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PATER NOSTER

 
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Yosco



Registrado: 14 Abr 2007
Mensajes: 2272
Ubicaci�n: Leioa (Vizcaya)

MensajePublicado: Sab Dic 14, 2024 12:49 am    T�tulo del mensaje: PATER NOSTER Responder citando

Tal vez sea osadía, pero iré dejando aquí -para quien guste y como adelanto- este particular "Pater noster" que formará parte de un próximo y cercano libro. Son 11 poemas. Vamos con el primero:

PATER NOSTER QUI ES IN CAELIS

Hoy miré al cielo. Con los ojos del alba
arrastraban las barcazas los cuerpos sin aliento
a la orilla del mar, almas desmadejadas
en la orfandad de la ilusión
y la esperanza.

Todo era silencio entre rumor de olas
todo muerte y silencio como único canto
de alborada, ese instante vestido de luz y sombras,
y miré al cielo
y miré detrás del cielo
y no te vi.

El sol llenó el azul de la mañana;
pasó el día
como pasa en la calma de las horas
el recuerdo más grave y más hermoso;
mientras, la radio contaba el número de muertos
en las playas.

Llegó también la noche con su cortejo de estrellas,
con sus sombras abrazadas a las sombras
de los sueños ahogados en las costas
que dibujan las aguas.

No te vi,
no te vi

y miré al cielo.

González Alonso
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Villarín



Registrado: 13 Abr 2007
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MensajePublicado: Jue Feb 27, 2025 8:57 pm    T�tulo del mensaje: Responder citando

En pocas líneas…

Tu poema, con temática o motivo claro y metáfora de reiteradas constantes en tu valiosa obra (Dios reducido a la nada esencial y que, en el nivel textual coherente y en la cosmovisión que subyace, conduce a un nihilismo sin esperanza, con rechazo de la eternidad), es un texto lírico inconfundiblemente tuyo, de cuidada elaboración estética, eficaz en su inspirado lenguaje, limpio de todo lo superfluo y donde ninguna palabra es inútil por desconocida, por tanto, asequible para los buenos oídos. Con dicción breve y recortada concisión, de inteligencia crítica y escepticismo radical (“y miré al cielo/y miré detrás del cielo/ y no te vi”), los versos denotan en su corolario, un Pater Noster invisible, inexpresivo, inmóvil, ante el sufrimiento de los hombres y sus desgracias, en los momentos de infortunio de los mortales.

De tu poema me surgen cien pensamientos, y así, circundando el sentido final del poema, apuntaré algo, un ápice de uno, en reducción explicativa, de este modo: refutamos la existencia de Dios, entre otras cosas, basándonos en su no comparecencia en este mundo, cuando todo anda mal por aquí abajo; y, es curioso advertir, en general, que después de la supresión de Dios, de Dios se espere todo, en función terapéutica, como auxiliador mágico de los desventurados, como remedio para que el mundo marche bien en las situaciones de incomparable pesadumbre, en la existencia como drama y en lo trágico existencial que vemos en la experiencia de la vida, en los días de angustia.

Pero es el hombre, es la humanidad, en cuanto tal, la que tiene que salvarse a sí misma, haciéndose cargo de sí, en la realidad social e histórica concreta. El mal en el mundo no proviene sino del hombre y de los condicionantes históricos y políticos. ¿No es la humanidad, el propio hombre, con su libérrima libertad, quien genera la mezquindad o ruindad en la que estamos inmersos y es él quien debe erradicar sus propios males? ¿Es que será, acaso, necesario que el Pater Noster deba intervenir directamente en el ámbito de competencia de la política terrena y decidir, por ejemplo, de propia voluntad, sobre la conveniencia o no de las restricciones migratorias? ¿Por qué hemos de traspasar nuestra propia responsabilidad ad Caelum? El hombre y la mujer no pueden abdicar de su libertad y de su responsabilidad, como exigencia de nuestras vidas.

