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prejub



Registrado: 13 Abr 2007
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Ubicaci�n: León

MensajePublicado: Dom Nov 29, 2009 5:06 pm    T�tulo del mensaje: Responder citando

Cuánto tiempo perdido y cuánto he dejado de leer… quizás todavía no sea tarde.
Gracias, amigo Villarín.
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Yosco



Registrado: 14 Abr 2007
Mensajes: 2272
Ubicaci�n: Leioa (Vizcaya)

MensajePublicado: Sab Dic 05, 2009 12:55 am    T�tulo del mensaje: Responder citando

Villarín escribi�:
A todos nos gustará mucho, amigo Yosco, leer tus conclusiones sobre los dos importantes libros a los que aludes; por tanto, las esperamos. [ ]
Villarín



Amigo Villarín, me temo que mis aportaciones no traigan gran cosa al lado de cuanto aquí nos dejas; pero intentaré encontrar el modo de complementar la información y, si es posible, aportar algún otro punto de vista sobre la cuestión. Un gran texto, aprovechable en todo, que te agradezco.
Salud.
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prejub



Registrado: 13 Abr 2007
Mensajes: 1964
Ubicaci�n: León

MensajePublicado: Lun Dic 14, 2009 5:33 am    T�tulo del mensaje: Responder citando

Vamos a poner que yo fuera un cantante en vías de presentarme al gran público y que, gracias a una gran promoción publicitaria en todos los medios, resultase que el día del estreno el aforo sólo es de un 30%, sería todo un fracaso… ¿no?, aunque buscara todas las excusas posibles, siempre sería un fracaso.

Pues no, los políticos siempre se las arreglan para cambiar la realidad, creo que no hace falta ser más explícito sobre el caso de la farsa anticonstitucional, aunque, como dicen algunos, no vinculante, del referéndum celebrado en el día de ayer en Cataluña.

Claro, el ejemplo poniéndome en primera persona como cantante, si fuera realidad, daría igual la promoción cómo fuera o fuese, seguro que no llegaría ni al 8 %, pero esto sí sería real, puesto que todos sabemos lo de mi formidable voz…
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Villarín



Registrado: 13 Abr 2007
Mensajes: 513

MensajePublicado: Lun Dic 14, 2009 7:24 pm    T�tulo del mensaje: Responder citando

¿Aires de independencia en Cataluña?

No, sólo malhumorada erupción separatista. El nacionalismo con ribetes separatistas dándose importancia antes de celebrar nuevamente derrotas y fracasos (1653, 1714, 1931, 1934…). Prurito extremista en irritación permanente.

No se puede poner confianza política en el nacionalismo separatista, por eso la importancia de ajustar bien el Estatuto a la Constitución. Del autonomismo a la secesión va una distancia respetable. En Cataluña existe un autonomismo que no es táctico y que se distingue del separatismo acíbar, de escaso sentido de la responsabilidad.

Los nacionalistas ansían cuajar un Estado catalán soberano, para pretender tratar a España de tú a tú, de potencia a potencia, de soberanía a soberanía, pero, ay, la mayoría del pueblo catalán no les sigue porque sabe que es anticatalán ser sólo catalán y, prefieren una España inclusiva y diversa, como la actual, a una Cataluña limitada, empequeñecida y excluyente.

El separatismo niega el todo y no admite matices ni medias tintas y, al cabo, es un lastre para la convivencia, igual que lo fue el centralismo pernicioso.

Villarín
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Rodríguez



Registrado: 05 Mar 2009
Mensajes: 288

MensajePublicado: Sab Dic 19, 2009 9:43 pm    T�tulo del mensaje: Responder citando

Amigo Villarín:

No había leido con detenimiento este tema por falta de tiempo, pero hoy lo he leído y quiero decirle que me parece muy interesante todo.

"De la hospitalaria tierra de Iberia,
De allí proceden los hijos de España,"

El poema me ha gustado mucho y me ha dejado reflexionando. El tema de la Constitución me ha permitido aprender muchas cosas y por último lo que ha escrito sobre el tema de Cataluña y otras autonomías me ha aclarado muchas cosas que no acababa de entender.
Comprendo que todo esto es un tema propio para el debate, pero también se que todos los ciudadanos debemos lealtad y respeto a la Constitución Española.

Gracias por dejar en este foro sus artículos y saludos.

Adriana
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Rodríguez
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Villarín



Registrado: 13 Abr 2007
Mensajes: 513

MensajePublicado: Lun Dic 21, 2009 5:38 pm    T�tulo del mensaje: Responder citando

Me satisface mucho, amiga Adriana, sus amables palabras, y que lo escrito tenga algún provecho, siquiera estimulando la propia reflexión del lector, que justifique haber pasado la vista por estas páginas.

