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Villarín



Registrado: 13 Abr 2007
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MensajePublicado: Jue Feb 27, 2025 9:13 pm    T�tulo del mensaje: Responder citando

De la mala política (IV)

El pacto de la autoamnistía (Apunte de mi Diario, de 12/06/2024)

La amnistía no es moco de pavo, pero sus promotores quieren que los ciudadanos pasemos por el aro. La amnistía conlleva la no aplicación de la ley en vigor a conductas consideradas delictivas (cualquiera que sea el estado de tramitación del proceso) y las penas quedan sin efecto alguno (si ya hubiere condena), borrándose los antecedentes. El indulto, a diferencia de la amnistía, solo puede otorgarse una vez pronunciada sentencia y no anula los antecedentes penales. La concesión de una amnistía, en la actual circunstancia de tiempo y lugar, es absolutamente improcedente, dado que, en esta España democrática y de Estado de derecho, no existen presos políticos ni exiliados por sus ideas políticas, pues cualquiera puede expresarlas libremente, por lo que, la amnistía no viene a significar un gesto de reconciliación entre españoles, sino, al contrario, un motivo de división, además de resultar una patente de corso para el etnocentrismo separatista. Si hay impunidad para estos enemigos del Estado de derecho, las cosas no pueden ir bien.

Esta amnistía canta mucho, por injusta, pero, al parecer, la ley la concede por nuestro bien colectivo y no, como es evidente, por ser el precio para seguir en la presidencia del Gobierno (…) La cosa es tan burda, que solo se engaña quien quiere ser engañado. La amnistía significa, también, ver a los socialistas plegarse a las exigencias de los delincuentes separatistas, rácanos que siempre trincan. Me domina el desconcierto –en el contexto de la situación política actual– al ver que se acepta con decisión, seguir cediendo y cediendo y cediendo ante los separatistas, que exigen el cielo al contado. Una amnistía ad hoc con el voto de los amnistiados. Esta amnistía no es un instrumento de convivencia, sino de privilegios e inmunidades.

Nadie debería beneficiarse de su propia injusticia, excepcionando la regla de aplicación del derecho. La ley ha de ser una para todos y en su aplicación no ha de haber acepción de personas, pero, a lo que parece, hay diferencias de condición y clase entre los ciudadanos de España, pisoteando así el preeminente principio de igualdad, que solo opera dentro de la legalidad. Con la amnistía la igualdad sufre mermas, al concederse un haz de privilegios exclusivos a determinado grupo de personas, los separatistas. El bien común ha de estar por encima de los sediciosos reaccionarios disruptivos. Un separatismo de disrupción, que, sin ser expresión general, sigue confundiendo una multitud con la opinión pública, y una mayoría de asamblea autonómica con una mayoría social y con el pueblo de Cataluña.

El derecho es una necesidad para la vida social y, su fundamento no se puede apoyar en la voluntad arbitraria del legislador. El preámbulo de la Ley de amnistía, no es para dicho; está redactado con el uso metódico de la mentira, porque el relato es falso. La verdad es coherente. Todos los que no somos invidentes hemos visto con nuestros propios ojos la evidencia del envilecimiento de los separatistas, de sus degeneraciones y sus encrespamientos, en el tiempo que comprende la norma de amnistía. Y ahora, contra toda higiene mental, contra nuestra minerva, contra la jurisdicción de la realidad y de la verdad, algunos políticos nos quieren hacer ver que el cuadrado es redondo y que no actúan por pura necesidad subjetiva de satisfacer sus personales intereses, sino que, el legislador concede la derogación retroactiva de la consideración de unos actos como delitos, movido por el interés superior de España. No es dable aceptar sin protesta esta inmunidad inconcebible, tan desorientada de los intereses objetivos de España, que, obviamente, no consisten en dejar impune graves responsabilidades penales, administrativas y contables, ya juzgadas o aún sin juzgar.

No es presentable a la ciudadanía esa forma de legislar, en flagrante contradicción con lo que los concedentes decían antes de ahora. En la hora que corre, España es una santa. No puedo comprender como España tolera y transige con un separatismo sedicioso, etnocéntrico y reaccionario; y, por ello, miro con verdadero asombro e indignación, que este gobierno para conservarse, con la ayuda de la ley de amnistía y el uso pródigo del erario, se humille ante los separatistas, vivificándolos y vigorizándolos, aceptando su exaltada metafísica y dándoles una inmerecida estatura política; unos separatistas, que no se contentan con poco y desean mucho, en parte, sobre cosas que son decisión de todos los españoles. Hay quienes tienen ojos y no ven. Oídos y no oyen… La democracia es, debe seguir siendo, negación de privilegios, como exigencia normativa. Mi desengaño con este Gobierno es irreconciliable.

La amnistía es inconstitucional por arbitraria, por descalificadora de la Constitución y por la relativización que hace del Estado de derecho (v. gr., arts. 9. 3, 14, 62 i), 117.3, 124 y 155 CE). Una amnistía para comprar votos, por un derrotado en las urnas, es una aberración. Sin embargo, dudo que, el poder corrector del Tribunal Constitucional (TC), vaya a declarar inconstitucional la arbitrariedad del legislador (abuso de la función legislativa), confrontada con la Constitución. Me temo que, la tendencia constitucional o bloque de opinión que denominan progresista, con su mayoría mecánica, reinterpretará la Constitución no para interpretarla mejor y crecer en su comprensión, sino para aprobar (declarar constitucional) por la “ley del encaje” la autoamnistía, sacándose de la manga disquisiciones y sutilezas constitucionales para justificar una determinada interpretación y metodología deferente, laxa y flexible, que agrade a los promotores de la amnistía.

Disfrácese como se quiera, pero esta amnistía no cabe en la Constitución, independientemente de los términos formales (y mendaces) de la motivación para su concesión. Darle la vuelta a la Constitución, hacerla decir lo que no dice, ni quiso decir, es fraude constitucional. Confío que esto no suceda – pese a lo que pienso que sucederá–, pues el TC debe seguir siendo un tribunal protector de la Constitución. Mi único consuelo, cuando escribo esto, es ver que la luna sigue preciosa en el cielo, con su vieja forma de iluminar el mundo...

Villarín
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