Y, en fin, escuetamente, algo muy subjetivo, lo sé: a mi manera de sentir, el Pater Noster creo que no vive recluso dentro de sí mismo, esquivo y vuelto de espaldas al exterior y al hombre, sino que está presente y actuante, al menos, de cierto, con pureza de mirada e intención, en los corazones (su lugar natural) de muchas de las personas que, valederos de esperanza, día a día, a cada paso, sin que sobren horas, con valor ético y testimonio de solidaridad, en pie reciben a los emigrantes y/o a los refugiados angustiados al desembarcar de su propia epopeya, o en los puntos de llegada y, luego, cálidamente los acogen y ayudan con actos de caridad, tanto como les es posible. Como reflexión aneja, mucho habría que decir sobre la emigración, pero ahora no deseo ir más lejos.

Sirva esta pequeña reflexión, al hilo de este poema, para decir, una vez más, que la totalidad de tu obra poética, tu entera poesía, está llena de virtudes líricas, desde valor de las palabras (fónico, semántico, connotativo…), al logro estético de los versos, con estilo de bellas formas y eficaz fuerza expresiva, pasando por las entonaciones de las diversas metáforas de tu universo creativo, ricas en intuiciones, con fruto de agradable gozo, como experiencia de lectura poética.

Con la admiración de siempre, un saludo.

Villarín
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Yosco



Registrado: 14 Abr 2007
Mensajes: 2272
Ubicaci�n: Leioa (Vizcaya)

MensajePublicado: Vie Mar 07, 2025 10:00 pm    T�tulo del mensaje: Responder citando

Villarín escribi�:
En pocas líneas…


Pero es el hombre, es la humanidad, en cuanto tal, la que tiene que salvarse a sí misma, haciéndose cargo de sí, en la realidad social e histórica concreta. El mal en el mundo no proviene sino del hombre y de los condicionantes históricos y políticos. ¿No es la humanidad, el propio hombre, con su libérrima libertad, quien genera la mezquindad o ruindad en la que estamos inmersos y es él quien debe erradicar sus propios males? ¿Es que será, acaso, necesario que el Pater Noster deba intervenir directamente en el ámbito de competencia de la política terrena y decidir, por ejemplo, de propia voluntad, sobre la conveniencia o no de las restricciones migratorias? ¿Por qué hemos de traspasar nuestra propia responsabilidad ad Caelum? El hombre y la mujer no pueden abdicar de su libertad y de su responsabilidad, como exigencia de nuestras vidas.



Villarín


Caro amigo Villarín. Todo tu escrito rezuma sensibilidad y cordura, la sensibilidad del poeta y la cordura del jurista que eres. Y te lo agradezco todo.

Pero he querido extraer este párrafo de tu texto porque lo comparto en su esencia, la de la libertad y responsabilidad humanas a las que no podemos -ni debemos- renunciar para ponerlas en manos de nadie (ni de Dios siquiera).

Hace unas fechas del pasado febrero pasé por Los Barrios y La Pola. Me acordé de ti y tus poemas, aquellos que tan bien han sabido captar el aire, el paisaje y la luz de nuestra común tierra. Fue una jornada feliz.

Perdona que no te haya escrito para darte noticia de que este poema, el primero del Pater noster, ya forma parte junto al resto de un nuevo libro titulado "Estancias" (Editorial Vitruvio, 2025) y en el que, acordándome de los mejores amigos, hay un poema que he querido dedicarte a ti. Estuve a punto de pedirte el favor de que escribieras un prólogo para el mismo (que hubiera sido genial), pero me entraron dudas y no quise comprometerte en la empresa de hacer ese trabajo; así que el libro quedó desnudo de palabras introductorias, salvo un breve exordium sin mayor relevancia.