Reciba un afectuoso saludo.

Villarín
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Villarín



Registrado: 13 Abr 2007
Mensajes: 513

MensajePublicado: Sab Nov 17, 2012 2:23 pm    T�tulo del mensaje: Responder citando

LOS SEPARATISTAS TEMOSOS DE CATALUÑA

Han vuelto al grito selvático y al tiovivo emocional. Todo lo enredan y enmarañan; nunca están cómodos, continuamente se sienten zaheridos, y, en su afán de decir la última palabra, veremos agria cordialidad y extremoso decir, lo que no facilita las relaciones sociales, políticas ni económicas con el resto de España. ¿Vínculos de unión? ¿Armonía en lo uno de todos? ¿Identidades compartidas? No, rivalidad. ¡Nada de convivir con esa España de sujetos inferiores y mediocres! ¿Lealtad a una identidad única? ¿No pueden ser –seguir siendo– catalanes y españoles? ¿España les es extraña? ¿Universos distintos? ¿Antítesis? La identidad múltiple nos enriquece.

Ser con los demás, les hace menos, según su esquema dualista: Cataluña y España. ¿Por los roces de dedos y de labios con las gentes de otras tierras españolas, se diluye la esencia de Cataluña en la España plural que vivimos? Sí, claro. ¡España es un país repleto de pelafustanes, de sandios, de sinsorgos! ¡Cataluña sola, que para eso es rica e influyente, con personas destacadas por su cultura y fortuna, todas de buen gusto, con amistades elevadas y de lustre! ¡Viva la desmembración!

Los separatistas temosos, militantes febriles de la secesión, no quieren la patria común española, que consideran foránea y, en su cuajado particularismo no aceptan, desde la unidad y diversidad, un destino español, pues aspiran a un corte en la continuidad histórica, desentendiéndose de España, y vivir por su cuenta. Rechazan el común linaje hispano. Este es su vocinglero irreductible programa político amenazante, que, con sus clarines, ya alcoholizó a gran parte de la sociedad catalana, sin elusión posible.

En ellos nada tiene un límite y, lejos de cambiar el rumbo, insisten hasta el final. Columbran un alto porvenir, en una Arcadia de azul esplendente... ¿Áurea Cataluña? ¡Desproporcionada ilusión! Pero así lo predica la novelería nacionalista, con su fanfarria desgañitada, con su arrogancia hinchada, con sus análisis afinados y rigurosos (!), con la hiperactividad de su discurso secesionista… ¡Vindican la soberanía agónica, la independencia de subsistencia, la felicidad solitaria y triste! ¡Pobres ambiciones decepcionadas!


Y siguen con el cuento inacabable de la España jacobina, opresora y ladrona, para la que solo tienen frases vejatorias y desmerecedoras; invectivas y vituperios; ataques, acusaciones; y siempre prístina acritud con el presente. Y de esto las hemerotecas están llenas de testimonios magníficos, preñados de rencores. Hasta en su himno exteriorizan su antipatía; parece hecho en loor de Marte. Véase. Léase. ¿Será que no les comprendemos? ¿O será que sobre todo están afanados en propiciar discrepancias?

El nacionalismo restringe el espacio de convivencia, cultiva el resentimiento, y exalta lo que separa en contra de lo que une. No les interesa el pluralismo español, sino el dualismo: ellos y el resto. No hay ningún pueblo en España que no tenga rica y propia identidad, lo que no lo hace incompatible con la unidad de España ni el funcionamiento integrado del Estado. ¡Fuera lindes y mojones!

No es razonable contraponer Cataluña y España, ensalzando a aquélla y rebajando a ésta, ni el Estatuto a la Constitución, en permanente cuestión del funcionamiento integrado del Estado y su eficacia. ¿Existe acaso alguna Constitución, incluso federal, que contemple la disolución del Estado, o Estados independientes en parte de su territorio? La Constitución es el vínculo que da unidad al conjunto.

El enemigo de los nacionalistas no es la Constitución de España y la ley estatal, sino sus pretensiones soberanistas encaminadas por atajos ajenos a las reglas democráticas del juego político constitucional. La democracia directa y sin control legal no es una institución constitucional. No les van las distinciones y deslindes constitucionales, que son diferencias cualitativas, sino el bandolerismo legal. Los nacionalistas carecen de mesura para respetar los límites constitucionales y para autocontrolarse. Hay nación política, España, compuesta por nacionalidades y regiones. El marco constitucional no está disponible al arbitrio de los nacionalistas.

