saber vivir con buen juicio la conciencia moral, ante la posible amenaza del hambre –mala consejera-, y la opresión de los que no temen el infierno. Reconozco que contigo es menester en otra ocasión hablar de estas cosas, antes de que tú combines tu creencia; y creo que seguí diciendo algo así: los hombres buenos de corazón siempre serán los pobres, por eso habréis oído lo del hondón de la aguja, el camello y el reino de los cielos. – Y hago una pausa, porque contrario a lo que otros dicen, a mí, sin fumar, se me seca la boca.
-Poco más diré –amigo mío-, sobre la homilía de la misa de aquel día –hoy hace cuarenta años-; confirmo que con este ministerio sacerdotal me encuentro conmigo mismo en la gratitud más profunda. La buena vocación tiene por oficio pasar por la manga ancha la observación estrecha y aupar el alma sin mirar para atrás, a los cielos de todos. Saber decir antes los pensamientos humanos y obrar con acierto en los sueños espirituales. El mérito está en el rebaño –en el buen sentido metafórico-, no se pase al “prao” ajeno, por no tener buen pastor. Hay que saber estar y ser, sin tanto predicar; charlatanes de púlpitos y filósofos baratos, se encuentran a la vuelta de cada esquina. Y tú dirás otro día lo que has hallado en esta descubierta confidencial que te ha hecho tu amigo el Cura de Huegas. |
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Yosco

Registrado: 14 Abr 2007 Mensajes: 2271 Ubicaci�n: Leioa (Vizcaya)
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Publicado: Dom Abr 06, 2008 6:35 pm T�tulo del mensaje: |
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...por lo demás –si lo hay-, Dios sabrá perdonar.
Don Julián, el cura de Huergas.
Todo el relato es de enjundia y mantiene el tono cálido, próximo y confidencial. Pero me quedaré, hoy, con esta frase que, dicha en boca de un cura, para mí revela el valor de su fe, hecha desde la razonable duda, pronunciada con los labios del hombre sabio que no necesita apelar al fundamentalismo para crecer en la esperanza. Me ha conmovido este cura por su humana religiosidad y firmes creencias expresadas con la humildad del verdadero conocimiento. Creo que si algún cura me hubiera hablado así, habría estado más cerca de creer.
Salud. |
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Villarín
Registrado: 13 Abr 2007 Mensajes: 512
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Publicado: Mar Abr 22, 2008 12:43 pm T�tulo del mensaje: |
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VI. TOS Y TABACO
Me parece haber dicho en el relato de aquel día de la presentación a las autoridades, que tuve a buena elección, quedarme con la posible amistad de don Julián; grata impresión que confirma, que basta un día para hallar la buena amistad, cuando en cuarenta años no se encuentra. Obligué a afirmar, que la vida se ayuda en la amistad sincera y seria, cuando en la misma escalera se cuentan los mismos peldaños en la subida que en la bajada sin contradecir formas abstractas del bien en las sombras del mal.
Nunca más hice comentario de la confidencia de don Julián, sobre la toma de posesión de la parroquia de Huergas de Gordón; quedé muy a gusto en la intimidad moral de mis creencias y no quiero en mi pobre narrativa desfigurar verdades profundas.
Por costumbre de oficio –en este caso ministerio-, el Cura de Huergas ayudada al Arcipreste de La Pola, la tarde de confesiones o días de culto especiales. Su paso natural era por la fábrica como camino directo. Bien a la ida, o a la vuelta, picaba en el balcón como llamada y aviso, en el cristal de la ventana. A la hora fijada por señas, salía a su encuentro a la salida de Pola. Entonces el paseo se hacía corto y la charla tan larga como amena. Así comunicábamos nuestras vidas, sin más novedad que la coincidencia, ni más formas que las circunstancias. Si alguna vez intentábamos arreglar el país, cuidamos de omitir diferencias y juicios susceptibles de oposición. Sí que nos gustaba a los dos en sátira recreativa, hacer burla propia de la tos del tabaco de don Julián y de la máscara de harina que yo soportaba con propia naturalidad.