El poema, junto con la copia de esta respuesta (por si no lo lees aquí) te lo enviaré por correo particular. Te estoy muy agradecido por ser como eres; además de buen amigo, un estímulo intelectual para mí que me ayuda a entender muchas cosas y descubrir otras. Un abrazo. ¡Nos vemos en La Pola!
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Villarín



Registrado: 13 Abr 2007
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MensajePublicado: Sab Oct 10, 2026 1:16 am    T�tulo del mensaje: Responder citando

Algo sobre el poema titulado “De la vida, el amor y el conocimiento”, que el poeta Julio González Alonso, con generosa amistad, me dedicó en su libro Estancias, Ediciones Vitruvio, 2025.

Con la pluma y el papel en la mano, me acerco a esta composición y no sé a dónde iré a parar. Como crítico con alpargatas, intentaré interpretar el poema, descifrar su secreto, desvelar la luz de su poesía. El poema está compuesto por cuatro actos: cuatro estrofas en octavas reales (ocho versos endecasílabos con rima consonante ABABABCC). Hoy no me paro a analizar la arquitectura interna del libro Estancias, desglosando cómo se ordenan y distribuyen sus 98 poemas, de lírica cuidada y reflexiva. Del libro comenté en su día el poema Pater Noster, glosa que se puede ver más arriba, de la que para mí Dios no era una entidad remota y distante, sino un amigo cotidiano. Materializando mi pensamiento sobre el poema del encabezamiento, y para ser escueto, se queda en esto:

La primera estrofa penetra de forma introspectiva y existencial en la atmósfera del tiempo psicológico. Al poeta no le interesa el tiempo cronológico o la simple medición del reloj (“horas, días, semanas”), ni la melancolía nostálgica del agrio fracaso (“sueños perdidos”, “esperanzas vanas”). A partir del quinto verso el tiempo se transforma en algo dinámico y abstracto: un “viento” que conecta al individuo con orígenes ancestrales o de la infancia (“edades muy tempranas”); aquí aparece el tiempo como herencia o identidad. Y el cierre es brillante: ese decurso temporal, ese fluir del tiempo mental trae consigo un conocimiento primordial (“el saber”) que define la identidad del poeta (“cuanto creo ser”), además de conectar directamente con la esencia de la condición humana (“y lo que somos”). El tiempo no es algo que pasa fuera de nosotros, sino una corriente interna que nos moldea y nos une a los demás. Una experiencia vivida.

La segunda estrofa
lleva en su núcleo filosófico una guía ética, un eco del pensamiento estoico clásico. La verdadera tragedia de la vida no es morir, no es la triste muerte de la que nadie puede escapar, sino la apatía existencial, el “vivir sin más razón la vida”, sin más finalidad que perseguir “cosas sin valor” (“lisonjas vanas”, “falsos oropeles”), elementos distractores que nos hacen perder la vida en vida, pues “oscurecen nuestro entendimiento”, desperdiciando la existencia y despojando a la vida de su verdadero sentido y de su valor fundamental: el amor. El poeta nos dice que existir no es lo mismo que vivir, y que solo el amor salva a la vida de ser una vida vacía y sin propósito real (“una vida vivida sin amor”). El desenlace de la estrofa sentencia que perseguir la vanidad despoja al ser humano del “cabal conocimiento” (la comprensión profunda de la vida). Y así, una vida que se vive de esa manera, desconectada del amor, carece por completo de valor.

La tercera estrofa reivindica el amor y el conocimiento como los motores esenciales de la existencia humana, constituyendo el verdadero sentido y felicidad de la vida. Hay un entreverado entre el saber y la emoción, el amor. El primer verso señala que la empatía y el reconocimiento mutuo (“mirarse en otros ojos”) otorgan una identidad real al ser humano. “Leer los astrolabios” simboliza el estudio, la ciencia y la comprensión del universo, y “limpiar la cultura y los abrojos” actúa como una metáfora de eliminar los prejuicios, la ignorancia y las dificultades intelectuales que frenan el avance de los sabios.