El fundamento jurídico de su Estatuto de autonomía es la Constitución española de 1978, y no el neomedievalismo, esto es: una realidad idealizada de precedentes derechos históricos imperecederos, de unidades territoriales independientes, que se unen voluntariamente en un Estado, del que con la misma voluntad pueden segregarse. En la arquitectura jurídico-política diseñada para España por la Constitución de 1978, España es una sola Nación y un solo Estado, no un agregado de Naciones o un Estado plurinacional. En aquélla no hay más sujeto constituyente que el pueblo español constituido en Nación. Nación que, por lo demás, precede y sobrevive a la Constitución, que como toda norma jurídica es contingente.

Cataluña no debe ser un coto privado de los separatistas, que no quieren una España inclusiva y plural, que armonice lo diverso, como es la actual, de autonomía satisfactoria, aunque perfectible. Los hechos singulares de dimensión lingüística, cultural y del derecho propio, sin duda, están adecuadamente reconocidos en las leyes. El hecho diferencial no puede ser principio fundante de un sistema asimétrico que no respete la esencial igualdad política de las comunidades autónomas.

Los esfuerzos por acercar posturas serán baldíos si quieren atropellar la Constitución, actuando fuera de los cauces jurídicos y legales, y si el Estado no hace abstencionismo de su defensa y lleva en esto dirección firme. Los problemas que originan los nacionalistas requieren mucho esfuerzo, excesiva atención, y son fuente de preocupaciones constantes y de infelicidad. Los nacionalistas consumen gran parte de la energía del pueblo español. Debilitan la cohesión nacional y moral de la gran colectividad. Desgastan más que una lima. ¿Dónde está la sensatez catalana? España no merece tan pesado sacrificio. Con los nacionalistas hasta las alegrías hay que pagarlas, y siempre elevan su precio. Baste decir, a este respecto…


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prejub



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MensajePublicado: Sab Nov 17, 2012 3:05 pm    T�tulo del mensaje: Responder citando

http://www.periodistadigital.com/verdadmentira/2010/04/20/rodriguez-zapatero-apoyare-catalan-estatuto-parlamento-cataluna.shtml
Amigo Villarin, gracias por verte de nuevo por estos lares… y ahora te dejo este enlace, para ver como se ha ido transfigurando todo esto.
Hay noticias en la prensa de hoy, que son preocupantes, sobre estos líderes de la independencia.
No por ello dejo de estar en el más completo acuerdo con tu texto, tan bien explicado, gracias.
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Villarín



Registrado: 13 Abr 2007
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MensajePublicado: Vie Jul 25, 2014 2:29 pm    T�tulo del mensaje: Los embravecidos separatistas Responder citando

“Yo quiero que nos acordemos de que formamos una sola Nación, y no un agregado de varias Naciones”.
(Diego Muñoz Torrero, en las Cortes Generales y Extraordinarias de Cádiz)

El nacionalismo separatista, mundo embravecido y reaccionario, va camino de ninguna parte. Quieren la independencia y están dispuestos a todo para conseguir ese país de las maravillas. Sin cortejo, por vía de hecho y actos de fuerza, con flagrante impertinencia y excitación emocional, con aire de gobierno callejero (desligado de las leyes), quieren mutilar España, a la vista del público. Con sed destructiva, no limitan ni refrenan sus deseos a los justos límites de lo posible, sino que, decidiendo por su propia cuenta, según sus propios fines y metas, actúan obstinadamente como si no estuvieran vinculados por un derecho válido para todos: La Constitución y las leyes.

En el marco de libertad sin trabas que disfrutan en la democracia española, con su propaganda, adoctrinamiento y manipulación, que alimentan en todos los aspectos, sin flexibilidad ideológica, en fraude político, sembrando discordia y no armonía, menospreciando la energía moral de la nación española, que creen de salud frágil, han creado un poder secesionista que, crece en inadmisible bravuconería, controlando a su gusto Cataluña, y pretendiendo usurpar el poder constituyente español.

Las Constituciones pueden cambiarse, claro que sí, y no será, por supuesto, la vigente Constitución de 1978, la definitiva. Como todo producto histórico, es contingente y perfectible. El fluir de la historia, el decurso de los tiempos… Pero el orden jurídico español no lo pueden precisar los mismos nacionalistas que lo desprecian. No hay nada más grave para el prestigio del Estado de Derecho, que no hacer cumplir las normas jurídicas. Cumplirlas es de interés nacional de primer orden, sin que valgan avenencias acomodaticias.

El nacionalismo radical no es un fenómeno pasajero y limitado a lograr un pleno encaje jurídico-constitucional federal en el Estado español, pues es claro que no desean formar parte del mismo, sino su fría voladura; solo sería un paso intermedio, final de una etapa, y no la solución; no quieren hermandad con el resto de españoles en el marco democrático común; en su ofensiva desafiante, siempre contraponen Cataluña a España, ellos y nosotros, y seguirán girando alrededor de la noria de la independencia, como afán irrenunciable. Hay voluntad de ignorar a España. Los separatistas no admiten triunfos que no satisfagan sus anhelos.

