Yosco

Registrado: 14 Abr 2007 Mensajes: 2271 Ubicaci�n: Leioa (Vizcaya)
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Publicado: Sab May 12, 2007 1:38 pm T�tulo del mensaje: Santa Lucía, el carbón que calentó nuestra infancia. |
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Santa Lucía, el carbón que calentó nuestra infancia y alimenta a Gordón.
Las imponentes rocas calcáreas, blancas y luminosas, esconden el tesoro de un carbón que calentó las cocinas de los gordonenses durante décadas. Con el carbón los inviernos fueron menos fríos, los cocidos hervían exhalando aromas húmedos de caldo y morcilla por toda la casa y las chimeneas ponían sus hilos humeantes al paisaje.
Santa Lucía se creció apretada entre el Bernesga y los montes, generosa nos abrió los brazos de su telurismo y allá iban y venían muchos de nuestros padres a escarbar en sus entrañas los duros que daba el carbón para calentar los garbanzos. Sus calles de pueblo minero arrastraban el polvo negro que subía de los pozos y sus tejados se oscurecían. En invierno, las lluvias y la nieve disimulaban su imagen y la devolvían al paisaje de montaña que le corresponde. Luego, el río extendía aguas abajo la memoria de un sacrificio de truchas que no entendían nada de carbones. Hasta que la empresa empezó a mirar hacia otros métodos de lavado y poco a poco el agua volvía limpia a pasar por debajo de los ojos de los puentes.
Desde la Pola, Beberino, La Vid, Buiza y los demás pueblos, allá iban los hombres andando o en bicicleta, y otros llegaban hasta Santa Lucía desde más lejos, La Robla o León, en la Fusca, aquel autobús con nombre propio que le dio el oficio de llevar mineros y traerlos. También tuvo la Fusca sus accidentes, sus trágicos despistes, mareada con las curvas y un poco silicosa cuando respiraba por sus carburadores o por donde quiera que respiren los autobuses. Así puedo recordar la trágica tarde, tal vez de un verano, en que la Fusca esquivó mal la esquina de la antigua casa del Portu cuando entró en la Pola, frente a la plaza del Ayuntamiento, e intentaba acercarse a la acera del bar Barrios, después Covadonga, detenerse, y dejar allí a alguno de sus mineros. Se quedó, prácticamente, sin su lateral derecho. Entre el amasijo de chapas un hombre joven encontró el final de su recorrido. No recuerdo su nombre, pero forma parte de la memoria de los muertos que nos trajo la mina y ese precio terrible que pagamos por seguir adelante y progresar. Aquella Fusca, como una ballena despanzurrada, triste, se llevó con su vejez la vida joven de un minero que tal vez dormitaba apoyado contra el cristal de la ventana, vencido por la larga jornada laboral y el ajetreo del motor y la carrocería del autobús.
Ahora las minas se han abierto hasta el cielo en los valles de Santa Lucía y nos anuncian un futuro incierto, una muerte anunciada. Y todo Gordón tiembla de frío, aunque las cocinas ya no quemen carbón ni los mineros lleguen a Santa Lucía andando, en bicicleta o en la Fusca.
El Bernesga se abre paso por Santa Lucía. Foto de Alfredo García en la página Comarca de Gordón. |
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