El uso de los sinónimos “banal” y “baladí” refuerza la idea de que los impulsos amorosos y los besos (“el amor y sus antojos”) no son caprichos superficiales, sino regocijo en la vida, celebración, dicha humana. El conocimiento no es solo intelectual (“astrolabios”, “sabios”), sino profundamente emocional y relacional (“ojos”, “labios”). La gran conclusión existencial y tesis del conjunto, es que “amar es saber”. Amar no es una distracción del entendimiento, sino la forma vital más elevada del saber, aquella que hace que el camino de la vida valga la pena, como el “dulce vino” que alegra el viaje de la existencia.

La cuarta estrofa funciona como la conclusión definitiva de todo el trayecto reflexivo anterior, condensando la filosofía del tiempo, el conocimiento y el amor en una declaración de principios rotunda. En el balance del viaje vital, el poeta extrae la esencia de su experiencia (“Concluyo, pues, al cabo de este tiempo”) para recordarnos que la vida humana no se mide con las reglas del triunfo (“éxito o fracaso”) ni mediante la acumulación material (“la ambición por más cosas tener”). De este modo, advierte que sin amor el espíritu es un inhóspito desierto (“un frío yermo”) y sin el conocimiento la vida es “obscura”, ciega ignorancia encallada en un océano de mediocridades. Finalmente, el último verso une magistralmente el intelecto y el espíritu: “vivir es el saber y es el querer”. Así, existimos para comprender el mundo (saber) y para entregarnos a los demás (querer); logros de bondad inherente, de gozo feliz.

Cuatro estrofas de hondura reflexiva, que en trabazón conforman un poema magnífico, finalizado con una hermosa sentencia. En román paladino, este es el significado que para mí tiene el poema: la vida plena solo se alcanza cuando se conjugan la mente (humanismo cálido) y el corazón (afectos), reglas que miden una vida auténtica, sin falsía, cargada de sentido vivencial.

Siendo consciente de la insuficiencia de mi interpretación, aquí lo dejo. Gracias, querido Julio, por dedicarme este espléndido poema, que se aproxima de lleno a mi sensibilidad y a mi propia experiencia vital.

Villarín

P. D.: Por respeto a los derechos de edición, no reproduzco los versos del poema analizado, pero podéis encontrarlo en las páginas del libro y la editorial citados anteriormente. Os animo a acudir a la obra original para disfrutar del texto completo en su contexto, y os invito a una lectura activa y profunda de cada uno de los poemas que componen este poemario.
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Yosco



Registrado: 14 Abr 2007
Mensajes: 2272
Ubicaci�n: Leioa (Vizcaya)

MensajePublicado: Mie Oct 14, 2026 6:32 pm    T�tulo del mensaje: Responder citando

Villarín escribi�:
Algo sobre el poema titulado “De la vida, el amor y el conocimiento”, que el poeta Julio González Alonso, con generosa amistad, me dedicó en su libro Estancias, Ediciones Vitruvio, 2025.

Con la pluma y el papel en la mano, me acerco a esta composición y no sé a dónde iré a parar. Como crítico con alpargatas, intentaré interpretar el poema, descifrar su secreto, desvelar la luz de su poesía. El poema está compuesto por cuatro actos: cuatro estrofas en octavas reales (ocho versos endecasílabos con rima consonante ABABABCC). Hoy no me paro a analizar la arquitectura interna del libro Estancias, desglosando cómo se ordenan y distribuyen sus 98 poemas, de lírica cuidada y reflexiva. Del libro comenté en su día el poema Pater Noster, glosa que se puede ver más arriba, de la que para mí Dios no era una entidad remota y distante, sino un amigo cotidiano. Materializando mi pensamiento sobre el poema del encabezamiento, y para ser escueto, se queda en esto:

La primera estrofa penetra de forma introspectiva y existencial en la atmósfera del tiempo psicológico. Al poeta no le interesa el tiempo cronológico o la simple medición del reloj (“horas, días, semanas”), ni la melancolía nostálgica del agrio fracaso (“sueños perdidos”, “esperanzas vanas”). A partir del quinto verso el tiempo se transforma en algo dinámico y abstracto: un “viento” que conecta al individuo con orígenes ancestrales o de la infancia (“edades muy tempranas”); aquí aparece el tiempo como herencia o identidad. Y el cierre es brillante: ese decurso temporal, ese fluir del tiempo mental trae consigo un conocimiento primordial (“el saber”) que define la identidad del poeta (“cuanto creo ser”), además de conectar directamente con la esencia de la condición humana (“y lo que somos”). El tiempo no es algo que pasa fuera de nosotros, sino una corriente interna que nos moldea y nos une a los demás. Una experiencia vivida.

La segunda estrofa
lleva en su núcleo filosófico una guía ética, un eco del pensamiento estoico clásico. La verdadera tragedia de la vida no es morir, no es la triste muerte de la que nadie puede escapar, sino la apatía existencial, el “vivir sin más razón la vida”, sin más finalidad que perseguir “cosas sin valor” (“lisonjas vanas”, “falsos oropeles”), elementos distractores que nos hacen perder la vida en vida, pues “oscurecen nuestro entendimiento”, desperdiciando la existencia y despojando a la vida de su verdadero sentido y de su valor fundamental: el amor. El poeta nos dice que existir no es lo mismo que vivir, y que solo el amor salva a la vida de ser una vida vacía y sin propósito real (“una vida vivida sin amor”). El desenlace de la estrofa sentencia que perseguir la vanidad despoja al ser humano del “cabal conocimiento” (la comprensión profunda de la vida). Y así, una vida que se vive de esa manera, desconectada del amor, carece por completo de valor.

La tercera estrofa reivindica el amor y el conocimiento como los motores esenciales de la existencia humana, constituyendo el verdadero sentido y felicidad de la vida. Hay un entreverado entre el saber y la emoción, el amor. El primer verso señala que la empatía y el reconocimiento mutuo (“mirarse en otros ojos”) otorgan una identidad real al ser humano. “Leer los astrolabios” simboliza el estudio, la ciencia y la comprensión del universo, y “limpiar la cultura y los abrojos” actúa como una metáfora de eliminar los prejuicios, la ignorancia y las dificultades intelectuales que frenan el avance de los sabios.

El uso de los sinónimos “banal” y “baladí” refuerza la idea de que los impulsos amorosos y los besos (“el amor y sus antojos”) no son caprichos superficiales, sino regocijo en la vida, celebración, dicha humana. El conocimiento no es solo intelectual (“astrolabios”, “sabios”), sino profundamente emocional y relacional (“ojos”, “labios”). La gran conclusión existencial y tesis del conjunto, es que “amar es saber”. Amar no es una distracción del entendimiento, sino la forma vital más elevada del saber, aquella que hace que el camino de la vida valga la pena, como el “dulce vino” que alegra el viaje de la existencia.

La cuarta estrofa funciona como la conclusión definitiva de todo el trayecto reflexivo anterior, condensando la filosofía del tiempo, el conocimiento y el amor en una declaración de principios rotunda. En el balance del viaje vital, el poeta extrae la esencia de su experiencia (“Concluyo, pues, al cabo de este tiempo”) para recordarnos que la vida humana no se mide con las reglas del triunfo (“éxito o fracaso”) ni mediante la acumulación material (“la ambición por más cosas tener”). De este modo, advierte que sin amor el espíritu es un inhóspito desierto (“un frío yermo”) y sin el conocimiento la vida es “obscura”, ciega ignorancia encallada en un océano de mediocridades. Finalmente, el último verso une magistralmente el intelecto y el espíritu: “vivir es el saber y es el querer”. Así, existimos para comprender el mundo (saber) y para entregarnos a los demás (querer); logros de bondad inherente, de gozo feliz.