Sin embargo, éstos deben sentir en todo momento que el poder del pueblo español se concentra en la soberanía popular (no carente de frenos jurídicos), en el conjunto de la ciudadanía de la que emanan todos los poderes del Estado (vinculados al Derecho y sujetos a limitación y control), y no en la sociedad catalana ni en el Parlamento catalán, que no tiene ni traslación de soberanía habilitadora, ni espacio normativo de decisión propia e independiente para declarar la secesión; no hay conflicto de legitimidades, ni en sede del derecho nacional ni del internacional, aunque por las más descaradas interpretaciones pretendan lograr lo que quieren. Los nacionalistas no representan la voluntad de la nación española, que es la que cuenta, y deben sujetarse a los límites de su autoridad territorial, dentro del orden legal vigente, sin que valgan títulos de legitimación histórica fuera de la Constitución española.

Elegir qué ley se debe aplicar y qué otra se debe ignorar no es un privilegio que pueda ostentar nadie en una sociedad regida por la ley. La Resolución 1514 de la Naciones Unidas prevé la autodeterminación para los pueblos subyugados, dominados y explotados, y no parece que esa sea precisamente la situación de Cataluña, más bien dominante, por su influencia. El derecho de autodeterminación que piden no existe en nuestra Constitución, y España no es rara en esto. El único titular del derecho a decidir es el pueblo español, sujeto constituyente, y el único que puede pintar por sí y para sí mismo la España que quiere, su personalidad nacional.

El Gobierno de España, y los poderes del Estado, en asunto tan trascendental, no andarán por las ramas, ni estarán a verlas venir, ni admitirán bajo presión, condiciones, órdenes o concesiones políticas, patentemente contrarias a derecho, sino que, en las actuales circunstancias, con buen sentido, seguirán atajando toda iniciativa ilegal o inconstitucional, como en sede constitucional o parlamentaria se ha hecho y no abdicarán de sus responsabilidades. El Estado de Derecho triunfará, ante la pasión desatada del irreductible separatismo.

Ya no vale la condescendencia con los desleales delirios de los siempre ofendidos nacionalistas; y ante esa espiral y ansiedad separatista, necesitamos más España, más Cataluña dentro de España. Cataluña tiene en España una vida de libertad y progreso, como Castilla, como Aragón, como Galicia, etc. En este sentido, en la agenda política nacional, con clara voluntad política y reflexivo discurso alternativo al nacionalismo, sin demora, se ha de procurar hacer más sugestiva en Cataluña la unidad política más grande y abierta, que abraza a todos, y es España. Una España meollar, de cimientos firmes y perdurables, de patriotismo integrador, que armoniza la unidad y la diversidad, donde catalanes y demás españoles seamos iguales en derechos y obligaciones, sin mengua de lo propio, pero sin privilegios generales o asimetrías para los que exageran su espíritu de particularidad. Caben muchas cosas en el alma de España, pero no su destrucción.


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Yosco



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MensajePublicado: Mar Ago 12, 2014 7:08 pm    T�tulo del mensaje: Responder citando

El análisis que expones sobre la cuestión española y los nacionalismos me parece estupendo. Sería bueno que fuera leído por los nacionalistas, aunque es pedir peras al olmo. Mucho más difícil, aún, que fueran capaces de interpretar correctamente cuanto expones. Pero también sería bueno que leyeran los políticos en general y en particular los que detentan la responsabilidad de gobierno en esta legislatura. Sacudiendo su rasposo nacionalismo, sería de agradecer altura de miras junto a la firmeza exigible para respetar todo lo que la Constitución garantiza y desarrollar todo cuanto permite. Se han sucedido algunas reformas, algunas impuestas por la presión y exigencias de los grandes poderes económicos y financieros, sin demasiadas explicaciones. Podría abordarse con seriedad su reforma y eso también lo saben los nacionalismos periféricos. Pero no les interesa, pues temen lo peor y es mejor seguir tensando la cuerda, buscar atajos, saltarse límites y poner a prueba a las instituciones del Estado.

En las legislaturas anteriores se lanzó la proclama de que España se rompía por los mismos que hoy gobiernan y tienen que afrontar el mayor desafío (de los que vengan, que vendrán, de Euskadi) histórico del independentismo. Su receta para que España no se rompa parece que no funciona y a este paso van a ser ellos mismos los que consumen este disparate. Yo veo en las posiciones de la derecha española y el nacionalismo, hoy el catalán y mañana los demás nacionalismos, un choque frontal de trenes de consecuencias impredecibles, pero dolorosas para todos. La vía es de alta velocidad, pero los trenes necesitan mucha vía para frenar.