Como punto y aparte y noticia del día empecé el arreglo del país comunicando a don Julián la visita sorpresa de la Fiscalía de tasas, sin otro resultado negativo que la donación voluntaria por mi parte de unos kilos de harina extra y unos paquetes de tabaco. Nada, para juzgarlo hoy; mucho, en aquellos tiempos difíciles de racionamientos fraudulentos y privaciones impuestas.
-¿Me dejas reír, amigo administrador?
- Ría, mi buen amigo don Julián. –Y entre tos y tos dijo: De harina, que carguen con la fábrica, pero de tabaco, que fumen hojas de helecho, que para fumar ese tabaco de tu santa gracia está tu padre y este cura, que aunque reviente, le sabe a gloria.- La señora herrera que oyó la carcajada, sonrió con alegre malicia.
Todo dio ambiente a la ironía del momento, aquel día del paseo hasta Huergas de Gordón. Me interesé por conocer la anécdota comentada por el pueblo, cuando tomó por ama a la señora Candelas.
Antes creo bien advertir para mejor gusto narrativo, que cuando los hechos –hace ya mucho años- , el “ama”, rayaba en ser una mujer de buen ser, mejor estar y de un ver suspense a cualquier mirada, capaz del piropo callado a la mujer “bandera”.
El Cura, en pensativa añoranza, gracia indiferente y solución de buen crédito, empezó en mímica pausa contando que, el entonces concejal de Huegas, con la impertinencia de la ocasión buscada, le habló en suspense y alarmado en nombre del pueblo, diciendo que nadie veía con buenos ojos en el Concejo de la Pola, que la señora Candelas, joven, viuda, sin hijos, de buenas formas y mejor plantada, fuera el ama del Cura de Huergas, y aplicaba cierto escándalo como si se tratase de la exposición de la Maja desnuda.
Parece ser que don Julián reaccionó un tanto alarmado, ajeno a que cada existencia tiene su genio. Hasta aquí, propia imaginación. La toda verdad es que don Julián en su relato dijo: Mi primera idea fue –y así lo hice-, “quemar la casa sin que nadie viera el fuego. De la noche a la mañana, despedí a Candelas, “el ama”; así como lo oyes, amigo administrador; con pesar de los dos y por las buenas; me costó apretar el alma para mentir, pero reconociendo que siempre es vencido quien menos puede, y obrar con paciencia, es no peder licencia”.
Cortando el tono emocionado apunté hasta con el dedo: -Bienvenidos sean esos dos refranes, que alabados serín por don Quijote.
-¡Para Quijote estaba entonces!, replicó el Cura, para seguir diciendo: Lo ocurrido me parecía natural, pero al paso del tiempo, me obsesionaba la realidad adversa, por falta de reposo y equilibrio en la rutina monótona de mi vida, dejando el ánimo en una especie de angustia depresiva; el secreto paciente del alma no admite cerrojos; entonces pensé: ¡Alto, Julián! Hay que pensar más en la verdad del bien propio, que en las falsas formas de la imaginación ajena, y sin pesar de los pesares, decidí componer las cosas en su sitio llamando de nuevo al “ama”, contra viento y marea.
Placidez armoniosa. Subí a Los Sierros para ver las aguas del Bernesga en la paz de la ribera, don y regalo de gracia. En la vida, pena y alegría son gemelas como las orejas de Platero –Juan Ramón Jiménez- . Lee –decía don Julián-, lee Platero y Yo, que tú me paree que tienes algo de poeta.
Y el Cura con revivida obsesión volvió al relato del caso del “ama” señora Candelas y dijo: Nuevamente presionado por lo comentarios del lugar –esta vez más fuertes- , el concejal de oficio volvió a las andadas, más pesaroso que atrevido, tal vez previendo la reacción de mi negativa. Entre el hilo y el ovillo, hacía pausas, dudada en la palabra y se encerraba en la mímica del tonto, sin empezar a decir lo que decir quería. Ante la molesta situación, salí al paso echándole una mano, y desfigurando una sonrisa, quité importancia al asunto y le solté a boca jarro: Vamos a ver, concejal, ¿usted sabe de versos?