Cuatro estrofas de hondura reflexiva, que en trabazón conforman un poema magnífico, finalizado con una hermosa sentencia. En román paladino, este es el significado que para mí tiene el poema: la vida plena solo se alcanza cuando se conjugan la mente (humanismo cálido) y el corazón (afectos), reglas que miden una vida auténtica, sin falsía, cargada de sentido vivencial.

Siendo consciente de la insuficiencia de mi interpretación, aquí lo dejo. Gracias, querido Julio, por dedicarme este espléndido poema, que se aproxima de lleno a mi sensibilidad y a mi propia experiencia vital.

Villarín

P. D.: Por respeto a los derechos de edición, no reproduzco los versos del poema analizado, pero podéis encontrarlo en las páginas del libro y la editorial citados anteriormente. Os animo a acudir a la obra original para disfrutar del texto completo en su contexto, y os invito a una lectura activa y profunda de cada uno de los poemas que componen este poemario.


Amigo Villarín, el exhaustivo y rico examen del poema "De la vida, el amor y el conocimiento" lo explica todo y a mí, como autor, me descubre algunas claves que me pasaron inadvertidas y que con precisión de cirujano sabes extraer y revelar al lector. No tengo gracias suficientes para darte por tan gran trabajo.

Caigo en la cuenta, después de leerte, que la intención primera de ir publicando los poemas del "Pater noster" quedó en suspenso tras el primer poema de la serie que motivó muchas reflexiones tuyas sobre la existencia de Dios o la manera de sentirlo y vivirlo. Bueno, en todo caso, esto tendrá remedio publicando el resto de poemas.

Sobre el poema "De la vida, el amor y el conocimiento" que forma parte del libro "Estancias" (Ed. Vitruvio, 2025) no tuve duda desde el primer momento sobre quién debería ser su destinatario y a quien, en consecuencia, dedicárselo. El carácter reflexivo, la actitud estoica y la propuesta de valores en el marco clásico y solemne de la octava real (estrofas 1 y 3) y la octava italiana o aguda (estrofas 2 y 4) me hacían suponer que quien mejor podría entenderlo eras tú, de ahí la dedicatoria. Me alegra muchísimo que lo hayas acogido con tanto cariño.

Por respeto y prudencia te has abstenido de publicar el poema junto con tu comentario analítico. Creo que el lector agradecerá poder contrastar tus palabras con los versos que las sostienen, y es por eso que lo incluyo aquí junto a mi agradecimiento. Por otro lado, me gustará -si no ves inconveniente- en recoger junto al poema tu comentario y publicarlo en el cuaderno o blog "Lucernarios". Si no te pareciera oportuno, me lo haces saber antes de proceder a su publicación.

DE LA VIDA, EL AMOR Y EL CONOCIMIENTO
(Octavas reales. A Florencio Gutiérrez Peña)

Del tiempo no es el tiempo lo que siento
medido en horas, días y semanas,
ni los sueños perdidos, ya sin cuento
en largos años de esperanzas vanas;
es algo más profundo, como un viento
que sopla desde edades muy tempranas
con el saber que explica los asomos
de cuanto creo ser y lo que somos.

No es la muerte razón para la pena,
sino el vivir sin más razón la vida
lo que nos hace darla por perdida
en cuanto perseguimos sin valor,
lisonjas vanas, falsos oropeles
que así cegando nuestro entendimiento
despojan del cabal conocimiento
a la vida vivida sin amor.

No es banal el mirarse en otros ojos
ni aprender a leer los astrolabios
y limpiar la cultura y los abrojos
que estorban el camino de los sabios;
no es baladí el amor y sus antojos
que en besos se pronuncia en nuestros labios,
pues amar es saber, y el dulce vino
que hace feliz la vida en su camino.

Concluyo, pues, al cabo de este tiempo
que vivir no es el éxito o fracaso,
ni la felicidad se halla en el caso
de la ambición por más cosas tener;
que sin amor hay sólo frío yermo,
obscura vida hay sólo en la ignorancia
y dejo al fin así, aquí constancia:
vivir es el saber y es el querer

González Alonso.

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