Aparte de no escuchar la monserga diaria de aquel "España se rompe" y observar, perplejo, el tortazo que se van a dar, no veo nada más que la débil firmeza del que no tiene argumentos renovadores y de progreso y la de los que por único argumento mantienen el mantra del independentismo.

Corremos, en medio de todo este lío descomunal, el riesgo de confundir con generalizaciones a los catalanes, viéndolos como un todo de independentistas irredentos incapaces de sentir y sentir bien que ser catalán no está reñido con ser español y que siendo españoles no dejan de ser menos catalanes. También puede confundirse al resto de españoles con trogloditas incapaces de aceptar la pluralidad cultural y lingüística de una España democrática, constitucional y moderna. Se está haciendo una caricatura de unos y otros. Son los que más ruido hacen, pero no son la mayoría y espero que no lo sean, aunque los excesos de los catalanistas hacen más anticatalanistas y los de los españolistas y el partido que los abandera hacen cada día más independentistas catalanes.

Tengo amigos catalanes tan sensatos como para ver las cosas con criterios distintos a los propugnados por los "unos" y los "otros". También es verdad que bastantes amigos de estos amigos han optado por las tesis independentistas, venidos desde corrientes ideológicas bastante alejadas del nacionalismo. Espero que mis amigos españoles del resto de España mantengan la sensatez que a otros les falta. Aunque habrá, seguro, amigos de amigos que correrán la misma suerte que la de los amigos de los amigos catalanes.

Salud.
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Villarín



Registrado: 13 Abr 2007
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MensajePublicado: Jue Oct 09, 2014 8:57 pm    T�tulo del mensaje: Democracia de Estado de Derecho Responder citando

DEMOCRACIA DE ESTADO DE DERECHO


La Constitución española, en su artículo 1, califica al Estado como “democrático de Derecho”, lo que significa un Estado donde el poder del Estado, democráticamente formado, está vinculado al Derecho, según sus principios generales y valores materiales, que hay que satisfacer. Los nacionalistas, sin embargo, en su teoría y práctica de la independencia, anteponen el llamado derecho a decidir, a las “normas, leyes y constituciones” (A. Mas, 8/2/2013), siendo además que, según ellos, “no es democrático” que desde el Estado se plantee recurrir la declaración “soberanista” del Parlamento catalán (F. Homs, 8/2/2013). Los secesionistas quisieran gozar de un espacio político-jurídico libre, exento de controles externos, decidiendo todo de propia autoridad, sin derivar sus derechos de la Constitución.

En explicación sucinta: estas gentes no quieren límites ni condiciones ni acomodos; solo afirmar su voluntad particular, que formulan al modo de un debe ser ordenador, de alcance definitivo y valor general. De ahí sus desafíos jurídicos desvalorizando socialmente la Constitución y el Estado de Derecho, y sus reiterados ataques al prestigio del Tribunal Constitucional, poniendo en entredicho su tarea, la integridad de sus miembros, deslegitimando su autoridad jurídica y moral.

Las instituciones catalanas tienen que respetar las reglas del juego democráticas, y deben saber que la pretensión de la secesión muy probablemente será siempre un problema insoluble. ¿Cómo adelgazar el nacionalismo separatista? ¿Es posible la concordia frente al enfrentamiento y la división? Si como deseo, sin acuciantes pulsos independentistas, se sosegase la vida política española, nada impedirá, desde la lealtad constitucional, y para atender demandas resolubles, mejorar el autogobierno de las Comunidades Autónomas, allí donde se aprecien nuevas necesidades o disfunciones, o perfeccionar su financiación.

Y, si en un futuro se reformara la Constitución, no creo que fuera conveniente hacerlo en sentido federal asimétrico o confederal, que implicaría derechos preferentes de unos Estados particulares (hoy, Comunidades Autónomas), respecto de otros Estados particulares de la Unión estatal resultante, pues contradice el inatacable principio de igualdad entre todos los españoles. Y nunca más dar nada a cuenta de los (infinitos) derechos históricos, que son privilegios generales. España debe ser, realmente, una nación de ciudadanos libres e iguales en derechos y deberes, sin discriminación por el lugar de origen. En todo caso, es sabido que, para los secesionistas, el Estado federal tampoco sería una solución, sino un paso más, en su más allá, de identidad única y de segregación territorial. Y ante esto, los españoles no debemos abdicar ni contemporizar, sino defender la unidad de España, y allá ellos con su ambición decepcionada, teñida de antipatía.