- No, que va. Señor Cura –repuso el concejal-; dicen que es cosa de poetas y locos.
-Pues bien –intervino el Cura-, yo sin ser poeta, y menos loco, escribí preocupado hace días en esta agenda unos versos que por oportunos contestan a lo que usted ha dejado en el tintero sin saber decir, y dicen así:
“Si el Ayuntamiento en pleno
desconoce que es moral,
con ama o sin ama al cura
le parece gran locura
lo que diga el concejal”.
Ya sabe mi opinión –señor concejal; la suya es imposición ajena y como tal, un error de juicio de la voluntad propia; usted por callar, y yo por decir, hemos dejado la posible o verdad moral en el lugar que corresponde, y ante la duda de los demás, puede usted aplicar la sentencia del tío Vicente: “ande yo caliente, ríase la gente”.
Todo terminó en un amén pensado por el Cura y, en encogerse de hombros del concejal, para salir de la angustia repitiendo “pa mí, buena va, señor Cura”. Así nació en el lugar toda una anécdota popular de expresión y contendido aplicada con un sexto sentido a la indiferencia de las cosa ajenas. Cuando el Sr. Alcalde de La Pola de Gordón, preguntaba al Concejal, por su opinión sobre los acuerdos tomados, sistemáticamente el Concejal de Huergas contestaba: “pa mí buena va”. – Buen curso a la verdad de la indiferencia. |
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gurdunium
Registrado: 21 Ene 2008 Mensajes: 62
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Publicado: Mar Abr 22, 2008 7:09 pm T�tulo del mensaje: |
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| Villarín escribi�: | VI. TOS Y TABACO
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Todo terminó en un amén pensado por el Cura y, en encogerse de hombros del concejal, para salir de la angustia repitiendo “pa mí, buena va, señor Cura”. Así nació en el lugar toda una anécdota popular de expresión y contendido aplicada con un sexto sentido a la indiferencia de las cosa ajenas. Cuando el Sr. Alcalde de La Pola de Gordón, preguntaba al Concejal, por su opinión sobre los acuerdos tomados, sistemáticamente el Concejal de Huergas contestaba: “pa mí buena va”. – Buen curso a la verdad de la indiferencia. |
¡ Por fín !
Desde que empezaste con esta preciosa historia, lo estaba esperando con cierta impaciencia
Sí señor: "pa mi, buena va" o "por mi, buena va". Una frase que adquirio carta de naturaleza como sucedió con alguna otra como "Hasta el jueves, en La Pola" y alguna que otra más
Todas ellas forman parte de nuestra intrahistoria y reflejan de algún modo la forma de ser y de actuar en momentos determinados que tenían nuestros mayores. Por respeto a su memoria debemos conservarlas como uno de sus mejores legados.
Gurdunium |
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Yosco

Registrado: 14 Abr 2007 Mensajes: 2271 Ubicaci�n: Leioa (Vizcaya)
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Publicado: Mie Abr 23, 2008 7:49 pm T�tulo del mensaje: |
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| gurdunium escribi�: | | Villarín escribi�: | VI. TOS Y TABACO
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Todo terminó en un amén pensado por el Cura y, en encogerse de hombros del concejal, para salir de la angustia repitiendo “pa mí, buena va, señor Cura”. Así nació en el lugar toda una anécdota popular de expresión y contendido aplicada con un sexto sentido a la indiferencia de las cosa ajenas. Cuando el Sr. Alcalde de La Pola de Gordón, preguntaba al Concejal, por su opinión sobre los acuerdos tomados, sistemáticamente el Concejal de Huergas contestaba: “pa mí buena va”. – Buen curso a la verdad de la indiferencia. |
¡ Por fín !
Desde que empezaste con esta preciosa historia, lo estaba esperando con cierta impaciencia
Sí señor: "pa mi, buena va" o "por mi, buena va". Una frase que adquirio carta de naturaleza como sucedió con alguna otra como "Hasta el jueves, en La Pola" y alguna que otra más
Todas ellas forman parte de nuestra intrahistoria y reflejan de algún modo la forma de ser y de actuar en momentos determinados que tenían nuestros mayores. Por respeto a su memoria debemos conservarlas como uno de sus mejores legados.