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Villarín



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MensajePublicado: Mar May 05, 2015 2:01 pm    T�tulo del mensaje: SOSTENELLA Y NO ENMENDALLA Responder citando

SOSTENELLA Y NO ENMENDALLA

Los empecinados separatistas, de resentimiento antiespañol, de callejón sin salida, vuelven donde solían, a la obstinada soberbia de seguir queriendo lo que no está a su alcance: sustraer al pueblo español la capacidad de adoptar las decisiones últimas del espacio y solución de la convivencia española. De permitírseles, por vía de hecho, fragmentar la soberanía nacional, que desean apropiarse sin ser todo el pueblo español, para ejercitar el llamado “derecho a decidir”, no decidirían solo sobre intereses y derechos propios sino sobre los intereses y derechos de todos los españoles. El pueblo soberano español somos todos y cada uno de los ciudadanos, territorialmente indiferenciados, y no podemos dejar que los separatistas usurpen nuestros derechos.

Democracia es una palabra que se utiliza con demagogia por los nacionalistas. No sobra repetir, que la democracia solo es operativa dentro de la Constitución y de las reglas del Estado de Derecho, por lo que, en nuestro caso, cualquier solución política, en última instancia, tiene que ser compatible con la voluntad general del pueblo español, expresada según ley. Voluntad general unitaria, del pueblo español en su conjunto, de todos y cada uno de los ciudadanos que quieran votar, que, claro está, no es igual a unanimidad de pareceres, pues tienen intereses, opiniones y voluntades distintas, y, como en el caso, en conflicto entre sí; voluntad general mayoritaria, que es la que debe decidir sobre cualquier determinación del destino de España.

Se comprende entonces que, ante la querencia al ninguneo de la soberanía nacional, incompatible con la Constitución, que para los nacionalistas es una menudencia, el remedio sea precisamente el recto cumplimiento de la norma suprema, cuando, ante posturas extremas, ya no valen las medidas conciliadoras y tolerantes. Si se dejase a la Generalidad de Cataluña y al Parlamento regional saltarse los límites de su autoridad territorial, se destruirían las reglas de la convivencia social compartida, y se haría imposible la convivencia colectiva, al consagrarse el desafuero.

Por esta razón, no es dable salirse del perímetro máximo constitucionalmente tolerable, si queremos estabilidad, seguridad y paz. En vista de esto, la vara de medir para todos ha de ser siempre la Constitución, es decir, el triunfo del derecho, si no deseamos acumular amarguras, al ver nuestro país disgregado y disuelto en su unidad de convivencia política. España es unidad de una pluralidad, en suma, de una totalidad diversa en lo uno, cimentada en siglos vividos, con bienes y males compartidos.

Todas las maniobras separatistas de elusión del derecho, hasta ahora, han sido rechazadas en las instancias pertinentes. Primero pidieron que el Estado “les cediera la competencia para convocar un referéndum de autodeterminación”, lo cual era inabordable para el Gobierno español, por carecer de competencia; al decaer esta iniciativa, pretendieron articular “una consulta no refrendaria”, que no fue acogida, igualmente por razón del derecho; posteriormente impulsaron “un proceso de participación ciudadana”, disfraz al que, por el fondo del asunto, claramente no podía reconocérsele ningún efecto jurídico; y luego, con su versátil ficción, hace meses nos anunciaron la ideación de unas “elecciones autonómicas plebiscitarias”, previstas para el día 27 de septiembre de 2015; si las ganan, aducen, en su ilusión confortadora, que, sin más, esa mayoría contingente representaría la voluntad permanente y trascendente de Cataluña, que legitimaría la independencia y que, con tolerancia pasiva, deberíamos respetar el resto de españoles y las instituciones del Estado; sin embargo, esta nueva argucia en pro de imponernos los propios criterios y sus intereses particulares, podemos suponer que tendrá la misma suerte que las iniciativas precedentes, ese es su premio máximo al que pueden aspirar. El Estado, si está atento y no se aparta de su deber, en el momento adecuado, les hará conjugar sin simulación los verbos respetar, coexistir, convivir.


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Villarín



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MensajePublicado: Mie Sep 16, 2015 7:06 pm    T�tulo del mensaje: Responder citando

Ciérrese con el derecho el paso a la disgregación…

Al final del “proceso secesionista”, si se ejecutan todos sus actos, me gustará que los separatistas se encuentren con la amarga decepción de no lograr lo que esperaban, vencidos por el derecho, y que, sin traumas, Cataluña siguiera siendo lo que es, parte esencial de España, aunque, a decir verdad, no veo inflexión en la actitud separatista, y sí un caminar cada vez más resuelto, con finalidad intimidatoria. El Estado español ha de estar alerta y cerrar el paso a la disgregación. ¿Cómo? Privando de validez las decisiones contrarias a la Constitución y con el poder legítimo coercitivo que emana de la misma y del Estado de Derecho.