Gurdunium |
Gurdunium, ¿estabas tan seguro de que Luís Lobo García usaría estas expresiones? ¿Conocías el texto de antemano?
Sobre las expresiones coloquiales y locales pienso que deberíamos subirlas al Palabreru que estamos recogiendo con las aportaciones de unos y otros. Tampoco se me pasa por alto que la sensibilidad y capacidad de observación de Luís Lobo García se está poniendo de relieve a lo largo de su bello relato, con el que tanto estamos disfrutando; así que, tanto la descripción del bueno de don Julián, como el reflejo de la realidad social de la época y las notas costumbristas no podían dejar de adornarse de manera tan natural con el uso de estas expresiones coloquiales y usos de la lengua en Gordón. Estoy de acuerdo contigo, una maravilla de testimonio.
Salud. |
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LEGIONENSE
Registrado: 13 Abr 2007 Mensajes: 1991 Ubicaci�n: LEÒN
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Publicado: Mie Abr 23, 2008 9:11 pm T�tulo del mensaje: |
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-Primero agradecer a Villarin los escritos con los que nos está deleitando, es un placer leer este relato en capítulos tan ameno e interesante.
Segundo estar de acuerdo con Yosco en que estos dichos tradicionales suban al palabreru gordonés, como yo pensaba proponer, por costumbristas y rescatarlos así definitivamente del casi olvido en el que lo teníamos algunos, menos Gordunium, que esperaba a que ello sucediera. Sigamos pues con el relato....Saludos. |
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gurdunium
Registrado: 21 Ene 2008 Mensajes: 62
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Publicado: Mie Abr 23, 2008 11:24 pm T�tulo del mensaje: |
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| LEGIONENSE escribi�: | -Primero agradecer a Villarin los escritos con los que nos está deleitando, es un placer leer este relato en capítulos tan ameno e interesante.
Segundo estar de acuerdo con Yosco en que estos dichos tradicionales suban al palabreru gordonés, como yo pensaba proponer, por costumbristas y rescatarlos así definitivamente del casi olvido en el que lo teníamos algunos, menos Gordunium, que esperaba a que ello sucediera. Sigamos pues con el relato....Saludos. |
No, amigo Yosco. Ni conocía el texto ni tampoco a su autor. Dada la exposición que Villarían hizo del cuento en su primera entrega, si esperaba que D.Julián (a quien conocí personalmente y en alguna ocasión le ayudé a misa) la sacara a colación en algún momento, como felizmente ha sucedido. Esperemos que el autor se haya acordado de alguna más y la haya dejado reflejada en su cuento. Estoy casi seguro que muchas personas mayores de Llombera y Huergas e incluso de Alcedo se acuerdan de ellas.
Sobre el dicho en cuestión me contaron ya hace mucho tiempo otra versión: El concejal en cuestión solía dormirse en los plenos y cuando llegaba el momento de una votación o le preguntaban su opinión sobre algún asunto, se depertaba o le despertaban y como lógicamente no se había enterado de lo tratado, contestaba "por mí, buena va".
Por eso, cuando alguien no se decantaba por una de las opciones posibles, se le decía: Tú, como el concejal de Huergas ¡ a tí, buena va! o lo que era lo mismo, ¡bastante te importa a tí este asunto!
En otro orden de cosas, lo que si me extraña es la aparición en la historia de Candelas. He intentado averiguar algo sobre ella y hasta ahora no he encontrado nada.
Yo como ama de D. Julián sólo tengo noticias de Elvira González Mallo que era de la misma edad de D. Julián y ya era su ama en Llombera.
Don Julián fallecio en Huergas el 15 de agosto de 1856, pero no sé que sucedió con Elvira.
Quizás alguien nos pueda informar mejor aunque tampoco sería difícil averiguarlo
Un saludo y .............. ¡¡¡ Hasta el jueves, en La Pola!!! |
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