El orden jurídico constitucionalmente establecido, aunque con pretensión de estabilidad, no es inmutable o estático y de soluciones definitivas y válidas para cualquier tiempo y sociedad; el derecho vive en constante renovación, pero tiene sus reglas de transformación, que hay que respetar. Sin ley, la convivencia humana no resultaría posible. Las leyes son de obligado cumplimiento con independencia de la valoración que se pueda hacer de ellas. El deber de obediencia a las leyes obliga a todos. El respeto a la ley y a los derechos de los demás, son fundamento del orden político y de la paz social (art. 10.1 CE), sin que dependa de la voluntad de los ciudadanos el cumplimiento de la ley (art. 6.1 CC). Los ciudadanos y los poderes públicos están sujetos a la Constitución y al resto del ordenamiento jurídico (art. 9.1 CE), etc.

El Tribunal Constitucional ha dicho, con razón, que autonomía no es soberanía, y, que la Constitución no tiene límites materiales para su revisión, si esa fuera la voluntad política nacional, pero, su reforma, solo cabe hacerse dentro del marco de los procedimientos vigentes establecidos para tal fin, y, en consecuencia, no puede modificarse unilateralmente por vía de reforma de Estatutos de Comunidad, por leyes de sus Asambleas, por referendos o elecciones autonómicas, en base a un pretendido derecho a decidir, en el que solo se pronunciaría una parte del pueblo español, pero no el pueblo español en su conjunto, como sujeto único que es de la soberanía nacional. El poder constituyente original, reside exclusivamente en el pueblo español.

Se comprende pues, que, con el actual orden constitucional, una ley que declarase unilateralmente la independencia de cualquier territorio y pueblo de los que componen España, sería nula, por ser inconstitucional; también, por contravenir cualquier otro canon de validez constitucional, sería nula de pleno derecho. He aquí, en este momento, la importancia del control constitucional, por un Tribunal Constitucional, de las leyes en sentido estricto, confrontadas con la Constitución, norma fundamental y básica del orden jurídico vigente, que estabiliza con su sistema de principios constitucionales.

El Tribunal Constitucional (tan denostado por los nacionalistas), integrado por personas versadas en derecho, es el tribunal superior que juzga en materia de garantías constitucionales. Es un órgano constitucional con jurisdicción en todo el territorio español, independiente de otros órganos constitucionales, con competencias propias y funciones directamente atribuidas por la Constitución, imposibilitado de actuar de oficio y con carácter vinculante de sus resoluciones. No es, pues, un órgano administrativo, ni consultivo, ni un poder constituyente, ni una tercera cámara legislativa, sino un tribunal de justicia constitucional, que no forma parte del Poder Judicial y que, en su actividad, hace una interpretación y aplicación jurídica de la Constitución, en función protectora de su sistema de valores y de su orden político.

La justicia constitucional es importante para dar plenitud al Estado de Derecho, que descansa precisamente en el principio de la primacía de la Constitución, como ley de leyes, como ley superior, sobre el resto del ordenamiento jurídico. La misión de la jurisdicción constitucional consiste, primordialmente, en el control de normas de ley o con fuerza de ley, y de resolución de conflictos territoriales, y también en ser un tribunal de amparo, otorgando tutela subjetiva ante toda vulneración de derechos y libertades fundamentales, y, en esa actividad de aplicación jurisdiccional de la Constitución, la justicia constitucional, con enfoque jurídico, tiene la responsabilidad última de defender la ley suprema, de cuidar y defender el orden constitucional de valores del sistema jurídico-político que diseña la propia Constitución, perfeccionando la vigencia del Estado de Derecho, y garantizando la efectiva vinculación a la Constitución de todos los poderes públicos.


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Villarín



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MensajePublicado: Mie Oct 07, 2015 5:56 pm    T�tulo del mensaje: Responder citando

“De aquellos que dicen ser gallegos, catalanes, vascos…
antes que españoles, desconfiad siempre;
suelen ser españoles incompletos, insuficientes
de quienes nada grande puede esperarse” (Antonio Machado)

"Estos nacionalistas son unos chalaos,
no quieren que seamos españoles cuando
es lo que hemos sido toda la vida” (Josep Pla)

LOS LÍMITES ELECTORALES DE LA RAUXA

La propaganda separatista fue intensa y emotiva en Cataluña, en la campaña electoral del 27 S, que se celebró envuelta en eterna acusación contra España, que todos los enterados conocen, e institucionalmente con merma de garantía de neutralidad de los poderes públicos catalanes. Los secesionistas, electoralmente no han conseguido diluir la plural Cataluña en su nacionalismo sesgo. El triunfo insuficiente no satisfizo sus anhelos (36,9 sobre el censo). Con su victoria técnica (comicios para elegir el Parlamento autonómico y la posterior creación de un Gobierno para Cataluña), que no política (plebiscito), los nacionalistas, sin ser predominio, siguen queriendo reducir la totalidad de Cataluña a expresión de su voluntad o poder, al considerar ese territorio una especie de feudo privado bajo su batuta, y al margen de España.

España no debe estar en discusión, y no se ha de consentir rebajamientos de su significado. Todo proyecto de reforma constitucional debe ser un proyecto para España, un proyecto común de convivencia, procurando el mejor autogobierno posible de sus pueblos, sin que ello nos aboque al desengaño o, a erosionar la soberanía nacional. La unidad y la soberanía son patrimonio común de todo el pueblo español. Por tanto, de los catalanes y demás españoles.

No se puede participar en ningún dialogo que quiera quebrar el marco constitucional y deshacer España. Bien sabido es que la democracia solo es operativa en el marco del Estado de Derecho y de la Constitución, que es pacto de convivencia y de igualdad en derechos fundamentales. No existe más libertad política que la vinculada a la Constitución, a sus principios y valores. Y como se ha dicho muchas veces, el derecho de una parte de un Estado a separarse libremente no existe en parte alguna. Lo único que puedo desear, es que España no se deje vencer por los que no la aprecian o la niegan.


Ultima edici�n por Villarín el Vie Mar 01, 2019 5:53 pm; editado 1 vez
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Villarín



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MensajePublicado: Mie Nov 04, 2015 8:07 pm    T�tulo del mensaje: Responder citando

LOS SUEÑOS, SUEÑOS SON

El libro de los Proverbios -16,18- dice que la soberbia es el heraldo de la ruina y que la altivez lo es de la caída.

Los nacionalistas hiperactivos y huidizos, nunca cordiales con España, viven de generar conflicto permanente con el Estado y de la ponzoñosa hispanofobia; pero, por ahí van mal, enfrascados en continuos forcejeos y trallazos. La España actual, de patriotismo integrador, no se va a dejar maltratar por los separatistas de aldehuela, en su deseo de volatizar el orden jurídico-político, siempre susceptible de enmendarse en lo necesitado de enmienda, según el procedimiento establecido, pero no de voladuras unilaterales y forzosas. Deben a la Nación española y al Estado de Derecho, un actuar leal en el marco constitucional y estatutario vigente, y el acatamiento a la norma fundamental de convivencia y a las resoluciones de su intérprete supremo, el Tribunal Constitucional.

Los separatistas, con sus excesos políticos –pasión desmembradora–, y jurídicamente zarrapastrosos –torpe desdén a las leyes–, no son los mejores espíritus de Cataluña, que, no siendo unívoca la ciudadanía en su manera de ser, de vivir, de hablar, de sentir, la limitan y la enclaustran, con su actos de fuerza y vías de hecho, provocando reacción en contra; y, a más, con el fervor casi místico a su identidad histórica y cultural, se quieren convertir en jueces de la catalanidad, y a todos los que no asumen su desarrollo de ideas los demonizan, porque a su ver no son buenos patriotas los que no están en su redil, de identidad única. No conseguirán reducir a silencio a los discrepantes, que son aquellos que creen que España es su familia nacional.

Los nacionalistas pendencieros, agentes de disolución, con su imaginada superioridad natural, con su criterio superficial de las posibilidades propias, sin los mínimos modales democráticos, menosprecian la ley y la fortaleza de nuestras instituciones, y para evitar grave daño a la democracia en España, espero, deban arrostrar las consecuencias mitigadoras de su algarabía, sometidos a la mansedumbre constitucional y, si es preciso, de otros instrumentos jurídicos de coerción personal que ofrece el Estado de Derecho y que, probablemente, habrán de desplegarse en lo venidero.

Les falta realismo, mesura, y buen sentido a los separatistas. Se acabó el jugueteo y la parlería. No oyen. El Estado de Derecho se gobierna con leyes. Y, en los próximos días, supongo, habrá que decir “prou” a las demasías segregacionistas que pretender manejar a su guisa el destino de España, tarea finalista que es de todos los españoles y decisivo en nuestras vidas. En España mandan los españoles. La jactancia del “tot o res”, como injustificada inmediata posibilidad, será subordinada a la ley estatal, limitadora de tamaña arbitrariedad; en estos momentos, el derecho, en su valor social y aplicación, es tan necesario como el pan y el agua lo son para la vida. Y han de tomar los secesionistas fruto amargo: ni mucho ni poco ni nada en sus pretensiones al margen de la empresa comunal que es España, y de la solidaridad nacional.

Triste es la imagen que da hoy la banda de los separatistas. No quieren saber racionalmente de las cosas. Así pues, llegó el momento de acabar con los excesos: es la hora del derecho y la acción con significación jurídica.


Ultima edici�n por Villarín el Vie Mar 01, 2019 7:14 pm; editado 1 vez
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